La clase media en América Latina se estanca en 42,8%

Clase media.
Clase media.

El crecimiento de la clase media en América Latina atraviesa una etapa de desaceleración luego de dos décadas de avances impulsados por el auge de las materias primas. De acuerdo con datos del Banco Mundial, a noviembre de 2025, el 42,8% de la población latinoamericana pertenece a la clase media, apenas por encima del 42,3% registrado en 2024.

ABC Negocios conversó con el economista Amílcar Ferreira para analizar las perspectivas de desarrollo de la clase media, motor y amortiguador principal del consumo de bienes y servicios, del flujo de dinero y de la salud económica y estabilidad social del país. A diferencia de la clase alta que ahorra e invierte dinero, la clase media tiene una capacidad de gasto discrecional.

Desarrollo de la clase media.
Desarrollo de la clase media.

El especialista sostiene que la región experimentó su mayor expansión de la clase media durante el denominado boom de commodities entre 2004 y 2014, período en el que el crecimiento económico, los altos precios internacionales y la generación de empleo, permitieron que millones de personas salieran de la pobreza y mejoraran sus ingresos.

“Hubo un crecimiento muy importante de la clase media en ese período. Luego, entre 2014 y 2024, el crecimiento continuó, pero de forma más moderada. A partir de 2024 se observa un estancamiento: la clase media sigue creciendo, pero cada vez menos”, explica Ferreira.

Un techo social difícil de superar

Según el economista, los datos más recientes muestran que la región parece haber alcanzado un techo estructural en la expansión de la clase media. Entre 2021 y 2024, el crecimiento había sido relativamente importante, pero desde 2024 en adelante la tendencia se desacelera.

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“Da la sensación de que se llegó a una meseta. Aumentar la clase media cuesta más porque está directamente ligado a la reducción de la pobreza, y esa pobreza que queda es cada vez más difícil de erradicar”, señala.

Techo social.
Techo social.

Durante el boom de commodities, la pobreza cayó de forma acelerada en la región. Sin embargo, tras el fin de ese ciclo, los avances se volvieron más complejos. El crecimiento económico por sí solo ya no resulta suficiente para seguir reduciendo los indicadores sociales.

Paraguay: de una fuerte reducción de la pobreza al estancamiento

Paraguay refleja con claridad esta dinámica regional. De acuerdo con el análisis de Ferreira, la pobreza en el país alcanzaba el 57% de la población en 2003, para luego descender de manera sostenida hasta ubicarse en torno al 21% o 22% en años recientes.

“No obstante, en el período más actual la pobreza ya no sigue bajando. Se ha nivelado. Eso indica que la pobreza que queda es más estructural”.

Este concepto resulta clave para entender la dificultad de seguir ampliando la clase media. Ferreira explica que ya no se trata solo de generar empleo o crecer económicamente, sino de enfrentar situaciones de alta vulnerabilidad social: educación, salud, empleo de calidad.

“Hay personas que, aun con crecimiento económico, no logran salir de la pobreza. Es una población que enfrenta múltiples carencias y requiere políticas más complejas y focalizadas”, añade.

Clase media y pobreza: dos caras de una misma moneda

La relación entre pobreza y clase media es directa. A medida que la pobreza disminuye, las personas ascienden en la escala de ingresos y pasan a integrar la clase media. Cuando ese proceso se frena, la expansión de la clase media también se estanca.

Según el Banco Mundial, en América Latina la clase media representaba el 38,2% de la población en 2022, y pasó al 42,3% en 2024, lo que implica un aumento de 4,1% en apenas dos años. Sin embargo, ese ritmo no se mantuvo en 2025 con el 42,8%.

En Paraguay, la evolución fue similar, aunque con menor intensidad. “Tuvimos un aumento importante durante el boom de commodities, luego un crecimiento menor y, desde 2023 en adelante, una expansión muy limitada. La curva se aplana”, describe Ferreira.

México y Brasil lideran en la región

El desempeño de la clase media no ha sido homogéneo en América Latina. Según datos del Banco Mundial, México y Brasil lideraron el crecimiento en los últimos años. México registró un aumento del 6,4%, mientras que Brasil alcanzó un 5,5%.

En contraste, los países del Cono Sur mostraron un crecimiento de apenas 1%, el menor de toda América, quedando claramente rezagado frente a las economías más grandes del norte de la región.

“Vemos que al norte le fue mejor que al sur en términos de mejora social”, resume Ferreira.

¿Quiénes son parte de la clase media?

De acuerdo con la metodología del Banco Mundial, se considera clase media a quienes perciben ingresos mensuales a partir de G. 3.876.000. Si se combinan estos datos con cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), el rango superior de la clase media en Paraguay se ubica en torno a G. 8.300.000 mensuales.

“Ese es el segmento que hoy enfrenta mayor presión. Son personas que no son pobres, pero tampoco tienen un margen amplio para absorber shocks económicos”, explica el economista.

¿Paraguay en rojo?

Paraguay figura con un decrecimiento de la clase media, un dato que genera debate. Ferreira aclara que no cuenta con el estudio específico que respalda esa cifra, pero identifica con claridad el principal factor detrás de una eventual caída: la inflación.

“La inflación ha sido un fenómeno global, impulsado por crisis geopolíticas y una fuerte volatilidad en precios clave como combustibles y alimentos”, señala.

Este aumento sostenido del costo de vida golpea con mayor fuerza a los sectores de ingresos bajos y medios, erosionando el poder adquisitivo incluso de quienes mantienen su empleo.

“Una persona puede ganar el mismo salario, pero con inflación pierde capacidad de compra. Eso hace que mucha gente que estaba en la clase media caiga en la pobreza”, explica.

La pérdida de la condición de clase media tiene impactos que van más allá del ingreso. Ferreira destaca que cambia el patrón de consumo, afectando tanto a las familias como al conjunto de la economía.

“Se reduce el consumo de servicios como educación privada, seguros médicos o ciertos bienes. Eso afecta a las empresas proveedoras y, en consecuencia, al empleo”, afirma.

Además, muchas familias recurren al endeudamiento para sostener su nivel de vida, utilizando tarjetas de crédito o préstamos para cubrir gastos básicos, especialmente alimentos.

“Eso genera estrés financiero, menor capacidad de ahorro y mayor vulnerabilidad”, agrega.

Paraguay: crecimiento económico y riesgo social

Paraguay cerró 2025 con un crecimiento económico cercano al 6%, uno de los más altos de la región. Sin embargo, Ferreira advierte que el crecimiento por sí solo no garantiza estabilidad social.

“Si la inflación sigue erosionando los ingresos, una disminución sostenida de la clase media podría afectar el crecimiento futuro”, señala.

También anticipa posibles efectos políticos: “Un sector de la población que pierde su estándar de vida genera intranquilidad social y puede modificar su comportamiento electoral”.

Ante este escenario, el economista subraya la necesidad de políticas públicas más focalizadas, capaces de identificar a los grupos vulnerables antes de que caigan en la pobreza.

“La pandemia mostró lo frágil que es una parte importante de la población. Las ollas populares y la asistencia estatal fueron fundamentales”, recuerda.

Si bien la situación actual no es tan crítica, Ferreira insiste en que la prevención es clave para evitar retrocesos sociales.

Sectores con potencial para expandir la clase media paraguaya

Mirando hacia adelante, Ferreira identifica sectores con capacidad de generar empleo y fortalecer la clase media en el país:

- Comercio, especialmente el comercio de frontera

- Construcción, por su fuerte efecto multiplicador

- Sector forestal, con alto potencial de generación de empleo

“Son sectores intensivos en mano de obra y con capacidad de absorber trabajadores”, afirma. Más allá del corto plazo, Ferreira destaca que la inversión en educación y salud es fundamental para una expansión sostenible de la clase media. “Un capital humano mejor formado puede acceder a empleos de mayor valor agregado y ascender socialmente”, sostiene.

Amílcar Ferreira remarca la necesidad de alinear el sistema educativo con las demandas del mercado laboral, citando el caso del sector maquila, donde muchos cargos de supervisión y gerencia son ocupados por extranjeros por falta de perfiles locales capacitados.

“Una mejor articulación entre el sector público y el privado permitiría formar a las personas en las habilidades que la economía realmente necesita”, sostiene.

Pese a los retrocesos puntuales, Ferreira mantiene una visión moderadamente optimista: “Más allá de caídas en años específicos, la tendencia de largo plazo sigue siendo al aumento de la clase media”.

El desafío, advierte, será evitar que el estancamiento se convierta en retroceso, en un contexto global cada vez más volátil y exigente.