Del paraíso al Excel
Las vacaciones eliminan casi todos los factores que desgastan a la pareja: prisas, pantallas, obligaciones domésticas, estrés laboral. “Cuando ese ruido desaparece, la relación se ve en su mejor versión”, explican especialistas en terapia de pareja.

El problema llega cuando cada miembro vuelve a sus horarios, a la carga mental y a la distracción constante.
El contraste es tan brusco que muchas personas interpretan la caída de intensidad como una señal de crisis, cuando en realidad responde a un cambio de contexto.
La clave, señalan los expertos, no es aspirar a sentir lo mismo que en una playa desierta un día cualquiera de enero, sino decidir qué parte de aquella versión vacacional de la pareja merece ser protegida en la vida cotidiana.
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Trucos para que la conexión no se apague
El primer paso es anticipar el aterrizaje. Antes de hacer la maleta de vuelta, puede ser útil hablar explícitamente de cómo será la reincorporación: qué días serán más exigentes, qué apoyos necesitará cada uno y qué pequeños rituales pueden reservarse para amortiguar el impacto, como un desayuno especial el primer domingo tras la vuelta.
También ayuda blindar espacios sin pantallas. Durante el verano es frecuente cenar sin el celular en la mesa o pasear sin mirar notificaciones. Repetir ese gesto al menos un par de veces por semana —una comida sin dispositivos, un paseo corto después de cenar— mantiene vivo el clima de atención mutua.
Otro recurso es programar “microvacaciones” emocionales: una tarde al mes para hacer algo diferente juntos, aunque sea en la propia ciudad. No se trata de grandes planes, sino de seguir generando recuerdos compartidos que no estén asociados solo al verano.
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Por último, conviene revisar el reparto de tareas tras las vacaciones. Si una de las personas asume de golpe la mayor parte de la carga doméstica o mental, el resentimiento apagará cualquier efecto Luna de Miel.
Ajustar responsabilidades y hablar de ello sin reproches es una inversión directa en intimidad.
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La Luna de Miel inversa no es una condena, sino un aviso: la mejor versión de la pareja que aparece en vacaciones no es una fantasía, es un ensayo de cómo podría ser la relación si la rutina también se organizara a su favor.
