¿No podés dormir bien? Entonces, preparate para estar todo el día “pirevai”

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Estás dando vueltas en la cama, mirás el reloj, decís "tengo que dormirme ya", pasan las horas, no encontrás la postura... ¡Ufff, no puedo dormir! El insomnio es la dificultad para conciliar el sueño y, además, el principal causante del “pirevai”.

Dormir es uno de los placeres de la vida, pero cuando no conseguís conciliar el sueño es difícil que tengas un buen día porque el cansancio y la argelería se apoderan de vos. Un prolongado tiempo sin descansar puede traer consecuencias para la salud, como el estrés, favorecer la diabetes, ocasionar trastornos en la coordinación motriz o, para simplificar, el andar como torpes debido al sueño acumulado.

Hay situaciones puntuales de estrés que pueden provocar insomnio; un ejemplo muy gráfico es que estés estudiando para tu examen de ingreso a la facu. Probablemente llevás varios días durmiendo mal y te pasás horas delante de los libros o de la compu.

Estudiás hasta tarde tomando estimulantes (café, refrescos con cafeína, etc.) hasta que finalmente, entrada la noche, decidís que es hora de acostarse. En cuanto cerrás los ojos, solo ves libros y apuntes. Cuando conseguís liberar tu mente de lo último que habías estado estudiando, entonces pensás que por fin te vas a dormir, pero eso no ocurre.

Comenzás a dar vueltas en la cama hasta mucho más tarde y, finalmente, te vence el sueño. Pero no dormís precisamente bien. La ansiedad sigue en tu mente, la obsesión no te deja descansar, te levantás varias veces a mitad de la noche, soñando con el examen y, al final, no rendís bien por culpa del cansancio que tenés.

Muchos factores influyen para que seas nervioso o insoportable y es evidente que cuando estás sin dormir o tenés descansos incompletos, enfrentás problemas. A veces, sos propenso a tener un trato no grato con los demás y un bajo rendimiento en tus actividades, lo cual va acompañado del infaltable "pirevai".

Algunas noches de desvelo no son pecado cuando la ocasión lo amerita. Seguramente, nadie va a privarse de salir solo para quedarse a dormir. Lo difícil luego de darse el gusto es mantenerse en pie durante el día y sobrellevar las actividades de rutina. Unos segundos te concentrás mucho y sí o sí terminás dormitando en tu pupitre en la facu o sobre el escritorio en tu laburo.

El cuerpo y la mente necesitan descansar del ajetreo cotidiano, es por eso que se debe dormir las horas necesarias: ocho, como mínimo. Si ni siquiera reposás debidamente, es casi imposible que tengas energía suficiente durante todo el día. Nunca viene mal darse una buena siesta para liberarte de toda la tensión acumulada en los brazos de Morfeo.

Por Romina Ferreira (18 años)