Un peligro para la institucionalidad

La elección de Víctor Ríos como ministro de la Corte desató varias reflexiones sobre la independencia judicial y el sistema que actualmente se utiliza para la conformación de las ternas. Aunque no existe impedimento constitucional para que un senador participe del proceso de selección para ministro de la Corte, igualmente aparecieron actores que alegaron que ello representaría un desequilibrio de poderes. Unos seis gremios y la Conferencia Episcopal adoptaron dicha postura y rechazaron la candidatura del hoy exsenador.

Mediante comunicados, esos sectores argumentaron que los cargos de la Corte no deben ser llenados por cupos políticos sino por méritos. No obstante, uno de los requisitos para postularse para ministro es ser doctor en derecho ¿Qué más se puede pedir? Actualmente la corte es presidida por una persona que estuvo en el puesto 17 cuando se había postulado y en ese entonces no hubo demasiado escándalo.

Sería bueno reconocer que la Corte es un organismo político y que sus miembros también cuentan con sesgos e intereses. Lo que está mal es engañar a la ciudadanía diciendo que ese espacio es únicamente profesional, jurídico, técnico o algún otro calificativo que haga alusión al purismo ideológico. Ese discurso de la “institucionalidad” muchas veces es utilizado como un argumento político y en ocasiones es empleado por sectores con influencia casi hegemónica en los tres poderes del Estado.

En esta oportunidad la reacción contra Ríos se produjo desde el cartismo, que hoy no posee el control del Senado, donde el liberal logró generar consensos para demostrar que en ese espacio pueden emerger propuestas que vayan a contramano de la dinámica política actual, en la que el ex presidente Horacio Cartes es una de las figuras indiscutibles para los colorados. Todos sabemos que las designaciones parten de acuerdos, la cuestión es definir si sinceramos el proceso o lo intentamos cambiar por un modelo más meritocrático.

Igualmente, el ámbito judicial necesita revisiones como por ejemplo el cupo asegurado que tiene la Iglesia Católica en el Consejo de la Magistratura y en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. En esta última elección para la corte lo que se vio fue una maximización de la figura de Ríos como corruptor del Poder Judicial e incluso como una amenaza hacia la propiedad privada y la familia tradicional paraguaya. También dijeron que su presencia en la Corte brindaría una mala imagen a los inversores extranjeros, a quienes realmente les debe estar preocupando más la creciente influencia del narcotráfico en la política nacional más que la presencia de un exsenador en otro poder del Estado.

diego.diaz@abc.com.py

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