Productividad, el salto pendiente dentro de las empresas paraguayas

El siguiente salto no dependerá solo de abrir más negocios, incorporar más personal o sumar tecnología, va por el lado de transformar crecimiento en capacidades.
El siguiente salto no dependerá solo de abrir más negocios, incorporar más personal o sumar tecnología, va por el lado de transformar crecimiento en capacidades.master1305

La estabilidad macroeconómica y el dinamismo de ciertos sectores permitieron que muchas compañías crezcan en ventas, empleo o presencia comercial. Sin embargo, el desafío de fondo sigue siendo convertir esa expansión en más valor por trabajador, mejor gestión, innovación útil y procesos capaces de sostener competitividad.

Una empresa puede vender más, contratar más gente o abrir nuevos puntos sin haber dado necesariamente un salto de productividad. Esa diferencia es clave para entender uno de los desafíos estructurales que hoy atraviesa al sector empresarial paraguayo, según mencionan expertos en negocios.

En Paraguay, esa discusión gana peso porque el país ya no puede apoyarse únicamente en estabilidad, costos relativamente bajos o expansión comercial. El próximo salto competitivo exige mirar también hacia dentro de las empresas: cómo forman talento, cómo gestionan, cómo innovan, cómo incorporan tecnología y cómo convierten procesos internos en eficiencia real.

El diagnóstico no implica una crítica lineal al empresariado. La productividad se construye en un entorno donde pesan la informalidad, la estructura empresarial, las brechas de formación, el financiamiento, la infraestructura y la logística. Pero también depende de factores internos: liderazgo, cultura de medición, profesionalización y capacidad de ordenar la operación antes de escalar.

Tal como lo mencionó Ángel de Beitia, arquitecto de Negocios y magíster en Ciencia de Datos, “que una empresa crezca en determinado periodo no significa que sea sostenible en el tiempo”, indicando que precisamente son esos indicadores cíclicos o estacionales los que se deben observar siempre con la mayor sobriedad posible para poder comprender el escenario y proyectar las operaciones a largo plazo.

La productividad se construye hoy en un entorno donde pesan la informalidad, la estructura empresarial, las brechas de formación, el financiamiento, la infraestructura y la logística.
La productividad se construye hoy en un entorno donde pesan la informalidad, la estructura empresarial, las brechas de formación, el financiamiento, la infraestructura y la logística.

Crecer no siempre alcanza

La Encuesta Empresarial 2023 del Banco Mundial (BM) ofrece una fotografía reveladora. Las firmas formales relevadas en Paraguay registraron un crecimiento real anual de ventas de 13,1% y un crecimiento anual del empleo de 6,5%. A primera vista, son señales de dinamismo. Sin embargo, en la misma medición el país exhibió un índice de prácticas de gestión de 48,4 sobre 100, por debajo del promedio regional.

El mismo relevamiento muestra que solo 16,6% de las empresas introdujo un nuevo producto o servicio y 14,2% incorporó una innovación de proceso. Los indicadores comerciales pueden avanzar más rápido que las capacidades internas que deberían sostenerlos.

Ahí aparece la paradoja. Una compañía puede crecer por demanda, por precios, por expansión geográfica o por mayor esfuerzo comercial, pero no necesariamente por una mejora en la forma de producir, administrar, medir o decidir, y cuando eso ocurre, el crecimiento se vuelve más costoso y menos escalable.

Una estructura empresarial con baja escala

El desafío también está condicionado por la composición del tejido empresarial. Según el Ministerio de Industria y Comercio (MIC), las mipymes representan el 98% del ecosistema empresarial paraguayo y generan cerca del 70% del empleo formal. Ese peso obliga a mirar la productividad no solo desde las grandes industrias o empresas exportadoras, sino desde miles de unidades económicas que operan con márgenes ajustados, menor capacidad de inversión y estructuras de gestión todavía en desarrollo.

A ese escenario se suma la informalidad. El Instituto Nacional de Estadística (INE) informó que la ocupación informal fue de 62,5% en 2024, equivalente a unas 1,5 millones de personas. La incidencia fue especialmente elevada en construcción, con 85%; comercio, restaurantes y hoteles, con 66,7%; e industrias manufactureras, con 56,8%.

La informalidad también condiciona las decisiones de las empresas formales. En la citada encuesta del BM, 54,2% de las firmas declaró competir contra empresas no registradas o informales. Esa competencia distorsiona precios, reduce incentivos para invertir en calidad, procesos o capacitación, y empuja a muchas compañías a estrategias defensivas, lo que distorsiona el crecimiento orgánico.

Gestión y liderazgo, el cuello de botella menos visible

Asimismo, uno de los puntos más delicados del debate es que la productividad no depende únicamente de capital, tecnología o mercado. También depende en gran medida de cómo se dirige una empresa, es decir, definir metas, monitorear indicadores, delegar, premiar desempeño, corregir errores y tomar decisiones con información.

Los datos del BM muestran una brecha importante ahí, ya que el índice de prácticas de management de Paraguay fue de 48,4 sobre 100, pero con diferencias por tamaño. En firmas pequeñas llegó a 43,8, mientras que en medianas subió a 55,7. En monitoreo de indicadores, las pequeñas marcaron 29,2 y las medianas 60,3.

Estos números ayudan a entender la discusión sobre un terreno más objetivo. No se trata solo de ver una falta de “cultura empresarial”, sino de observar cuánto se mide, cuánto se profesionaliza y cuánto se corrige de todo eso. Una organización puede tener buenos productos y mercado, pero si no cuenta con información confiable, mandos medios preparados y criterios claros de desempeño, la productividad queda atada al esfuerzo individual más que a un sistema de trabajo.

Cuadro descriptivo sobre los puntos claves y desafíos que atraviesan las empresas en Paraguay actualmente.
Cuadro descriptivo sobre los puntos claves y desafíos que atraviesan las empresas en Paraguay actualmente.

Talento: una brecha que empieza antes de la empresa

Un punto crítico y altamente percibido hoy es la falta de talento, que suele aparecer como una queja recurrente, pero trasciende el plano laboral. El problema no se reduce a la escasez de profesionales; empieza antes, en la calidad de la formación de base, en la Academia, y continúa dentro de las empresas, en la capacidad de capacitar, retener, desarrollar mandos medios y adaptar perfiles a nuevas formas de trabajo.

El brief de pobreza de aprendizaje del BM y la Unesco ubica a Paraguay con 78% de pobreza de aprendizaje y un Índice de Capital Humano de 0,53. En términos simples, un niño nacido hoy alcanzaría apenas 53% de su productividad potencial bajo condiciones plenas de educación y salud. El BM también señala debilidad en habilidades digitales: en 2022, solo 20,8% de los encuestados decía usar internet y herramientas digitales en su lugar de trabajo. Si bien hoy quizás ese porcentaje es superior, aún es insuficiente para el desarrollo necesario a nivel país.

En general, la empresa recibe parte de ese déficit, pero también debe construir capacidades propias; la Encuesta Empresarial 2023 muestra que 36,5% de las firmas ofrece capacitación formal. No obstante, la productividad exige formación interna con sentido operativo, es decir, supervisores capaces, equipos que entiendan indicadores, perfiles técnicos actualizados y trabajadores que puedan usar tecnología para mejorar resultados.

Tecnología e innovación no son atajos

Por otra parte, la tecnología suele presentarse como solución rápida, pero su impacto depende de la madurez de la empresa que la incorpora. De Beitia explica que digitalizar un proceso desordenado puede volverlo más visible, no necesariamente más eficiente. Comprar software, abrir un canal online o automatizar una parte de la operación no garantiza productividad si no existen datos confiables, procesos claros y personas capacitadas para utilizarlos.

La Encuesta de Micro y Pequeñas Empresas 2023, elaborada por el INE y el BM para Asunción y Central, muestra señales mixtas. Entre micro y pequeñas empresas formales, 60,3% realiza ventas en línea o por medios digitales, y 47,0% declara que al menos una persona ocupada usa computadoras. Entre las informales, el uso de computadoras cae a 12,5%. El canal digital se utiliza, pero su profundidad productiva es desigual.

La innovación presenta un desafío similar. Paraguay ocupó el puesto 103 entre 139 economías en el Global Innovation Index 2025 y el puesto 14 entre 21 países de América Latina y el Caribe. El gasto en investigación y desarrollo fue de 0,14% del PIB en 2023, según la serie del BM y el Instituto de Estadística de la Unesco. Además, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) registró en 2024 menos de 15 solicitudes de patentes residentes sobre un total de 381, de acuerdo con datos de la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual (Dinapi).

Eso no significa que no haya empresas innovando, significa que la innovación todavía no funciona como motor sistémico de productividad. Actualmente aparece más como esfuerzo puntual, adopción importada o mejora incremental que como una dinámica acumulativa capaz de transformar sectores enteros.

Procesos, donde se gana o se pierde eficiencia

Antes de hablar de inteligencia artificial, automatización avanzada o transformación digital, muchas empresas todavía tienen margen en prácticas básicas. La productividad se gana o se pierde en inventarios, compras, trazabilidad, tiempos muertos, registros, logística interna, supervisión, atención al cliente y uso de datos para decidir.

La citada encuesta del INE y BM muestra que 97,5% de las micro y pequeñas firmas formales relevadas mantiene registros contables, pero solo 30,7% dispone de una cuenta bancaria para uso de la empresa. Entre las informales, los registros contables bajan a 45% y la cuenta bancaria empresarial a 4,8%. Esa diferencia revela la distancia entre operar con trazabilidad y operar con baja capacidad de medición.

El Banco Mundial vincula prácticas como vender por medios digitales, usar una cuenta bancaria exclusiva, llevar registros financieros y contar con trabajadores que utilizan computadoras, como indicadores de mayores niveles de productividad. Por ende, la productividad no empieza en la tecnología más sofisticada, sino en la disciplina operativa que permite saber qué ocurre dentro del negocio.

El próximo salto competitivo

Bien es sabido que el país tiene estabilidad macroeconómica, sectores dinámicos y empresas que ya compiten en mercados internacionales exigentes. Pero el siguiente salto no dependerá solo de abrir más negocios, incorporar más personal o sumar tecnología, va por el lado de transformar crecimiento en capacidades.

Esa transformación exige una agenda compartida. Del lado empresarial, implica profesionalizar la gestión, medir mejor, formar mandos medios, ordenar procesos, invertir en tecnología con criterio y asumir que la innovación no es un lujo, sino una forma de sostener competitividad. Del lado del entorno, requiere reducir informalidad, mejorar habilidades, facilitar financiamiento, fortalecer infraestructura y crear condiciones para que invertir en productividad tenga retorno.