Otro crimen mafioso y lo que está por venir

El asesinato del fiscal Marcelo Pecci en Colombia es la confirmación definitiva, por si falta hacía, de la inclusión del Paraguay en el grupo de países que están en la ruta directa del narcotráfico y el lavado de dinero.

Nadie debería sorprenderse. Desde hace años está comprobada la presencia activa de narcotraficantes y “lavadores” en nuestro territorio vinculados a políticos y poderosos grupos de poder en el Paraguay y a organizaciones delictivas de países de la región y de Europa.

En nuestro país se ha asesinado a periodistas con el sello de la mafia. Por recordar a los más notorios Santiago Leguizamón (1991) y Pablo Medina (2014). En el caso de este último, un político, el intendente de Ypehú, Vilmar Neneco Acosta (ANR), fue autor intelectual y salpicó a la diputada Cristina Villalba, colorada cartista, por ser de su equipo político.

Hubo varios asesinatos mafiosos, en la zona fronteriza y también en Asunción. Uno de los más notorios fue el de Jorge Rafaat, jefe de la mafia fronteriza, ultimado en junio de 2016 con armas de calibre .50 utilizados para derribar aviones.

Un senador, Oscar González Daher (ANR-cartista), quien fungía de presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, fue expulsado de su cargo en 2018, tras hacerse públicos audios en los que revelaba un manejo mafioso del Poder Judicial. Su hermano Ramón sigue procesado por supuestos hechos de lavado de dinero y usura, entre otros delitos. Antes de fallecer, Oscar González Daher fue declarado “significativamente corrupto” por el Gobierno de los Estados Unidos, con prohibición de pisar su territorio.

La misma etiqueta recibió de los EE.UU. el diputado cartista Ulises Quintana, involucrado con un grupo de narcotraficantes cuyo jefe, “Cucho” Cabañas, fue grabado mientras le solicitaba al legislador ayuda para liberar dinero de un retén policial.

Hubo también tiroteos entre grupos delictivos mafiosos con víctimas colaterales. La más impactante este año fue Vita Aranda, influencer y esposa de un conocido jugador de fútbol.

Tuvimos un presidente, Horacio Cartes, señalado por publicaciones internacionales como contrabandista de cigarrillos, cuya ruta es la misma que la del narcotráfico. También se lo acusó en Brasil de “asociación criminal” por su estrecha relación con el “supercambista” brasileño Darío Messer, a quien llamaba “hermano del alma” y que está preso en Brasil, por sus delitos.

Más recientemente, el megaoperativo “A Ultranza” contra el lavado de dinero terminó con la carrera política del diputado colorado Juan Carlos Osorio, a quien se escucha en una grabación negociando la compra de drogas. Su colega diputado Erico Galeano (ANR-cartista) zafó de ser echado, pero no de las sospechas por las multimillonarias y sugestivas operaciones de dinero, como un préstamo de US$ 2 millones a Horacio Cartes. Debió renunciar a su pretensión de ser gobernador, pero aspira a ser senador en el próximo periodo, por la protección que le dará el fuero de legislador.

Una exdiputada colorada, Cynthia Tarragó, estuvo hasta hace poco presa en Estados Unidos tras ser pillada cuando se ofrecía a lavar dólares y traficar cocaína en Paraguay. Su oferta revelaba obvias vinculaciones con grupos delictivos capaces de viabilizar el “negocio” en Paraguay.

Estos hechos sucesivos, contados a vuelo de pájaro, nos demuestran que el terrible asesinato del fiscal Pecci en Colombia a manos de la mafia es, tal vez, un eslabón más de cosas peores por venir, que serán inevitables si seguimos cerrando los ojos y elegir a delincuentes como autoridades y luego pretender asustarse o escandalizarse de lo que nosotros contribuimos a que crezca.

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