El departamento del Alto Paraguay vive actualmente una tremenda crisis social, a consecuencia del enfrentamiento político que se registra en la zona. Sobresalen más que nada los intereses personales de los políticos. Este enfrentamiento se percibe en las comunidades, donde las divisiones se dan inclusive entre las familias.
En este oscuro panorama político, que no favorece al desarrollo del departamento, sobresalen las figuras del gobernador José Domingo Adorno, colorado abdista, y la de su correligionaria, la diputada Marlene Ocampos, del sector cartista. Ambos se postulan para ocupar una banca en la Cámara de Diputados, en las próximas elecciones.
La guerra política ocasiona el despido de funcionarios públicos y ataques personales entre los principales contendientes que, lejos de respetar y propiciar el disenso propio de una democracia, ocasionan todo tipo de peleas y conflictos entre las personas.
En este panorama social que se vive en la zona es donde se debe buscar y aplicar la unidad de las personas, para el logro de la paz social, y por supuesto, los representantes de la Iglesia católica del departamento deberían ser los principales gestores de este llamado de nuestro primer cardenal.
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Sin embargo, y de una manera peligrosa, vemos a los religiosos católicos de la región como si estuvieran inclinados solo hacia un sector, al menos sus actos así lo demuestran, inclusive el propio obispo de la zona, monseñor Gabriel Escobar.
Es responsabilidad de los religiosos enseñar a los fieles a vivir en comunión a pesar de las diferencias y así poder demostrar la grandeza, ya que, según nuestro primer cardenal, la Iglesia es casa y escuela que nos invita a caminar juntos, a escucharnos y fomentar la cultura de la solidaridad, y solo así podemos lograr la anhelada “Paz Social”, en el Alto Paraguay.