La metáfora del pináculo

En el penúltimo día del 2021, una tormenta arrasó con la estructura protectora de los trabajos de restauración del Palacio de López. Los ventarrones arrancaron las chapas y, como consecuencia, uno de los cuatro pináculos ornamentales de la antigua construcción se vino abajo. Vaya metáfora para resumir la situación en el principal símbolo de poder de nuestro país en el que, en ocasiones, se pergeñan estrategias y alianzas con empresas de dudosa efectividad.

La cultura del “peichante” quedó evidenciada cuando un ventarrón de menos de 50 km/h hizo volar la “estructura protectora” del Palacio en restauración. De acuerdo a los estudiosos, es la segunda vez que esa área de las oficinas de Gobierno sufre la pérdida de su ornamento. Hace 153 años, el bombardeo de acorazados brasileños desde la bahía de Asunción había ocasionado similar daño en el marco de la Guerra de la Triple Alianza. Restaurarlo llevó tiempo y también presupuesto. Pese a que ahora no estamos en “guerra” con ningún país limítrofe, igual seguimos librando batallas que afectan a los paraguayos y paraguayas sin chance de defensa más que el plagueo y la protesta estéril mayormente en redes sociales. Nadie puede prever los estragos de un evento climatológico, pero si tener cuidado para elegir a las empresas con compromiso de calidad y profesionalismo. Hasta hoy, el Estado ha concedido dinero a empresas que a la luz de los hechos nos muestran que solo han ejecutado presupuestos para beneficiar mayormente sus bolsillos concediéndoles licitaciones de manera compulsiva.

Según publicaciones periodísticas, “la obra de refacción fue adjudicada por más de G. 38.000 millones a un consorcio del que forma parte la polémica empresa Engineering, receptora de numerosos contratos públicos que han sido objeto de sospechas de corrupción”.

Este es solo uno de los tantos negocios en los que dicha empresa se ha beneficiado con el dinero del Estado, es decir nuestro dinero. Erogación realizada para trabajos mediocres, vehículos de latrocinio encubierto. Se entiende que no somos un país de huracanes ni torbellinos constantes. Sin embargo en trabajos de esta envergadura de deberían prever imponderables atendiendo proyecciones y cálculos que se supone hacen los ingenieros y arquitectos de una obra en restauración. Para peor, un nuevo pináculo requerirá de otra licitación que conllevará otros millones de guaraníes, erogados a empresas “amigas” y de dudosa efectividad y profesionalismo.

mescurra@abc.com.py

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