Presos del Pasado

La politiquería paraguaya sigue estando atornillada a nuestro pasado; las autoridades siguen engrilladas a un pasado muerto que frena el salto del pueblo a la modernidad y a la solidez del estado social y democrático de derecho, consagrado en el artículo uno constitucional. En la antigüedad, y hasta en la actualidad, los pueblos recurren a la fuerza militar para defender su territorio y para conquistar nuevos espacios geográficos, desalojando a sus ocupantes, exterminándolos o esclavizándolos. No es esa nuestra realidad actual.

El proyecto de ley para reclutar a menores de 16 años al servicio militar, con aval de los padres, presentado en diciembre último en la Cámara de Senadores, según los proyectistas colorados, pretende convertir los cuarteles en una especie de “hogar militar” para “capacitar” y fomentar valores” en los jóvenes, mediante la instrucción, no solamente militar, sino también en labores o competencias técnicas, y, fundamentalmente, en los aspectos valorativos de responsabilidad, respeto e integridad. Según esos senadores, “el servicio militar fomenta los valores y buenas costumbres; el alto nivel disciplinario en las actividades cotidianas y la preparación tanto física como mental del individuo logra potenciar sus capacidades y le permiten alcanzar su desarrollo”. Indudablemente, quienes proponen y apoyan ese proyecto legislativo, buscan mantener a los jóvenes como minusválidos mentales, sometidos a los detentadores del poder político y económico, con el consentimiento de los padres.

Por lo dicho, los proyectistas desconocen la realidad castrense en Paraguay, o no hicieron el servicio militar; una cosa es la teoría y otra la realidad práctica. Los valores de integridad, patriotismo, espíritu de cuerpo, disciplina, lealtad, honor, valor, abnegación y profesionalismo han sido teóricamente la principal fortaleza de la profesión militar en el cumplimiento de sus obligaciones institucionales. Pero, lamentablemente, esos valores no son los que caracterizan el quehacer y la conducta personal y profesional de los militares en el Paraguay, desde la dictadura de Alfredo Stroessner, hasta ahora. La partidización colorada de los militares de todas las armas-todos debían estar afiliados a la ANR-, según el slogan de “Gobierno, Ejército y Partido Colorado”. Stroessner detentaba el cargo de “Presidente Honorario de la Junta de Gobierno del Partido Colorado”, quien a pesar de haber fallecido, detenta hasta ahora ese título.

Las fuerzas armadas aún no se adecuaron efectivamente en la realidad paraguaya, en su conformación ética y en la conducta de sus autoridades, al artículo 173 de la Constitución, que expresa: “Las Fuerzas Armadas de la Nación constituyen una institución Nacional que será organizada con carácter permanente, profesional, no deliberante, obediente, subordinada a los poderes del Estado y sujeta a las disposiciones de esta Constitución y de las leyes (…) Los militares en servicio activo ajustarán su desempeño a las leyes y reglamentos, y no podrán afiliarse a partido o a movimiento político alguno, ni realizar ningún tipo de actividad política”; aunque es inobjetable que existen ahora algunos militares profesionales y disciplinados, de reconocida conducta ética, y que son coherentes con los principios y valores del “Movimiento Institucionalista Militar”, constituido en Buenos Aires en 1952, también es notorio que son numerosos los hechos delictivos e inmorales, cometidos por militares en servicio activo desde la vigencia de la Constitución de 1992, que deshonran los valores y principios de esa institución.

La realidad nacional, continental y mundial actual, revela un proceso acelerado de confrontación política, militar y económica; este panorama sociológico demuestra sin duda alguna que en Paraguay la “misión de custodiar la integridad territorial” (Artículo 173 CP) le es imposible en Paraguay desempeñar a las Fuerzas Armadas; lo evidencia el pobre desempeño operativo, estratégico y táctico, enfrentando a los grupos criminales EPP y EML, en cuya persecución las fuerzas armadas, desde el año 2008 hasta ahora, demostraron su inoperancia e inutilidad, con importantes bajas propias y exorbitante costo para el menguado erario público.

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Si el artículo 152 constitucional reconoce la ciudadanía a toda persona de nacionalidad paraguaya natural, recién desde los diez y ocho años de edad, no es jurídicamente válido ni razonable la posibilidad legal de extender el servicio militar desde los 16 años, aunque ello sea con la autorización de los padres, porque en esa edad el paraguayo natural no es todavía un ciudadano.

En cuanto a la mujer militar, el párrafo cuarto del artículo 129 constitucional es claro e indubitable: las mujeres paraguayas “no prestarán servicio militar, sino como auxiliares, en caso de necesidad, durante conflicto armado internacional”; la norma no permite excepción ni extensión del servicio militar mediante una ley. Un país empobrecido por la corrupción generalizada del sector público y del sector privado necesita despertarse, actualizarse y modernizarse para no continuar presos del pasado. Esa lamentable y bochornosa realidad sociológica no se modificará, sino que empeorará, aumentando el gasto militar, mediante la extensión de la edad para incorporarse a las Fuerzas Armadas, porque ello implica necesariamente disminuir el presupuesto estatal destinado a mejorar la educación, la salud, la seguridad social y la seguridad interna de la República. El camino de la paz, no el conflicto armado, es el único que conduce al bienestar de los pueblos.

*Autor del libro “Nueva Política”

jdcm2304@gmail.com