Cuando se inició el gobierno de Santiago Peña, algunos analistas y políticos decían que una ruptura era cuestión de tiempo, pero otros creían que Peña y Pedro Alliana mantendrían sin fisuras su fidelidad porque ambos le debían políticamente todo a Cartes. Finalmente, tras poco más de tres años de gestión, los primeros tuvieron razón.
Sin embargo, la jugada que hicieron no transformó automáticamente a Peña y Alliana en líderes que antes no eran.
Peña fue apadrinado por Cartes para ser candidato y ganó las elecciones porque era el candidato de Cartes. Ahora que está en el poder, tiene el liderazgo que le da el cargo. Solo eso.
Alliana fue elegido por Cartes sucesor y eso lo instaló en el escenario colorado. Con lo ocurrido ahora, puede decirse que Peña se apropió de la candidatura que construyó Cartes.
La decisión de los gobernadores colorados y de la mayoría de los diputados de seguir con la candidatura de Alliana para el 2028 es una cuestión de cálculo. Dependen del presupuesto público hasta las próximas elecciones.
El manejo del presupuesto público le da una ventaja estratégica a la dupla Peña-Alliana. Pero para llegar al punto que llegaron ahora, se hicieron de enemigos poderosos que harán lo posible por tumbarlos. ¿Tienen ambos la carrocería política para resistir el embate? No parece.
La reunión Cartes-Mario Abdo Benítez, que espantó a muchos, parece solo una cuestión táctica. El acuerdo circunstancial pudo ser actuar coordinadamente sobre cuestiones vinculadas al tema bancario-financiero y eventualmente, en iniciativas políticas para sacar de la carrera a Alliana.
Como en toda guerra, el manejo de la información es clave. Y Cartes seguro tiene información que irá usando a conveniencia.
Habrá más combates en los días y semanas que sigan y las consiguientes polvaredas que, al disiparse, exhibirán muertos y heridos. Como en toda guerra.
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