Buena fe

Si alguien nos ofrece un teléfono celular de última generación por unos cien mil o doscientos mil guaraníes, es evidente que hay algo sospechoso en la oferta.

Si el vendedor además se resiste a entregarnos cuando menos algún recibo por la transacción, estamos claramente ante una operación de probable reducción de un objeto robado.

¿Podemos alegar entonces haber sido compradores de buena fe cuando estuvimos ante la clara evidencia de algo irregular?

Esta semana en el juicio a Hernán Rivas, declaró el exdiputado Hugo Ramírez, quien propuso e impulsó la designación de Rivas como representante de la Cámara de Diputados ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.

Ramírez recordó que hubo una reunión de bancada en la que Hernán David Rivas les aseguró que era abogado y que con base en eso conversaron con las demás bancadas para obtener la mayoría que permitiese su designación por el pleno.

“En su momento tomamos la decisión por el principio de buena fe, de lo que él nos había manifestado” alegó, argumentando que no consideraron necesario pedirle el título de abogado, pese a la opinión periodística de que era evidente que no solo Rivas nunca había ejercido como abogado, sino que ni si quiera aparentaba haber realizado estudios de ese tipo.

En la semana también declaró en el juicio, el exrector de la Universidad Sudamericana Euclides Acevedo.

En su declaración testifical, Acevedo, argumentó que firmó el título de Rivas “de buena fe”, aunque alegó que no prestó atención a los espacios en blanco de la documentación académica presentada para acreditar su condición de estudiante.

El certificado de supuestos estudios de Rivas es una pieza de colección digna para su estudio en el Instituto Smithsonian.

El papel, que aguanta todo, registra que Rivas dio exámenes finales de seis asignaturas en un solo día, el 15 de junio de 2015.

Así tenemos que dar por cierto que rindió y aprobó con éxito las materias de Derecho Civil V - Reales, Derecho Procesal Civil II, Filosofía del Derecho, Derecho Procesal Penal II, Ética Jurídica y Social y Técnica Jurídica.

A través de este papel tenemos también que creer que al semestre siguiente este prodigio de las ciencias jurídicas rindió y aprobó otros cinco exámenes finales de otras tantas asignaturas el mismo día, el 15 de diciembre de 2015.

Materias tan diversas como complejas como Juicio Civil, Derecho Procesal Laboral, Derecho Civil VI - Sucesiones, Metroilogía (sic) Científica y Derecho de las Altas Tecnologías, fueron aprobadas con éxito por Rivas, quien según el mismo papel presentó al día siguiente su “Tésis” (sic) sobre la Reelección Presidencial, aunque también en otro papel de la universidad aparece el tema Robo Agravado, quizás más propio para referirnos a la esencia del caso en cuestión.

A los horrores ortográficos ya señalados en este documento académico, deben agregársele palabras como “asginatura”, “custro”, “einco” y “onco”, que además figuran al lado de números diferentes, así aparecen un 3 con “onco”, 2 con “tres”, 1 con “tres” y 3 con “einco”, al igual que dos 4 con la leyenda “custro” al lado.

Como se podrá ver, el certificado es una verdadera pieza de colección para cualquier museo antropológico.

El exdecano de la misma universidad, Óscar Rodríguez Kennedy, le agregó también en pleno juicio un detalle aún más grotesco a la historia, al argumentar que tuvo que firmar el título de Rivas a las apuradas.

“El título lo firmé en mi vehículo, no me bajé” declaró el exdecano, dando paso a que un malicioso oyente de la 730AM agregara rápidamente que eso era lógico porque se trataba de una universidad de garaje.

Ironía al margen, ¿cuántos “doctores” Rivas deambulan por nuestro país ostentando títulos que en realidad son producto del fraude y la corrupción académica?

¿Y cuántos otros “compradores de buena fe” siguen avalando la ficción académica de este aberrante esquema de corrupción que hizo que se multiplicaran las facultades y universidades en nuestro país?

guille@abc.com.py