Un antecedente tuvimos en 1998, cuando también los colorados tenían mayoría propia en el Congreso, pero era un escenario muy distinto, convulsionado, en el que la división colorada era más pronunciada que la de ahora.
La mayoría absoluta colorada conseguida en ambas cámaras legislativas, aunque ajustada en el Senado, le permite prescindir de la oposición para llevar adelante sus proyectos y programas.
Muchos piensan que esta preminencia colorada significa que ya no habrá juicios políticos ni expulsiones, al menos de autoridades coloradas, sean municipales, regionales o nacionales.
También auguran que las investigaciones y causas judiciales abiertas contra figuras políticas del Partido Colorado, comenzando por el mismo Horacio Cartes, volverán al “freezer”.
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Es muy probable que poco después de que asuman el poder las nuevas autoridades, representantes colorados ocupen la mayoría de los cargos en el Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, lo cual les dará un gran poder de influencia y presión sobre el Poder Judicial y el Ministerio Público.
Podría pensarse que los colorados utilizarán este poder de manera racional para consolidar la democracia y el respeto a los derechos fundamentales de la ciudadanía.
Sin embargo, una mirada a los actores políticos que ganarán espacio en el Congreso no da mucho margen para esa expectativa.
Es posible inclusive que el presidente electo sea relativamente sincero en sus expresiones pos triunfo electoral. El problema es que él no concentrará todo el poder de decisión.
Hay elementos concretos para suponer que algunos dirigentes colorados tendrán un ánimo revanchista y de persecución contra quienes consideran enemigos políticos.
Existe la posibilidad de que en el Parlamento, específicamente en el Senado, los colorados se dividan para disputar la mesa directiva. Un sector de la ANR puede plantearse que le conviene más negociar con Santiago Peña desde un espacio de poder, como sería el manejo de la Cámara Alta. Sin embargo, en lo que afecte sus intereses o ponga en riesgo sus “negocios”, los colorados se mantendrán seguramente juntos.
Existen también cuestiones que pueden hacer variar bruscamente el escenario político, como la eventual salida de Horacio Cartes, que afectará la gobernabilidad y la administración de Peña.
El escenario que viene recuerda un poco a “la dictadura perfecta” de la que habló Mario Vargas Llosa refiriéndose a la permanencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) por 70 años en el poder en México.
La diferencia es que en el caso del Paraguay actual ya no está de por medio el poder militar y que no existe un copamiento de todos los medios de comunicación importantes por parte del Partido Colorado. Pero sí existe un más o menos oculto y omnipresente poder del crimen organizado.
No obstante, un manejo irracional y arbitrario del poder provocará indudablemente reacciones generalizadas y tendrá consecuencias para quienes crean que ahora todo les está permitido.