Durante la lectura parcial de la sentencia los magistrados expusieron los motivos por los que el actual parlamentario era condenado. Destacaron su vínculo con el cartel de la droga que cayó con la operación A Ultranza. Si alguno de ellos se pudo tomar el tiempo de oírlo, habría que contarles que no hay mucho que agregar. El mismo sentenciado, Erico Galeano, tuvo que pedir disculpas sobre el final del juicio por amenazar a una escribana, testigo clave del caso, aunque dijo que solamente le reclamó con vehemencia.
Uno de los jueces menciona que el condenado no irá a prisión mientras la sentencia no quede firme o mientras que el mismo siga ocupando una banca parlamentaria.
Es ahí donde no queda claro el panorama, los magistrados hablan de la inmunidad del parlamentario. Los congresistas en Paraguay gozan de inmunidad de opinión y de arresto. Es lo que les permite hacer denuncias o dar a conocer sus sospechas en el ejercicio de sus funciones, y además garantiza la independencia de los miembros del Poder Legislativo elegidos por el pueblo. Estas garantías constitucionales, sin embargo, no corren si el legislador fue detenido en flagrancia o si fue desaforado, lo que precisamente ocurrió con Galeano. Una mayoría de dos tercios le sacó sus fueros para que enfrente el juicio oral y público en el que finalmente fue condenado.
Galeano, defendido en un principio por el equipo de Honor Colorado, se apartó del mismo cuando le fueron soltando la mano para no quedar tan manchados. En el momento en que se lo mencionaba por primera vez como parte del esquema narco, la plana mayor del oficialismo lo visitaba. El entonces diputado y senador electo se defendió incluso alegando que era “inimputable” y que tenía “doble fuero” a los que no renunciaría porque todo se trataba de una “persecución política”.
Si Erico Galeano sigue ocupando una banca, básicamente se estaría decretando la prostitución de la inmunidad parlamentaria, que no está siendo utilizada para proteger a alguien que realiza denuncias a favor de los paraguayos desde su curul. En estos momentos es el escudo de una persona que fue condenada a 13 años de prisión por colaborar con un esquema que ayudaba a narcotraficantes. La inmunidad que, si nos permiten el juego de palabras, se vuelve inmunda y nos brinda el panorama claro de quiénes son nuestras autoridades.
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