Más aún por el hecho de que el grupo económico, a cuyo frente está el expresidente de la República, salió públicamente a anunciar que, vaya paradoja, Horacio Cartes se aparta del grupo Cartes.
Aunque la cúpula de Honor Colorado quiera ver como “traición” o “pichadura” el pedido de una sesión extraordinaria de la directiva para evaluar las consecuencias de las sanciones sobre el manejo administrativo de ese partido, hay una preocupación genuina basada en la realidad concreta.
La lógica lleva a pensar a algunos dirigentes colorados que, así como HC dejó de viajar al exterior “por las dudas” que termine preso también sería prudente, “por si las moscas”, que no firme nada que tenga que ver con administración de dinero, especialmente si se refiere a préstamos con bancos, ante la posibilidad concreta de que les sean negados.
El escenario se presenta muy propicio para quienes gustan de teorías conspiraticias, presentando al Partido Colorado y a Cartes en particular como víctimas de una persecución de alcance internacional. Ese discurso nacionalista y corporativo al que apelan algunos puede tener cierto rédito electoral, pero la realidad puede atropellar cualquier cálculo.
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Varios dirigentes colorados manejan ahora, aunque todavía en voz baja, la versión fundada de que antes de las elecciones del 30 de abril vendrá la anunciada “tercera fase” de las sanciones de los Estados Unidos: los pedidos de extradición.
Si bien eso no significará la inmediata desaparición del escenario público del expresidente Cartes, lo cierto es que despejará cualquier duda sobre la inconveniencia e inviabilidad de que continúe como presidente del Partido Colorado y como actor político mismo.
De producirse esa situación no necesariamente motivará una catástrofe financiera con vistas a las elecciones para la ANR, que tiene otros recursos a los que apelar.
No obstante, abrirá un peligroso vacío de poder, al sacar del escenario al principal sostén político y económico de Honor Colorado, movimiento en el que no hay ningún otro líder de proyección nacional.
Inclusive una victoria electoral del candidato colorado puede no ser el remedio o la solución mágica, por lo ya apuntado sobre la falta de liderazgos nacionales entre toda la dirigencia partidaria actual.
El candidato presidencial Santiago Peña, un novel político con poca experiencia en cuanto al manejo con los dirigentes republicanos, difícilmente pueda lidiar exitosamente con las disputas que se desatarán por el poder.
El mensaje de la dirigencia de la ANR de “ganemos y después veremos qué hacer” puede parecer incierto y poco fiable para el electorado nacional.
Sin embargo, igual puede arrastrar los votos fanáticos y disciplinados de los colorados, si la mayoría ciudadana percibe que las alternativas propuestas no son suficientemente atractivas.