El poblador nos pedía que la prensa se encargue de realizar la investigación, sin especificar hechos puntuales, más allá de señalar que los concejales, en complicidad con el intendente, una vez más estaban aprobando la ejecución presupuestaria.
Cuando le dijimos que el pueblo debe involucrarse en denunciar este tipo de situaciones, la persona nos pidió que no la mencionemos y que publiquemos el caso de manera anónima. Esta es una situación que ocurre con frecuencia: los pobladores no quieren denunciar los hechos de corrupción de sus autoridades.
El temor o el miedo se debe a que no pueden exigirles nada a sus autoridades, teniendo en cuenta que una gran mayoría de los electores procede a vender sus votos a la hora de elegir a sus representantes. Esto se puede observar durante los comicios electorales, cada vez con mayor frecuencia, cuando las personas pasan por los puestos de comando para recibir incentivos económicos a cambio de direccionar sus votos.
En este panorama de corrupción compartida, lógicamente será difícil exigir transparencia a las autoridades una vez que estas lleguen a ocupar sus respectivos cargos, pues, al no elegir libremente, los electores sienten que no tienen nada que reclamar. Este es el precio de vender la conciencia.
La situación se torna muy difícil para los electores que actuaron de esta manera deshonesta, sobre todo en comunidades pequeñas, donde todos se conocen. Por eso, no se animan a realizar los reclamos pertinentes y mucho menos a pensar en eventuales manifestaciones.
Si bien es cierto que la prensa debe encargarse de investigar los hechos de corrupción en los que esté en juego el dinero público, también es cierto que su labor tendrá mayor peso cuando cuente con el acompañamiento del pueblo, para que las investigaciones lleguen a los órganos contralores y, sobre todo, los culpables reciban las sanciones que se merecen.
En el Alto Paraguay se necesita que las personas controlen el actuar de sus autoridades. Solo así se podrá construir un futuro mejor. De allí la importancia de no vender la conciencia a la hora de elegir a sus representantes.
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