El expresidente de Colombia, Iván Duque, visitó Paraguay y conversó con ABC sobre la coyuntura política paraguaya, la investigación del asesinato del fiscal Marcelo Pecci en Colombia y los desafíos de la lucha contra el crimen organizado. También evaluó la situación política colombiana y repasó los principales legados de su gestión presidencial (2018-2022).
-En Paraguay, la política atraviesa un momento convulsionado. El partido de gobierno sufrió una ruptura impensable, considerando que Horacio Cartes fue el hombre más poderoso políticamente desde 2012. Fue Presidente. ¿Cómo es dejar el poder? ¿Qué pasa esa noche, cuando uno entrega la banda presidencial, vuelve a su casa y dejan de sonar los teléfonos con la misma intensidad?
-A ver, número uno, yo nunca me obsesioné con el poder. Entonces, eso hace que la transición sea más fácil. Número dos, uno tiene que entender que en la vida hay amigos del puesto y hay amigos de verdad. Entonces, cada día me queda más claro quiénes eran los amigos del puesto y nunca lo he sufrido.
Creo que esa transición para mí fue muy tranquila. Yo siempre creo que, para uno mantenerse joven, hay que tener más proyectos que recuerdos. Entonces, no me he quedado pensando en lo que hice o dejé de hacer, sino en hacer cosas distintas.
Tengo una fundación que trabaja por los jóvenes innovadores sociales en América Latina. Estoy muy activo en las causas ambientales, en las que siempre me he involucrado; lidero el grupo Libertad y Democracia en la región. Adicionalmente, he vuelto a mis actividades privadas, en juntas o como consultor empresarial. Sigo escribiendo cuando queda tiempo y también le dedico tiempo a la música.
Yo creo que uno tiene que entender que el poder es transitorio y que el poder es como la vida: lo más bonito es que se acaba. Por eso, uno tiene que saber dosificar cada cosa que hace y hacerlo con un nivel de satisfacción que le permita dormir sin lamentos, sino con un sentido de satisfacción.
-Usted mencionó a Mario Abdo Benítez y a Horacio Cartes. ¿Cómo interpreta el encuentro entre ambos, teniendo en cuenta las diferencias que mantuvieron durante años?
-Me alegra mucho ver a dos líderes como el presidente Mario Abdo, un hombre joven, vigoroso, visionario, patriota, teniendo una conversación amigable y franca con Horacio Cartes, que ha sido también un líder político indiscutible en Paraguay. Creo que Paraguay no debería tomar esto de manera efímera, sino darse cuenta de que es un gran mensaje político, pero también institucional.
Viendo las cosas desde afuera, ¿qué es lo que más anhelo? Ver a Horacio, a Mario y al presidente Santiago Peña, trabajando por darle una agenda de unidad nacional a este país para los próximos años, para que se consolide como un lugar atractivo para la inversión, de gran potencial y, sobre todo, como uno de los lugares más bonitos y mejor acondicionados para invertir en América Latina.
-Algunos dirigentes criticaron esa fotografía y ese abrazo. Incluso dijeron que Mario Abdo debía hacer una especie de penitencia antes de encontrarse con Cartes. ¿Qué les dice a quienes aseguran que ese acercamiento les dolió?
-Yo te lo digo muy sencillo: en política, a veces la mejor pelea es la que se evita. Creo que uno pierde mucho tiempo encontrando diferencias insalvables cuando, de pronto, son más las cosas que nos unen. Yo creo que uno ve dos generaciones en esa foto. Ve a un líder histórico del partido y a un líder joven, visionario, gerente y con resultados.
No creo que esa foto signifique la claudicación de ninguno en sus ideales, valores o principios. Tampoco creo que sea un trueque. Lo que veo es una oportunidad muy bonita donde, en medio de las diferencias que han sido obvias, hay un criterio de unidad. Y ese criterio de unidad se llama el futuro del Paraguay.
El asesinato de Marcelo Pecci y las responsabilidades pendientes
-El crimen organizado es hoy un tema muy sensible para Paraguay. Usted fue Presidente cuando se produjo el asesinato del fiscal Marcelo Pecci en Colombia. Se avanzó en la identificación de los autores materiales, pero en Paraguay quedó la sensación de que faltaba mucho por esclarecer. ¿Qué pasó y qué quedó pendiente?
-Bueno, primero, es algo que he dicho muchas veces ante los medios paraguayos: fue muy triste que un luchador contra el crimen como Marcelo Pecci hubiera llegado a Colombia sin haber notificado, digamos, pidiendo algún tipo de asistencia en materia de seguridad. Lo digo porque había amenazas creíbles contra él.
Cuando se produjo ese asesinato, nuestra primera reacción fue encontrar a los autores materiales, y logramos capturarlos en menos de 48 horas. Fue una labor impecable de la Policía Nacional y de la Fiscalía General de la Nación de Colombia. El entonces fiscal Francisco Barbosa colaboró también con todas las autoridades paraguayas para entregar la información.
Después aparecieron todas estas informaciones de (Sebastián) Marset y surgieron otros antecedentes y material probatorio con las pesquisas. Creo que nosotros hicimos lo que nos correspondía en ese momento: encontrar a los autores materiales, que a su vez permitieron esclarecer una buena parte del caso.
Ahora esperamos que, a partir de lo que se sepa de Marset, podamos avanzar para conocer, sobre todo en Paraguay, quién dio la orden, por qué se dio y cómo se estructuró un crimen capaz de seguir a un fiscal hasta la costa de Colombia, contratar una red de sicarios e identificarlo plenamente en una playa, a plena luz del día. Eso no se planea en un día, ni en dos, ni siquiera en un mes. Espero que las autoridades paraguayas, con el apoyo de Estados Unidos, que se ha involucrado en esto, puedan darnos resultados.
-¿Cree que con Gustavo Petro (expresidente de Colombia) se trabó parte de la investigación?
-Con Petro se trababa todo, hasta él mismo. Fue un desastre de gestión en todo el sentido de la palabra. Nosotros no tuvimos gobierno durante cuatro años, o era un sainete lo que teníamos. Ahora todo está saliendo a relucir: un gobierno que se dedicó a proteger criminales, que creó un concepto de «paz total» que no era otra cosa que darle protección y guante de seda al crimen organizado, y la forma en que manejó la relación con Nicolás Maduro (expresidente de Venezuela y actualmente recluido en Estados Unidos) y con el crimen transnacional.
Cooperación contra el crimen organizado
-Colombia ha sido un actor importante en la formación de profesionales y en la cooperación en seguridad con Paraguay, junto con Estados Unidos. ¿Cómo impulsó esa colaboración durante su gobierno?
-Apoyamos muchísimo al gobierno del presidente Abdo. Durante mi presidencia trabajamos con la Policía Nacional, con la Dirección de Inteligencia de la Policía Nacional y con el Gaula, que era la unidad antisecuestros. Aquí se le dio muy duro al EPP, con el deseo de desarticular esa red criminal transnacional.
Creo que Paraguay ha avanzado muchísimo en materia de seguridad. Diría que uno de los grandes beneficios ha sido tener una política de Estado consistente. Las fuerzas militares y policiales de Paraguay también se han especializado. Pero en esto uno no puede bajar la guardia, porque el crimen transnacional viene y va, como lo que muchas veces pasa con los tsunamis.
Hay que seguir fortaleciendo la política de seguridad y convertirla en un bien público, en un valor democrático. La seguridad es un mecanismo para garantizar la democracia y la solidez institucional, pero también es un vehículo de equidad, porque quienes más sufren la inseguridad son las personas más vulnerables de nuestra sociedad.
El futuro político de Colombia
-¿Cree que el presidente Abelardo de la Espriella podrá levantar Colombia?
-Creo que está haciendo una tarea muy importante en varios frentes. El primero es devolverle el liderazgo de la seguridad a la Presidencia de la República. Durante los cuatro años de Petro no hubo un liderazgo claro para que la seguridad fuera conducida en favor del pueblo colombiano.
En segundo lugar, creo que De la Espriella ha armado un equipo de gente muy competente en materia de seguridad, muchos de los cuales también trabajaron durante mi gobierno. Cuando la seguridad se maneja con criterios de gerencia, gestión, resultados y planificación, eso ayuda a recuperar el país.
También tiene la tarea de recuperar las finanzas públicas, la salud y la energía, sectores que fueron prácticamente desmoronados por la terquedad y la obsesión ideologizada de Gustavo Petro de ir en contra de todo aquello que requiriera gestión. Veo que el presidente Abelardo está enfocado en lo correcto.
El legado de Iván Duque
-Dentro de 20 años, cuando se hable de su gobierno, ¿qué cree que la gente recordará como su legado?
-Hay muchas cosas. Siempre pienso en lo que decía el escritor José Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mis circunstancias». Hay un legado que nunca pensé que se quedaría tanto en el imaginario colectivo: la gestión durante la pandemia. Muchas personas que se encuentran conmigo me dicen: «Mire, si a nosotros nos hubiera gobernado Petro durante la pandemia, nos hubiéramos muerto todos». La gente reconoce que fue una gestión importante. Ese es un legado indiscutible.
Pero hay tres o cuatro cosas que me hacen sentir muy orgulloso. Una es haber dejado la educación pública universitaria gratuita en Colombia, que es una forma de hacer justicia social y dar oportunidades. La segunda es haber tenido una visión gerencial y ejecutiva de la infraestructura y la vivienda, con un récord en la inauguración de proyectos de infraestructura y más de 800.000 viviendas construidas en cuatro años, incluso durante la pandemia.
Otro legado es la transición energética. Recibí el país con 30 megavatios de energías renovables no convencionales y lo dejé con más de 2.800 megavatios entre proyectos ejecutados, entregados y contratados.
También está la política migratoria fraterna, que permitió acoger a cerca de tres millones de hermanos venezolanos, y haberlo hecho reduciendo el desempleo, la pobreza multidimensional y la informalidad.
Si tuviera que resumirlo, diría que fue un gobierno gerencial, de resultados, decente y que demostró al país que, aun en medio de una pandemia, podíamos lograr niveles muy altos de crecimiento.
Con pandemia, durante 30 de los 48 meses de mi gobierno, el crecimiento promedio de Colombia en el cuatrienio fue superior al del segundo mandato de mi antecesor y al de mi sucesor. No va a ser fácil volver a tener un promedio de crecimiento superior al 3,5% durante cuatro años.
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