Qué cambia con el paso del tiempo en el hombre
El rendimiento sexual masculino está influido por la salud vascular, hormonal, neurológica y psicológica.
La testosterona total tiende a descender de forma lenta y progresiva desde la mediana edad, mientras aumentan condiciones que afectan la función eréctil, como la hipertensión, la diabetes y la aterosclerosis.

Una revisión en The Journal of Sexual Medicine reportó que la prevalencia de disfunción eréctil crece de manera sostenida con la edad, con variaciones amplias entre países y metodologías, pero con un patrón consistente: más comorbilidades, más riesgo.
Lea más: Qué es el síndrome de Klinefelter y cómo impacta en la sexualidad masculina
Disfunción eréctil, un “semáforo” del corazón
Sociedades cardiológicas y urológicas coinciden en que la disfunción eréctil puede ser una señal temprana de enfermedad cardiovascular.
Revisiones sistemáticas han asociado la disfunción eréctil con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares y mortalidad por cualquier causa.

En palabras de guías clínicas, “la disfunción eréctil es un marcador temprano de enfermedad cardiovascular”. Si notás cambios persistentes en la rigidez o la duración de las erecciones, conviene evaluar presión arterial, perfil lipídico, glucemia y salud vascular.
Lea más: Mitos sobre el desempeño masculino en la cama: cómo afectan la confianza y el deseo
Hábitos con respaldo científico

- Actividad física: ensayos controlados mostraron que programas de ejercicio aeróbico y combinado (40–60 minutos, 3–5 veces por semana) mejoran de forma clínicamente significativa los puntajes del IIEF, el índice más usado para evaluar la función eréctil. Además, el ejercicio reduce grasa visceral, mejora la sensibilidad a la insulina y la salud endotelial.
- Alimentación: estudios de cohorte y ensayos sobre patrón mediterráneo (frutas, verduras, granos integrales, legumbres, aceite de oliva, pescado) lo asociaron con menor riesgo de disfunción eréctil y mejor función endotelial. Un mejor control del peso se relaciona con mayor testosterona libre y mejor deseo sexual.
- Sueño: la restricción crónica de sueño y la apnea obstructiva se vinculan con menor testosterona matinal y peor función eréctil. El tratamiento de la apnea con presión positiva y la higiene del sueño muestran mejoras en deseo y rendimiento.
- Tabaco y alcohol: fumar se asocia con mayor riesgo de disfunción eréctil; dejar de fumar mejora la función en meses al recuperar la vasodilatación dependiente del endotelio. El consumo elevado de alcohol empeora la respuesta eréctil y hormonal; la moderación reduce ese impacto.
- Estrés y salud mental: la ansiedad de desempeño y la depresión afectan deseo y erección. Terapias psicológicas basadas en evidencia (por ejemplo, cognitivo-conductuales y de pareja) muestran mejoras sostenidas, especialmente cuando se combinan con tratamiento médico.
Testosterona: cuándo medir y cuándo tratar
Guías de la Asociación Europea de Urología y de la Endocrine Society recomiendan medir testosterona matinal en presencia de síntomas compatibles (bajo deseo, fatiga persistente, disminución de masa muscular) y confirmar con una segunda medición, considerando la testosterona libre si hay alteraciones de SHBG.
El tratamiento con testosterona está indicado solo cuando hay niveles bajos confirmados y síntomas, tras evaluar riesgos y beneficios.
Lea más: El papel de la testosterona en la sexualidad masculina: mitos y realidades
Beneficios potenciales: aumento del deseo, energía y composición corporal. Riesgos y precauciones: policitemia, empeoramiento de apnea, edema; se requiere seguimiento de hematocrito y antígeno prostático específico según guías.
No hay evidencia sólida de que la testosterona mejore la erección en varones con niveles normales.
Medicamentos que ayudan (y sus límites)
- Inhibidores de la PDE5 (sildenafilo, tadalafilo, vardenafilo, avanafil): tienen tasas de respuesta positivas en la mayoría de los casos de disfunción eréctil de causa vascular o mixta. Son seguros en general, excepto si usás nitratos o tenés ciertas condiciones cardíacas. Efectos frecuentes: cefalea, rubor, congestión nasal y molestias digestivas. La eficacia mejora con expectativas realistas, estimulación sexual adecuada y ajuste de dosis.
- Terapias de segunda línea: dispositivos de vacío, inyecciones intracavernosas y, en casos seleccionados, prótesis penianas, cuentan con aval en guías cuando fallan opciones orales.
- Efectos sexuales de otros fármacos: antihipertensivos, antidepresivos ISRS, finasterida/dutasterida y algunos antiandrógenos pueden afectar libido, eyaculación o erección. Si notás cambios tras iniciar un medicamento, conversá con el profesional para ajustar o cambiar la terapia.
Peso, circunferencia abdominal y azúcar en sangre
La obesidad central se asocia con menor biodisponibilidad de testosterona y mayor inflamación sistémica.
Intervenciones de pérdida de peso del 5–10% se vinculan con mejoras en deseo y erección. En personas con prediabetes o diabetes, el control glucémico más estricto mejora la función endotelial y la respuesta a inhibidores de PDE5.
Piso pélvico, próstata y eyaculación
- Ejercicios del piso pélvico dirigidos por fisioterapia pueden mejorar continencia y rigidez al fortalecer musculatura clave para la erección y el cierre venoso.
- Síntomas urinarios por crecimiento prostático y ciertos fármacos para tratarlos pueden modificar volumen eyaculatorio y orgasmo. Ajustar el tratamiento con urología ayuda a balancear efectos y beneficios.
- Cambios en latencia eyaculatoria son frecuentes con la edad; técnicas conductuales y, si hace falta, fármacos específicos tienen evidencia de utilidad.
Pareja, consentimiento y comunicación
La satisfacción sexual no depende solo de hormonas o vasos sanguíneos.
Estudios de psicología sexual muestran que la comunicación abierta, expectativas compartidas y adaptación a cambios biológicos se asocian con mayor bienestar sexual.
La terapia de pareja basada en evidencia puede potenciar el efecto de intervenciones médicas.
Chequeos recomendados y señales de alerta
- Control cardiovascular: presión arterial, perfil lipídico y glucemia.
- Pesquisa de apnea del sueño si roncás fuerte, tenés somnolencia diurna o pausas respiratorias.
- Evaluación urológica si hay dolor, curvatura progresiva del pene, deformidad o acortamiento (enfermedad de Peyronie), o disfunción eréctil de inicio súbito.
- Salud mental: pesquisa de depresión y ansiedad cuando hay pérdida de deseo, anhedonia o insomnio.
- Infecciones de transmisión sexual: según práctica sexual y nuevas parejas, mantené testeo periódico y uso de preservativo.
Qué podés hacer desde hoy
- Movete de forma regular: sumá ejercicio aeróbico y de fuerza.
- Comé en base a alimentos frescos, con patrón mediterráneo.
- Dormí 7–9 horas, tratá el ronquido y la apnea si aparecen.
- Dejá el tabaco; moderá alcohol.
- Si notás cambios persistentes en deseo o erección, consultá sin demoras: cuanto antes se interviene, mejores son los resultados.
