Lino Trinidad

El domingo pasado falleció el profesor Lino Trinidad Sanabria. Su nombre va unido para siempre a nuestro idioma nativo al que estudió, difundió, robusteció amó e hizo amar con enorme dedicación. Lo conocí personalmente en los años ’70 en el fragor de la lucha tenaz entre “científicos” y “tradicionalistas” que pronto derivó en “subversivos” y “stronistas”.

La pelea era, principalmente, por dos letras: la K con sonido de c y q, y la J con sonido de la Y griega. Los stronistas rechazaban la K porque con esta letra “se escribe Kremlin” y cosas así que hoy parecen un “pukara” (para reírse) pero en aquellos tiempos eran peligrosos en el momento en que se politizó la búsqueda de actualizar, dinamizar, facilitar la escritura y lectura del guaraní.

Es sabido que en reiteradas ocasiones hubo poderosos intentos por borrar el guaraní del lenguaje paraguayo. Con este fin, se utilizaron dos principales motivos: 1) El que lo hablaba era guarango, o sea, ordinario, vulgar. Este juego de palabras causó mucho daño, 2) El guaraní entorpece hablar en castellano. Es cierto, entorpece a quien ya es luego torpe.

Incluso desde las altas esferas oficiales se prohibía a determinadas instituciones el uso del guaraní. Aun así, nuestro idioma nativo se encuentra hoy más vivo que nunca gracias a quienes, como Lino Trinidad, se arremangaron hasta los codos para enfrentar la agresión a nuestra identidad nacional. Lino, desde la cátedra, ensayos, poesías, artículos periodísticos, conferencias magistrales, diccionarios, etc, puso su entusiasmo, amor, sabiduría para que, por lo menos, se mire con simpatía al guaraní.

Le recuerdo también a Lino acercándome sus reflexiones para el suplemento cultural de ABC Color. Se preocupaba por la enseñanza del guaraní, también del castellano. Profesor universitario de vasta experiencia, conocía los problemas que obstaculizan el aprendizaje. Muchos de esos artículos, de 10 o 12 años, siguen vigentes.

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No contento con tantas actividades, tradujo en el 2014 “Platero y yo” del poeta y escritor español, Juan Ramón Jiménez.

Decía Borges que la primera lectura del Quijote lo había hecho en inglés. Cuando leyó en castellano, le pareció una mala traducción. Sin la ironía ingeniosa del maestro, la traducción de Lino al guaraní no es mejor que el original pero lo empareja. Sensible poeta, el traductor mantiene el encanto, la ilusión, el cariño del adolescente que jugaba con Platero, el burro “peludo y mimoso” que uno quiere tenerlo como mascota. Este libro, que se publicó en 1914, influyó en el jurado para conceder al autor el Premio Nobel en 1956.

Lino tradujo también, entre otros varios temas, la Constitución Nacional de 1992 en la que tuvo una activa participación para lograr –como se logró- que el guaraní fuese reconocido como idioma oficial (Art. 140) junto con el castellano. En la anterior Constitución –la de 1967- se reconoció el guaraní como idioma nacional; el castellano, idioma oficial.

Las traducciones al guaraní de obras universales y documentos nacionales importantes, testifican que en nuestro idioma nativo caben todas las expresiones. A más del trabajo de Lino Trinidad, tenemos los de Félix de Guarania (Don Quijote, Martin Fierro, etc.); La Familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela (Pascual Duarte Rekovekue) Rudy Torga, 2021; Pedro Páramo, de Juan Rulfo, por Susy Delgado, finales de 2024. Cabe agregar “Kalaíto Pombero”, de Tadeo Zarratea, la primera novela enteramente escrita en guaraní. Y está la copiosa poesía que reafirma no solo la vigencia sino el vigor, la plasticidad, la riqueza de vocabulario y todo aquello que despertó el interés de los estudiosos.

En su “Elogio de la lengua guaraní”, Meliá nos conduce al interior de la belleza de nuestro idioma que Lino Trinidad supo transmitirnos con sus muchos y valiosos trabajos.

alcibiades@abc.com.py