Nuestra economía está relativamente bien, pero hay nubarrones en el horizonte: el déficit fiscal, la ineficiente burocracia pública, el descontrolado endeudamiento conspiran contra nuestras posibilidades de integrar a los menos favorecidos entre nosotros a los beneficios del mercado y del consumo.
La corrupción endémica se encuentra empotrada en el sector público y es la principal razón por la que el Estado, los Departamentos, los Municipios, los entes públicos, no solamente presten malos servicios, sino que sean un perverso mecanismo de concentración de la riqueza y de la creciente desigualdad entre nosotros, con ricos cada vez más ricos.
Soy liberal y no comunista, por lo que cuando señalo lo anterior estoy enfatizando que una sociedad bien encaminada no impide la riqueza, pero permite a todos acceder a ella si se esfuerzan. Eso no sucede en nuestro país.
Ninguno de los temas que le señalamos a Santi, en las varias conversaciones que hemos tenido con respecto al impacto negativo que sobre todo lo anterior ejerce el modelo de negocios de Horacio Cartes, su respaldo político, ha dejado de funcionar. Ahora tanto Santi como Horacio tienen una nueva oportunidad de corregir ese modelo y espero, sinceramente, que no la desaprovechen.
Nuestra seguridad pública está amenazada como nunca antes por la consolidación en nuestro país de organizaciones como el “Primer Comando Capital” (PCC), que controla nuestro sistema penitenciario y nuestro espacio aéreo y dirige operaciones de “comercio” que corrompen no sólo nuestro sistema tributario, sino que afectan al funcionamiento de nuestras instituciones y, sobre todo, al derecho de los paraguayos a andar tranquilos por las calles.
Nuestra educación está por los suelos, controlada por la Unión Europea y sus satélites locales, que han impuesto sobre ella un proceso de desinstitucionalización del ministerio de Educación y Ciencias que les ha permitido, desde hace veinticinco años ya, imponer efectivamente sus dogmas y sus programas encaminados a destruir nuestra identidad nacional.
Han logrado que haya ya una generación entera de compatriotas a los que se ha privado del derecho a conocer por qué somos paraguayos, por qué existe nuestro Paraguay y por qué vale la pena que siga existiendo, aunque sea solo, en medio de la marea totalitaria del globalismo.
La misma Unión Europea pretende también, con toda la fuerza de su rampante colonialismo, convertirnos en su “jardín trasero” limitando, con el pretexto de sus dogmas climáticos, nuestro aparato productivo y su capacidad de generar demanda laboral que ayude a nuestros compatriotas a salir de la pobreza.
Santi tiene todo para derrotar con éxito esos desafíos, y muchos otros cuya enunciación constituiría casi un libro. Depende de él.