Sin embargo, su despedida fue casi épica, con una caravana conformada con una gran bandera, casi un centenar de gente, varios yéndose a pie y otros en decenas de motos; también en las redes sociales pululaban mensajes y frases como “Vuela alto, Pingüi”, como si se tratara de un héroe caído en cumplimiento del deber. Cabe resaltar además que otros comentarios eran criticando la situación y preguntándose cómo un hombre así podría estar libre.
Ahí empieza el problema. “Pingüi” no murió salvando a nadie, sino robando. Aun así, fue despedido como un héroe, mientras que la víctima real, un hombre trabajador de 70 años, murió defendiendo su propiedad y quedó casi en segundo plano. Otra vez, el delincuente se robó la escena en los medios de comunicación y las redes sociales.
Pingüi tenía seis órdenes de captura por homicidio doloso, robo agravado, tentativa de homicidio, entre ellos el disparo contra una niña de seis años; también era sindicado de asaltos a conductores de plataforma Bolt, y una lista larga que no entra en este comentario. A pesar de todo eso, estaba libre para asaltar a su antojo y disparar a quien sea. Este criminal seguía libre, hasta que un tiroteo puso punto final a su historial.
¿Quién falló? Falló la Justicia, el Ministerio Público y un sistema que encierra a miles de personas sin condena, pero que a criminales con frondosos antecedentes les da prisión domiciliaria, medidas alternativas y terceras, cuartas y sextas oportunidades.
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En enero del año pasado, Pingüi baleó a una niña. Posteriormente, un comisario grabó su recaptura porque estaba violando su prisión domiciliaria y paseándose tranquilo por el Bañado Sur. ¿Qué más hacía falta para que Pingüi ya deje de instalar terror?
Decir que Pingüi “vuela alto” es un error y una gran mentira. No vuela alto él, ni vuela alto nuestra propia justicia. Lo que vuela, cada vez más alto, es la impunidad selectiva y la corrupción. Todo esto sucede mientras que el propio comandante de la Policía Nacional minimiza la inseguridad en el país, sostiene que es un fenómeno “cíclico” y tiene el atrevimiento de decir que Paraguay es uno de los más seguros de la región. Mientras sigamos romantizando al delincuente y normalizando que el sistema falle para el mismo lado, la pregunta va a seguir siendo la misma: ¿hasta cuándo vamos a seguir así?
jose.peralta@abc.com.py