Dios es más que César

Los fariseos se dieron por aludidos con las parábolas que Jesús había contado en los domingos anteriores y le tendieron una trampa con esta pregunta: “¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”.

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Poco antes, lo habían elogiado, afirmando que Él era sincero y que enseñaba con fidelidad el camino de Dios, sin hacer discriminación de personas.

Jesús les contestó: “¡Hipócritas!”, significado de “fariseo”: tova mokõi (doble cara).

La cuestión de fondo es compaginar los derechos del poder civil, representado por la palabra “César”, con los derechos de Dios, sin caer en la hipocresía. En otras palabras, se trata de articular debidamente la dimensión religiosa de nuestra vida con las dimensiones política, social y económica.

El problema surge cuando el César reclama lo que pertenece a Dios, exigiendo la sumisión a sus doctrinas materialistas, sin considerar las exigencias del Evangelio, del bien común y de la justicia distributiva.

“Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” es una expresión fácil de manipular. Esto ocurre cuando se pretende sostener que la fe del ser humano debe manifestarse solamente en el ámbito íntimo o, a lo sumo, expresarse en la sacristía y en el salón parroquial.

Según esta interpretación, eso es lo que “le toca a Dios” y todo lo demás, supuestamente, “es del César”. Así se llega a una situación en la que el poder político favorece a sus compinches, saquea indecentemente las arcas del Estado y margina a los demás, sin ofrecer condiciones dignas de educación, salud, empleo y seguridad.

Sin embargo, la autoridad del César viene de Dios, como lo manifiesta el profeta Isaías al referirse a Ciro, emperador persa. Afirma: “Yo, el Señor, te he llamado por tu nombre, te he dado un título de nobleza, aunque tú no me conocías”. Pero Ciro, y los “emperadores de turno”, deben saber que Dios es el único dueño de toda autoridad.

El texto y su contexto son claros: Dios debe ocupar el primer lugar, y sus mandamientos deben orientar la vida humana. Todo el andamiaje sociopolítico y económico de un pueblo debe estar ordenado de acuerdo con este valor primordial, y nunca al revés.

Podemos decirlo así: el buen cristiano debe ser también un buen ciudadano, pues es imposible ser, al mismo tiempo, un buen cristiano y un ciudadano corrupto, o ser un ciudadano negligente y pretender ser un buen cristiano.

Hoy celebramos el Domingo Mundial de las Misiones: recemos y colaboremos con los misioneros que trabajan en todo el mundo.

Paz y bien

hnojoemar@gmail.com