Rally llegó sin obras

El Gobierno Nacional asumió el compromiso del Mundial de Rally con la promesa de que, en contrapartida, quedarían obras como legado en el departamento de Itapúa. Tras el primer año, entendieron el “negocio“; se olvidaron de las obras y se llevan el crédito de un éxito impulsado por la organización y los lugareños.

La retórica en torno a las fechas del Mundial de Rally 2025 en Paraguay evoca elementos reveladores. Se habla siempre de “bellos paisajes”, “la calidez de la gente”, “el mejor público”, “calidad de los tramos” y “buena organización”. Penosamente, nunca se menciona la infraestructura vial y de transporte, una carencia enorme si se piensa en eventos de esta envergadura.

El Mundial de Rally desembarcó en el país con la promesa de una gran “inversión” que quedaría como legado para la región. La segunda edición está a la vuelta de la esquina y todavía no se evidencian avances reales. Las rutas prometidas —Graneros del Sur, ruta 14, Calle H— siguen siendo un sueño inconcluso para las comunidades. Mientras tanto, tanto la organización como los pobladores continúan apostando a ofrecer lo mejor para el evento.

Es innegable que el Rally moviliza un circulante importante de dinero en la región, pero no se lo aprovecha como motor de desarrollo. Dicho de otro modo, volveremos a foja cero si el evento no vuelve a realizarse en Paraguay. El necesario salto de calidad —pensando no solo en eventos mundiales, sino en el bienestar de las comunidades— queda relegado por un año consecutivo. No basta con bacheos que, apenas se retiran las máquinas, vuelven a “adornar” los caminos angostos, sin iluminación, sin pintura, sin banquina y sin señalización.

El sector privado que apuesta a la región no tiene garantías de que este auge temporal se sostenga en el tiempo. Es necesario pensar, en consecuencia, en acciones que generen condiciones ideales para el desarrollo de la zona. En principio, podría tratarse de una actitud recurrente del Gobierno central, olvidar a los territorios del interior. Pero también hay indicios de algo más cínico, haber entendido el negocio. El primer año, con un éxito impulsado por la organización y la gente, y con poca inversión en infraestructura, les mostró cuánto se puede lograr con poco. Aun así, los beneficios vuelven a concentrarse en pocas manos, sin que quede claro quién los capitaliza.

Este segundo año, con mucho menos avance y sin ningún proyecto nuevo para la zona de afectación, se apunta nuevamente al desgaste de la inversión privada local, de los pobladores de cada sector y de la organización. Ellos serán, otra vez, los protagonistas no reconocidos de un posible nuevo éxito. La pregunta que el Gobierno todavía no responde es hasta cuándo pretende cobrar los réditos de un compromiso que no cumplió.

Sergio.gonzalez@abc.com.py