Desatinadas expresiones

El ministro de economía del Brasil, Paulo Guedes, se refirió al Paraguay como “prácticamente un estado brasileño”. Nuestra Cancillería, molesta, reaccionó contra tal postura. Desde luego es inadmisible el tratamiento que nos ha dado, pero... y aquí está una vieja cuestión que paso a exponer:

Desde los primeros años de la década del ´70 del siglo pasado, Justo Meza y yo, como reporteros de ABC Color, frecuentábamos las regiones fronterizas de Alto Paraná y Canindeyú. Era en los inicios, o el fortalecimiento, de lo que se dio en llamar “la invasión brasileña”.

Cientos de colonos llegaban diariamente a nuestro país desde el Estado de Paraná y luego de otros estados donde se instalaban las inmobiliarias que ofrecían tierras paraguayas a un precio tentador para los brasileños. Va este ejemplo: Cuando las grandes empresas agrícolas comenzaron a operar, pagaban a los colonos cincuenta mil guaraníes la hectárea. En el Paraguay se ofrecía a tres mil quinientos. Esta diferencia abismal hacía que los colonos entraran a nuestro país con sus tractores, y demás implementos, dispuestos a trabajar, o sea, primero a tumbar los árboles, levantar sus chozas de hule, plantar menta y después soja. Este inicio, siempre trabajoso y que exige sacrificios, al poco tiempo se convertiría en pequeñas poblaciones y finalmente en las prósperas ciudades que hoy se levantan en todas partes.

Pero antes –hasta hoy en gran medida- en esas poblaciones, como es natural, solo se hablaba –se habla- portugués, que después evolucionó a portuñol; solo corría el cruzeiro, entonces la moneda brasileña; se escuchaba y veía las radioemisoras y canales de televisión del vecino país; cuando había elecciones municipales, estaduales o nacionales, los candidatos brasileños hacían su campaña en nuestro país. Había más: Los colonos obtenían préstamos de bancos en el Brasil con aval de sus propiedades en nuestro territorio. Por estos casos, y muchos más, cabía que en nuestros reportajes llamáramos a esas regiones como prolongación del territorio vecino.

Ninguna de las localidades fronterizas difería en nada de las ubicadas en el Brasil.

Las frecuentes publicaciones atrajeron a los medios de comunicación brasileños para informar, corroborar, criticar acerca de los colonos que expresaban su enojo por el trato que recibían de las autoridades judiciales y policiales que les quitaban dinero con cualquier pretexto.

Eran los tiempos de las grandes estafas. Muchos colonos compraban en el Brasil las tierras ampliamente promocionadas allá. Cuando venían aquí se encontraban que la propiedad ya tenía un dueño o dos. Se llegó a designar esta situación como lotes de dos o tres pisos.

Ante los generalizados comentarios por la “invasión”, el gobierno de Stroessner dispuso, para enfrentarla, que los soldados, al retirar sus bajas, recibiesen el título de propiedad de 20 hectáreas y un machete. Pronto malvendían sus tierras a los mismos agricultores brasileños al encontrarse ante la imposibilidad absoluta de limpiar el terreno con tan precario instrumento. Con esta situación, más las oportunidades que encontraron en nuestro país, los agricultores brasileños salieron de la pobreza extrema marcada por la carencia de tierras, o un costo inalcanzable, en varios Estados de su país.

Ahora el ministro de economía del Brasil revive la antigua expresión con algunos matices: Dijo textualmente: “Paraguay se convirtió prácticamente en un estado brasileño con cero impuestos, creció, se enriqueció porque se beneficia exportando a Brasil”. Si el Paraguay exporta algunos productos, es porque el Brasil los necesita. En cuanto a los impuestos, cada país en el marco de su soberanía puede fijarlos según le convenga sin pedir permiso a nadie.

En fin, rechazamos las desatinadas expresiones del ministro brasileño.

alcibiades@abc.com.py

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