El tribunal de sentencia, compuesto por las juezas Nilda Caballero, Liz Sanabria y Diana Aranda, condenó a Gilberto Rubén Parriz a 30 años de prisión por homicidio doloso. El mismo fue hallado culpable del asesinato y abuso sexual de su propia hija de dos años, cometido en un inquilinato de la ciudad de Encarnación, el pasado sábado 24 de agosto de 2024.
La causa fue llevada adelante por la agente fiscal Mónica Martínez Arrúa, del Ministerio Público. Además, la madre, Elena Beatriz Marchaki Esteche, y la abuela de la víctima, Jorgelina Salvadora Esteche fueron condenadas a 22 años de prisión por complicidad.
La segunda jornada del juicio oral se desarrolló esta mañana desde las 10:00, en la sala de juicios de la planta baja de la sede del Palacio de Justicia de la Tercera Circunscripción Judicial, ubicada en Encarnación.
El caso había sido inicialmente investigado por el agente fiscal Rodolfo Colmán, debido a que el cuerpo de la niña fue trasladado hasta Coronel Bogado. Posteriormente, se constató que el abuso sexual que causó la muerte de la infante se produjo en el barrio Santa María de Encarnación, por lo que la carpeta investigativa pasó a la Unidad Penal Nº 1 de la fiscal María del Carmen Palazón. La fiscal fue posteriormente trasladada a Asunción, por lo que la causa terminó en la unidad de la fiscal Mónica Martínez Arrúa.
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El caso juzgado
El horrendo caso fue reportado por personal de blanco del Hospital Distrital de Coronel Bogado, quienes alertaron sobre la llegada de una bebé de un año y cuatro meses sin signos de vida. El cuerpo presentaba lesiones en el cuello y en el área genital, según la inspección preliminar.
La inspección forense determinó que la causa de muerte fue el resultado de un abuso sexual con desenlace fatal. La madre y la abuela habían trasladado el cuerpo sin vida desde Encarnación hasta Coronel Bogado para simular una muerte accidental.
La investigación determinó que un hombre, en aparente complicidad con las mujeres, habría abusado de la bebé. El fiscal Colmán explicó que las mujeres investigadas se dedicaban a ejercer la prostitución en un prostíbulo de Encarnación.
La fiscal Martínez detalló que se pudo comprobar que la niña era víctima de abuso sistemático, y el último episodio fue el más violento y le causó la muerte.
