Ciudad del Este avisó

Concluidas las elecciones municipales, no cabe duda de que los votantes están enviando señales claras que la clase política tradicional no puede ignorar. Pero lo sucedido este domingo en Asunción no es un fenómeno aislado; es la confirmación de un proceso de desgaste que comenzó a incubarse lejos de los despachos de Asunción.

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Soledad Núñez se convirtió en la segunda mujer en alcanzar el sillón municipal de Asunción tras una campaña intensa, cimentada en la alianza “Unidos por Asunción” y un ambicioso plan de gobierno. Pero, sobre todo, su victoria se nutrió del contraste directo con un rival que encarnaba el continuismo de una gestión que dejó a la comuna capitalina sumida en el deterioro institucional y financiero.

Intentar trasladar el prestigio del ámbito deportivo a la gestión pública con la postulación de Camilo Pérez no bastó para tapar la falta de kilometraje y empatía con el hartazgo ciudadano. Por otro lado, la conformación de una Junta Municipal que mantendrá mayoría de la ANR, hace suponer que lo que el colorado rechazó fue una candidatura impuesta desde las cúpulas.

Este hito que hoy celebra la oposición tiene un antecedente insoslayable. En 2019, un joven Miguel Prieto le arrebataba el control de Ciudad del Este al Partido Colorado que mantuvo una hegemonía de más de 60 años. Pero aquel triunfo no fue producto del azar ni de un arrebato individual; requirió tejer alianzas y articular acuerdos con diversos sectores para construir una alternativa competitiva.

En 2021, ya con su propio movimiento “Yo Creo”, Prieto ratificó que el camino de los grandes pactos opositores era la clave para derrotar a las estructuras tradicionales. Soledad Núñez tomó nota de esa lección para replicar la fórmula en la capital, entendiendo que frente a la maquinaria oficialista la fragmentación es derrota segura.

A pesar de que la administración de Prieto se vio posteriormente empañada por denuncias de sus detractores y hoy enfrenta procesos en la Justicia, la semilla sembrada en el Este logró enraizarse. Tanto es así que, en estas mismas elecciones, su sucesor volvió a imponerse con holgura frente a un coloradismo que sigue sin encontrar la fórmula para reconquistar a los esteños.

Lo que ocurrió hace unos años en la segunda ciudad más importante del país fue el primer aviso de una población que aprendió a castigar los abusos de poder y Asunción acaba de ratificar ese mensaje: la hegemonía no es eterna y el voto castigo es una realidad.

A partir de hoy, la vara para Soledad Núñez estará más alta que nunca. Al destronar al oficialismo en Asunción y haber prometido transformaciones radicales, la nueva intendenta debe saber que su gestión estará bajo la lupa implacable de quienes esperarán pacientemente su primer tropiezo para celebrarlo.

No habrá margen para la improvisación ni para las excusas. Le toca estar a la altura del enorme desafío que decidió asumir y demostrar que el cambio propuesto es real y viable.

claudia.pena@abc.com.py