“…con respecto a todos vosotros (…) vuestra fe se divulga por todo el mundo. (…) Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma” (Rom 1:8-17).
Esta anécdota del cristianismo sirve para mostrar que lo que ocurre en Estados Unidos hoy, “se divulga por todo el mundo”, nos impacta a todos.
La Corte Suprema de Estados Unidos declaró el pasado viernes, 20 de febrero, que es inconstitucional el uso que dio Donald Trump a la ley IEEPA de tarifas.
IEEPA, la “ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional” de 1977, otorga autoridad al presidente sobre el comercio exterior por amenazas externas.
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Jimmy Carter la aplicó a Irán, durante la crisis de los rehenes; Ronald Reagan, a Nicaragua, Sudáfrica, Libia y Panamá; Bush padre, a Irak; Bill Clinton, a organizaciones terroristas, narcotraficantes extranjeros y a Irán y Sudán; Bush hijo, a organizaciones terroristas y sus apoyos, y Barack Obama, contra hackers.
El fallo declara que unos 133.000 millones de dólares recaudados por Trump vía IEEPA, principalmente por importaciones de México, Canadá y China, no tienen soporte constitucional, pero no ordenó reembolsos, dejando eso en manos de tribunales inferiores. No derogó, pues, directamente, las tarifas vigentes por ella, ni afecta en lo más mínimo a las impuestas vía otras leyes.
El 5 de diciembre de 1791 el entonces secretario del Tesoro de EE.UU., Alexander Hamilton, remitió al Congreso un “Reporte sobre manufacturas” para promover la independencia económica del país por la vía del desarrollo industrial mediante la aplicación de aranceles a productos importados, cuyo resultado debía aplicarse a reducir riesgos iniciales de los emprendedores norteamericanos, a promover la inmigración de trabajadores especializados, a incentivar nuevas tecnologías y maquinaria, especialmente equipo militar.
Ese es el programa de Trump, es la explicación de sus acciones y no hay que ser premio Nobel para entender que eso es exacta y literalmente lo contrario de lo que propone el globalismo del Foro Económico Mundial y su brazo armado, la Unión Europea, sintetizado por Francis Fukuyama en 1992 en “El fin de la Historia y el último hombre”, en su capítulo 8, pero no únicamente en él, sobre la integración global, que implica reducir aranceles.
Los globalistas pretenden que el mundo crea que el fallo de la Corte tiene el alcance de destruir el programa de Trump. Pero no lo hace, ni directa ni indirectamente, pues deja confirmadas la ley de Aranceles de 1930, la de Expansión Comercial de 1962 y la de Comercio de 1974, además de la propia IEEPA bajo procedimientos distintos.
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