“The ick”: cuando el amor se convierte en repulsión hacia la pareja

¿Qué significa "the ick" en un contexto de pareja?
¿Qué significa "the ick" en un contexto de pareja?Shutterstock

El fenómeno del “the ick”, una repulsión instantánea hacia la pareja por detalles triviales, gana visibilidad en redes. Expertos advierten que, detrás de esta reacción, puede haber patrones de protección emocional y dificultades para manejar la vulnerabilidad en relaciones modernas.

Un nuevo término para una vieja reacción

El creciente léxico ligado al universo amoroso ha popularizado el término the ick, usado para describir una repentina sensación de asco o rechazo hacia la pareja por cuestiones aparentemente triviales, como masticar ruidosamente, se lee en el diario El País, de España.

¿Qué significa "the ick" en un contexto de pareja?
¿Qué significa "the ick" en un contexto de pareja?

Begoña Aznárez, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia y autora de Las heridas que no vemos (Vergara, 2025), subraya que se trata del paso casi instantáneo “de la atracción al rechazo”. En ocasiones, añade, esa repulsión se vive incluso como una sensación corporal de asco o incomodidad provocada por algo que la otra persona hace o muestra.

Aunque el detonante suele ser un detalle pequeño —un gesto, una frase, una actitud—, el efecto es grande: el deseo se derrumba de manera abrupta y cuesta recuperarlo.

De lo privado a lo viral: el papel de las redes sociales

Aznárez defiende que the ick no es un fenómeno nuevo, sino una reacción que siempre ha existido. Lo distinto hoy es que tiene nombre, relato compartido y visibilidad gracias a las redes sociales.

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Antes, apunta, estas reacciones “se vivían en silencio, con confusión o culpa”. Ahora “se nombran, se comparten y se reconocen como una experiencia bastante común”.

¿Qué significa "the ick" en un contexto de pareja?
¿Qué significa "the ick" en un contexto de pareja?

Las redes, sin embargo, han simplificado el fenómeno. Al convertir the ick en listas virales o anécdotas humorísticas, se corre el riesgo, según la psicóloga, de quedarse solo en la superficie y no preguntarse qué está pasando realmente: si esa repulsión está protegiendo de algo o, por el contrario, está alejando sistemáticamente del encuentro con el otro.

El término se ha vuelto tan habitual en el universo virtual que existe un perfil de Instagram dedicado a grabar vídeos que recrean esos momentos en los que distintas personas sienten la temida repulsión súbita. Los clips se elaboran a partir de mensajes que los usuarios envían a la cuenta, relatando cuáles han sido sus icks más llamativos.

Tiffany, una mujer de 38 años de Hong Kong, relata: “Me dijo que era la mujer de su vida a las dos semanas de comenzar a salir. A partir de entonces, cada semana me mandó poemas lamentables generados por Inteligencia Artificial”. Beth, de 42 años, comparte otro episodio: “Se comió los restos de la cena de Acción de Gracias con las manos en el coche, de regreso a casa”.

Respuesta automática o intolerancia al malestar

Desde la clínica, Aznárez matiza que muchas de estas reacciones no son superficiales. Las describe como “respuestas automáticas del sistema nervioso ante la cercanía emocional, muy vinculadas a experiencias traumáticas previas”.

Cuando el vínculo empieza a ser significativo, el cuerpo puede activar mecanismos de protección como el asco, la desconexión o la retirada del deseo. No se trataría de una elección consciente, sino de “una forma de disociación relacional que busca reducir el peligro percibido”.

El psicólogo Buenaventura del Charco introduce otra lectura: la necesidad de verbalizar the ick evidenciaría una mayor intolerancia actual al malestar. Explica que antes las personas eran más capaces de soportar lo que les desagradaba y convivir con lo que no les gustaba de la pareja.

Hoy, entre el perfeccionismo, la sobreprotección emocional y la intención de que todo sea estético e idealizado en una sociedad profundamente aspiracional, esa tolerancia se reduce.

Esto resulta “delicado” en el contexto de pareja, advierte, porque uno de los secretos para que una relación funcione es precisamente “cuánto podemos aceptar la tolerancia que tenemos con lo que no nos gusta del otro”.

Cuando el asco no significa falta de amor

No todo ick equivale a desamor ni a ruptura inminente. Así lo sostiene Ángela Vazi, terapeuta experta en manifestación, desarrollo personal y habilidades psíquicas. Detalla que el asco hacia la pareja puede ser una reacción sensorial del momento, una señal de desajuste sexual o la expresión de una herida, resentimiento o problema previo no procesado.

La clave, según Vazi, no está en culpabilizarse por sentir esa repulsión, sino en preguntarse cuál es su causa, ponerle nombre, hablarla con claridad y buscar ayuda profesional si es necesario. De este modo, apunta, puede recuperarse la seguridad, el deseo o la conexión… o bien tomar decisiones orientadas a la ruptura.

El cuerpo como primer mensajero: la mirada de la neurociencia

Desde la neurociencia, la repulsión también encuentra explicación. Lidia Ortiz de Zárate, experta en este campo, sostiene que en muchas ocasiones es el cuerpo quien manda primero el mensaje de que una relación está condenada.

Picos de cortisol, desregulación intestinal, agotamiento del sistema nervioso: son algunas de las señales que indicarían que la conexión con quien hasta entonces parecía la pareja idónea se ha terminado.

Desgaste en la pareja, imagen ilustrativa.
Desgaste en la pareja, imagen ilustrativa.

“El cuerpo rompe antes que nosotras con la pareja y lo hace para protegernos”, afirma. Frente a la expectativa de que el final llegue con una gran discusión o una decisión racional, describe una realidad “más silenciosa y profunda”. El cuerpo empieza a hablar antes de que la persona sea capaz de entender lo que ocurre, a través de pequeñas señales como el desgano, el rechazo físico, la irritabilidad o la fatiga emocional.

Ortiz de Zárate explica que el sistema nervioso es el primero en captar que algo ya no es seguro, coherente o nutritivo. Cuando eso sucede, el cuerpo se empieza a cerrar, incluso si la mente sigue intentando sostener la relación. Estas señales no serían caprichosas: desde la biología, emociones como el asco, el cansancio o el rechazo actúan como mecanismos de defensa.

Reconocer que “el cuerpo rompe antes” no implica, según la experta, tomar decisiones precipitadas, sino desarrollar una escucha más honesta, profunda y conectada con la verdad actual de cada uno.

Cuando una parte interna ha cambiado, el cuerpo ya no puede habitar los mismos lugares “o de esta forma”. Honrar esa ruptura silenciosa puede convertirse, sostiene, en el inicio de un camino más coherente, amoroso y verdadero, además de abrir la puerta a conversaciones a tiempo e incluso a reconciliaciones.

Del “ick” puntual al patrón de protección

¿Qué ocurre cuando esa repulsión instantánea deja de ser una excepción y aparece ante cada nueva conexión? ¿Podría ser señal de un hábito adquirido para evitar una relación seria?

Para Begoña Aznárez, cuando the ick se repite de forma reiterada, especialmente en el momento en que la relación empieza a consolidarse o volverse más íntima, ya no se trata de una reacción aislada, sino de “un patrón de protección”. Desde la clínica, lo consideran una estrategia aprendida —no consciente— para regular la distancia emocional.

Ante la alarma, el sistema nervioso activaría respuestas automáticas que enfrían el vínculo: asco, rechazo, pérdida brusca del deseo. No es tanto que la otra persona deje de gustar, aclara Aznárez, sino que “la cercanía se vuelve intolerable”.

Detectar este patrón no debería vivirse como motivo de alarma, sino como una oportunidad. Cuando se identifica que el ick funciona como un mecanismo para evitar la vulnerabilidad, deja de ser un enemigo y se convierte, en palabras de la psicóloga, en “una señal clínica valiosa”. A partir de ahí, el trabajo terapéutico se centra en aprender a tolerar la cercanía, diferenciar el peligro real del pasado del vínculo presente y construir relaciones en las que la seguridad no active la huida.

Un síntoma incómodo para una época hipersensible

Aznárez resume que the ick es el síntoma, no el problema de fondo. Lo que pone delante, afirma, es algo incómodo: la dificultad para sostener la vulnerabilidad propia y ajena.

Transformar la reacción en respuesta consciente se convierte, muchas veces, en “un acto de valentía emocional”.

En un contexto donde el vocabulario emocional de las relaciones no deja de crecer, las voces expertas coinciden en que se necesita menos ironía y más reflexión sobre lo que realmente ocurre cuando aparece esa repulsión súbita. Nombrarla, comprenderla y actuar con valentía surge, así, como uno de los retos centrales de las relaciones actuales.

Fuente: El País