La puja está entre el cartismo –defensor de la reforma– y los docentes, varios de cuyos directivos juegan su propio partido. El cartismo en el gobierno no puede eludir la reforma. Tiene apremios. Uno, interno: se acaba la plata; otro, externo: la presión del FMI para seguir accediendo a créditos.
Silvio Piris, sempiterno presidente de la Federación de Educadores, quien goza de un ingreso de 47 millones al mes (¡haihuepéte!), denostó al vicepresidente Pedro Alliana, a quien trató de “mero bachiller” y de actuar contra los docentes. Uno tiende a escucharlo: Alliana, candidato de HC para presidente 2028, despierta la tentación de exclamar como las abuelas: “¡Dios nos guarde!”. Pero Piris intervino en esta coyuntura mirando más lejos. Piris es operador de Arnoldo Wiens, competidor de Alliana en la candidatura colorada. Los colorados están en todas.
Haciendo de nuevo foco en la Caja Fiscal, hay ciertos aspectos que habría que apuntar en la discusión.
El Paraguay tiene algo más que 6.100.000 habitantes (censo 2022). De esos, solo unos 161.000 están jubilados o pensionados en las ocho cajas existentes. La cobertura social en nuestro país es mínima. La gran mayoría de los paraguayos no tenemos o no tendremos el amparo de unos haberes jubilatorios en la vejez. En cierto sentido, este es un drama social. Quizá uno de los mayores dramas.
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Es imperioso que los trabajadores, hombres y mujeres –en este caso los docentes–, pugnen por una jubilación digna que los resguarde de la humillación que podrían soportar quienes ya sin fuerzas en sus últimos años pasen a depender de otros para vivir con la cobertura esencial.
La Caja Fiscal, que se busca reformar hoy, tiene 74.330 jubilados y 233.892 asegurados, según el Boletín Estadístico de Seguridad Social 2024. Del total de la población del país, unos 3.600.000 individuos están en edad plena de trabajar. Muchos lo hacen o lo harán sin cobertura social alguna.
El debate sobre las cajas y las jubilaciones debiera de contemplar también la (mala) suerte de los aproximadamente 4 millones de paraguayos que llegan o llegarán a la vejez en el total desamparo, en muchos casos. La pensión para los adultos mayores es solo un escuálido paliativo.
Gran parte de la ciudadanía no tiene jubilación. Y debe cubrir, con los impuestos indirectos que paga, los faltantes en las cajas deficitarias.
Aquí, su mayoría le juega en contra a HC: la consecuencia de su decisión será de su entera responsabilidad. Y le puede costar caro. Pero más caro nos costará a la ciudadanía, que los recursos sigan evaporándose en pérdidas que canibalizan el esfuerzo de quienes no tienen jubilación.
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