Hay políticos que ponen toda la voluntad para el crecimiento y desarrollo de su país. Saben la realidad que vive su gente y no se detiene hasta lograr los cambios esperados. Forman equipos excelentes con técnicos preparados y académicos renombrados. Se rodean con personas que tienen principios, ética y moral. Eligen colaboradores cercanos que son patriotas y honestos.
A través de las noticias, vemos las gestiones de los presidentes, ministros, secretarios, parlamentarios, intendentes, concejales y gobernadores. El mundo de la política es muy amplio y se renueva constantemente. En tiempos de campañas proselitistas se visibilizan con más fuerza y conocemos a las autoridades y los candidatos con más facilidad y frecuencia. Es el momento de analizar y estudiar lo que ofrecen y sus trabajos realizados. En realidad, como ciudadanos, con deberes y derechos, los debemos vigilar todo el tiempo. Actuar como contralores siempre.
En una democracia, gobierna la mayoría y quienes ejercen el poder, son nuestros representantes ya que en las urnas hemos depositado en ellos la confianza o el voto. Todos los que eligen la política buscan el poder y desean llegar a las más altas esferas. Quizás se inician con buenas intenciones, pero una vez que consiguen llegar a sus metas, caen en la corrupción y en el descrédito. No todos sucumben, por suerte, a la seducción que ofrece, tener el poder.
No todos los políticos son corruptos. No todos son incapaces o ignorantes. Solo que cuando la corrupción va destruyendo todas las capas sociales, hay que detenerse y poner barreras. Es la hora que debemos mirar dónde está la reserva moral y empezar a seleccionar con buen criterio. Elegir con la cabeza fría, sin fanatismo por los colores o las ideologías. Por lo que estamos mirando, no hay casi figuras rescatables que nos den esperanzas ni confianzas. La mayoría tiene su pasado y su presente oscuro. Y lo peor, aprovechan las campañas, para hablar mal del otro, sin presentar propuestas interesantes y esto no puede continuar así, un espectáculo patético a la vista.
Esto no genera ningún entusiasmo en la gente. Nadie cree en discursos vacíos sin contenido alguno. Nadie confía en políticos corruptos que usan el poder para hacerse ricos y dejarnos pobres, sin educación, sin salud, sin trabajo, sin seguridad, con baja calidad de vida.
Basta de mentirosos y ladrones. Basta de farsantes que se meten en la política para acumular fortuna y repartirse la plata con sus parientes, vecinos, amantes y correligionarios. Basta de sinvergüenzas que gobiernan el país como si fuera una estancia particular. Basta de tantos abusos y atropellos. En muy poco tiempo, caminaremos hacia el cuarto oscuro. Allí tenemos que eliminar estos bandidos que tanto dañaron a nuestro país.
Ojalá, en ese momento actuemos con inteligencia y entendimiento. Con luz, con claridad y consciencia. La política debe ser un oficio noble y admirable. Debe estar regida con moral y buenas costumbres. Ser ejercida con patriotismo y altos valores.
Si la corrupción entra en su terreno, como lo hemos visto, se desvirtúa su esencia y la gente tiene el derecho de desconfiar de sus autoridades. Y esto se va a notar con toda seguridad, en la hora del sufragio. Es el instante decisivo en que el pueblo, es el soberano y el que tiene en sus manos, su futuro y su destino.