Nuestro país experimenta una transformación en la estructura de su economía. Treinta años atrás era una economía con fuerte dependencia del sector primario (agronegocios y energía) y con un básico proceso industrial en marcha.
Para el 2026 se prevé que el sector servicios marque un ritmo en el crecimiento y la inversión extranjera impulse nuevas estrategias de crecimiento empresarial.
Paraguay avanza en su proceso evolutivo. Los números dan cuenta: el sector primario cayó del 16,1% en la década de los noventa al 11% en 2024; el sector secundario se mantuvo estable en torno al 35% y el sector de servicios dio el salto de 8 puntos.
A esta transformación hay números adicionales que dejan claro el inicio del proceso de transformación de la economía: crecimiento del PIB, control de la inflación, crecimiento exportador, inversiones y reducción de la pobreza.
Sin embargo, no han quedado de lado los problemas estructurales de arrastre que limitan y ponen techo al crecimiento de la economía nacional.
De la fragilidad a la escala global
Treinta años atrás, el panorama era sombrío: una economía pequeña, vulnerable a shocks externos y con una inserción internacional poco sofisticada.
En 1989, las exportaciones apenas superaban los US$ 950 millones, concentradas en materias primas de bajo valor agregado.
Sin embargo, el salto ha sido notable. De un PIB de US$ 4.000 millones en los noventa, el país escaló a los US$ 25.000 millones para 2012, impulsado inicialmente por el sector primario e Itaipú, y cerró en el 2025 sobre los US$45.000 millones, con un crecimiento del 6,6%. Y, según el flamante ministro de Economía, con un déficit fiscal de US$1.047 millones, lo que representa un 2% del PIB, fuera del 1,5% prometido por el Gobierno y según establece el Presupuesto General.
Pero la verdadera noticia hoy no es cuánto crece Paraguay, sino cómo lo hace.
Para el cierre de 2025, el PIB registró una expansión del 6,6% sobre lo estimado y las proyecciones más optimistas del Ministerio de Industria y Comercio (Paraguay 2x) sugieren que la economía podría duplicarse en los próximos años, con ritmos de crecimiento anuales de entre el 6% y el 9% y alcanzar un PIB de más de los US$90.000 millones.
Sector servicios: el nuevo pulso
Si antes el clima dictaba el valor del mercado, hoy el sector servicios marca el ritmo. Este segmento ha dado un salto cualitativo, creciendo 8 puntos porcentuales en su participación económica, mientras que el sector primario descendió.
Áreas como la logística, las finanzas, el turismo y los servicios empresariales no solo empujan el crecimiento, sino que actúan como un puente cuando otros sectores muestran irregularidad. El rubro de servicios a las empresas es uno de los de mayor crecimiento.
La maquila: rompe el techo de cristal
El régimen de maquila es, quizás, el brazo más visible de esta reinvención industrial. En 2025, las exportaciones bajo este régimen superaron los US$ 1.300 millones, y los servicios intangibles representaron US$ 47 millones.
Lo que antes era un sector complementario es hoy un motor central. La diversificación es la palabra mayor, el 83% de los envíos se concentró en los rubros de autopartes, confecciones, aluminio, productos alimenticios y plásticos, mientras que, en menor medida, también se exportaron productos químicos farmacéuticos y alimentos para mascotas.
Brasil sigue siendo el socio principal, pero la mirada paraguaya ya se posa en mercados de extrazona como los Países Bajos y Estados Unidos, buscando reducir la dependencia regional.
El 82% de las manufacturas maquiladoras tuvo como destino al Mercosur. Brasil concentró el 64% de los envíos y Argentina el 16%. Los productos también llegaron a Bolivia, Chile, Uruguay, entre otros destinos.
Se dio el acceso a seis nuevos mercados: Rusia (productos cárnicos), Islas Caimán (químicos), Omán (productos alimenticios), Letonia (madera y manufacturas), Ucrania (autopartes) y Nepal (alimentos para mascotas).
Exportación de conocimiento: próximo gran paso
Paraguay ha comenzado a exportar algo más que granos, carne, energía y cables: conocimiento. Los centros de servicios, el outsourcing y las consultorías están en la mira.
No obstante, este salto tiene un cuello de botella crítico: el talento humano. La demanda de mano de obra calificada presiona los salarios y desafía la capacidad del sistema educativo para proveer técnicos especializados.
Los límites del crecimiento
No todo es optimismo, los resultados dejan alertas claras sobre problemas estructurales de arrastre de varias décadas.
Informalidad: cerca de dos tercios de los ocupados trabaja fuera del sistema formal, sin protección social ni acceso a crédito.
Peso fiscal: existe preocupación por el incremento del gasto corriente, especialmente en salarios estatales y un déficit fiscal del 2% del PIB.
Techo energético: pese a ser un gigante energético, el país demanda un plan para generar energía confiable a largo plazo.
Corrupción: Paraguay se sitúa entre los países más corruptos de Sudamérica, ocupando el puesto 150 de 182 naciones en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025, con 24 puntos sobre 100.
Infraestructura: Se mantiene un brecha que supera los $24.000 millones y falta de concreción en modelos eficientes de Alianzas Público-privadas.
Educación: Desconexión entre
El desafío
Paraguay ha demostrado que puede crecer; ahora debe demostrar que puede sostenerse y, lo más importante, la capacidad de generar estrategia y creatividad de por dónde seguir creciendo en calidad y diversificación.
La transición de una economía de extracción a una de conocimiento exige no solo estabilidad macroeconómica, que el país ya posee, sino una reforma profunda en la calidad del empleo y la educación, infraestructura, transparencia, institucionalidad, innovación y diversificación productiva.






