El obispo del Chaco, monseñor Gabriel Escobar, participó de esta inauguración, y destacó el hecho de apostar por la educación, a pesar de ser una pequeña población que electoralmente no representa gran caudal de votos para los políticos. “Esto es realmente hacer patria”, sostuvo.
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“Los niños y jóvenes en nuestro país merecen acceder a un buen nivel educativo y, por supuesto, dotar de buena infraestructura a los locales escolares para dicho fin”, dijo el obispo al felicitar a los responsables del municipio por este tipo de inversiones.

Por su parte, el intendente Moisés Recalde, cartista, dijo que el costo de las dos aulas inauguradas en la escuela Sampson Harrison de esta comunidad rural es de G. 515.595.882, recursos pertenecientes al Fondo Nacional de Alimentación Escolar (Fonae), que sustituye al Fonacide.
Resaltó además que siempre los costos de las construcciones se duplican en estas zonas, atendiendo a que todos los materiales deben ser traídos desde la capital del país, distante a casi 800 kilómetros, lo que encarece los precios de los fletes.
El jefe comunal sostuvo nunca se tuvo en cuenta la escasez de población de la comunidad para realizar esta obra y “si miramos todas las carencias y necesidades de las familias del lugar, decidimos apostar por la educación”, refirió.
La tierra propia
La comunidad de San Carlos está asentada en tierras que antiguamente pertenecían a la empresa taninera de Carlos Casado. Se ubica a unos 100 kilómetros del casco urbano de Fuerte Olimpo. En la década de los 80, la población superaba los 3 mil habitantes, quienes se dedicaban en su gran mayoría a la extracción del quebracho desde el interior de los montes chaqueños.

Cuando a finales de los 90 la empresa se declaró en quiebra, esta comunidad, como tantas otras que dependían del rubro del tanino, quedó convertida en pueblo fantasma, produciéndose una gran migración de los pobladores, quienes buscaron otras regiones del país donde asentarse.
Las pocas familias que quedaron en San Carlos era porque no tenían dónde ir, por lo que unos pocos se dedicaron a la cría de ganado en pequeña escala, y el resto sobrevivía de lo que podía. Para peor, la empresa de Carlos Casado procedió a vender las tierras, incluida la misma población.
Los nuevos dueños, ganaderos extranjeros (brasileños y uruguayos), comenzaron a cerrar las propiedades, dejando solo para los pobladores lo que sería el casco central de unas 200 hectáreas, donde sobreviven estas personas en medio de una tremenda precariedad social, atendiendo la falta de trabajo, por sobre todas las cosas.
Hasta la fecha existe una intención de estos productores, dueños de las tierras, de ceder en donación estas 200 hectáreas para estos pobladores, atendiendo a que viven en el lugar desde hace más de 50 años, pero por el momento es solo un deseo, pues las familias siguen sin tener sus respectivos títulos de propiedad.
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Sobre este caso, el jefe comunal nos explicó cómo se realizó la obra en un lugar donde aún no se tiene título de propiedad. Dijo desconocer la situación real y que la construcción se realizó a través del programa de microplanificación del Ministerio de Educación y Ciencias.

Aislamiento
Esta población rural, al igual que otras del distrito de Fuerte Olimpo, de forma permanente suele quedar aislada por la precariedad de los caminos de tierra. A esto se le suma la falta de agua potable para las familias del lugar, quienes consumen agua de tajamar y, cuando llueve, agua de lluvia por varias semanas, dependiendo de la capacidad de los reservorios.
Las más de 150 personas de la comunidad sobreviven de actividades relacionadas a la ganadería, atendiendo a que por los alrededores funcionan grandes establecimientos ganaderos, donde trabajan como peones, aunque no de forma permanente.
Otra de las carencias de estas personas está relacionada con el consumo de agua, porque dependen de las grandes lluvias que puedan llenar los tajamares o reservorios, por lo que, en una temporada de escasez de precipitaciones, son los primeros afectados y se les debe acarrear el vital líquido desde la capital departamental.
