El reciente informe de la Cámara Paraguaya de Carnes (CPC) confirmó algo que el sector ya intuía: Paraguay produce menos kilogramos de carne por animal del rodeo que sus vecinos del Mercosur. El dato es correcto. Pero constatar la diferencia sirve de poco si no se entienden sus causas y, sobre todo, las oportunidades para revertirla.
Una cadena de eficiencias
La productividad ganadera no depende de un solo eslabón. Es el resultado de un sistema donde cada etapa suma o resta.
En la cría, Paraguay aún tiene margen para mejorar los índices de preñez, destete y supervivencia de los terneros. Cada punto porcentual ganado significa miles de animales más, sin necesidad de sumar una sola vaca al rodeo.
El mayor desafío, sin embargo, está en la recría. Ahí el sistema pierde gran parte de su potencial: muchos terneros destetados atraviesan largos períodos con ganancias de peso bajas, por limitaciones nutricionales que se agravan en invierno o en época de escasez de forraje. El resultado es que los animales llegan más tarde al peso de terminación y permanecen más tiempo dentro del sistema. Se produce menos carne por cabeza y, además, se inmovilizan recursos durante más tiempo.
La nutrición como pilar
La nutrición es uno de los pilares sobre los que debe construirse el próximo salto productivo de la ganadería paraguaya. Hay margen amplio para aumentar las reservas forrajeras, mejorar el manejo de pasturas, incorporar suplementación estratégica y adoptar tecnologías que ya funcionan en numerosos establecimientos del país.
El Chaco representa otra gran oportunidad. La mejora de campos naturales, el manejo racional de los palmares, la implantación de pasturas adaptadas y una gestión más eficiente del agua pueden multiplicar la capacidad productiva sin expandir la superficie ganadera. El potencial está. Falta transformarlo en producción.
La confianza también rinde
Ninguna de estas mejoras ocurre sola: todas exigen inversión importante. Y ahí aparece un factor que rara vez entra en el debate: la productividad también depende de la confianza.
La ganadería construye resultados a lo largo de años. Nadie invierte en genética, pasturas, infraestructura, agua o suplementación sin percibir estabilidad, previsibilidad y reglas claras. El productor necesita confianza para invertir, y acceso a capital de largo plazo, con tasas compatibles con los tiempos biológicos de la producción. El desafío, entonces, no es solo tecnológico: es también económico e institucional.

El faltante que no cierra
Los números de 2025 son elocuentes. Paraguay faenó 2.485.183 cabezas –en frigoríficos y mataderos habilitados por Senacsa–, mientras que la reposición, descontada la mortandad, llegó a 2.186.651 animales. El faltante es de 298.532 cabezas, una consecuencia directa del bajo índice de marcación y de la mortandad persistente.
Mientras esa ecuación no se corrija, el problema seguirá repitiéndose. Ni la retención de vientres alcanzará a compensarlo, si la mortandad de terneros y la falta de preñez continúan restando eficiencia al sistema.
La excelencia es posible
Paraguay ya demostró, en las últimas décadas, que con visión compartida puede alcanzar estándares de excelencia: lo hizo con su sistema sanitario, con la trazabilidad y con la apertura de mercados internacionales. El desafío ahora es trasladar esa misma capacidad de construcción al corazón del sistema productivo.
La discusión no debería plantearse como una elección entre aumentar el stock o producir más por animal. Ambos objetivos son compatibles: una mayor eficiencia reproductiva aumentará naturalmente el rodeo; una recría más eficiente reducirá la edad de faena; una mejor nutrición sumará kilos producidos, y un mayor nivel de inversión acelerará todo el proceso.
Un país que puede más
Paraguay no tiene un problema de recursos naturales ni de productores capaces. Tiene una oportunidad extraordinaria de crecer apoyándose en conocimiento, tecnología y mejores condiciones para invertir. Las herramientas existen. Numerosos establecimientos ya demuestran que es posible producir mucho más: el desafío es que esas experiencias dejen de ser casos aislados y se conviertan en la nueva realidad de toda la ganadería nacional.
Porque la productividad no se decreta, se construye, con mejores sistemas de producción, innovación, inversión, financiamiento adecuado, confianza y una visión estratégica compartida.
Si el sector logra crear esas condiciones, Paraguay no solo producirá más carne por animal del rodeo. Producirá más riqueza, más empleo y más oportunidades para todo el país. Y ese, más que cualquier indicador estadístico, debería ser el verdadero objetivo de la ganadería nacional para la próxima década.
