Trastornos alimentarios y relaciones: cuando la ansiedad por comer altera la intimidad

Ansiedad por comer.
Ansiedad por comer.Shutterstock

La ansiedad puede expresarse de formas aparentemente opuestas: atracones o restricción, búsqueda compulsiva de sexo o evitación del contacto íntimo. En el centro, sin embargo, suele haber un mecanismo común: el intento de regular emociones intensas —miedo, vergüenza, soledad— a través del cuerpo. Por eso, cuando existe un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), la sexualidad rara vez queda al margen.

Cuando la comida ocupa el lugar del deseo

En anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno por atracón, la relación con el cuerpo se vuelve un escenario de control y amenaza. Esa tensión puede trasladarse a la vida sexual: disminución del deseo, dificultad para excitarse, dolor, evitación de la desnudez o de ciertas prácticas, y una sensación persistente de “no estar a la altura”.

Ansiedad por comer.
Ansiedad por comer.

En algunos casos, el sexo deja de ser un espacio de placer para convertirse en una fuente más de evaluación.

La explicación no es solo psicológica. La malnutrición y las fluctuaciones de peso pueden alterar hormonas vinculadas al apetito, el estrés y la función sexual.

También influyen el cansancio, la pérdida de masa muscular, la irregularidad menstrual y el impacto cardiovascular.

A esto se suma que la ansiedad y la depresión —frecuentes en los TCA— son factores que reducen la libido y dificultan la conexión emocional.

Hipersexualidad y sexo como anestesia emocional

La otra cara existe: algunas personas alternan control alimentario con conductas sexuales impulsivas o riesgo aumentado.

Ansiedad por comer.
Ansiedad por comer.

No se trata de “más deseo” necesariamente, sino de una búsqueda de alivio rápido ante la angustia, parecida a la lógica del atracón: urgencia, pérdida de control, alivio momentáneo y, después, culpa.

En consultas clínicas se describe a veces un patrón de “compensación” emocional: comer para calmarse, sexo para sentirse validado, o ambos para apagar el malestar.

En estos casos puede aparecer una negociación interna constante: “si mi cuerpo es aceptado, valgo”. Esa ecuación —alimentada por ideales estéticos, comparación en redes y experiencias de críticas o acoso— puede empujar a usar la sexualidad como prueba de autoestima, con límites difusos y dificultad para decir no.

La intimidad bajo la lupa: vergüenza, control y miedo

Los TCA suelen convivir con una autoobservación extrema.

En la cama, esa vigilancia puede traducirse en desconexión: estar pendiente del abdomen, de las marcas, del “ángulo”, del desempeño, más que del encuentro.

Ansiedad por comer.
Ansiedad por comer.

La vergüenza corporal y el perfeccionismo, rasgos frecuentes, favorecen la ansiedad de ejecución y la evitación.

También el miedo a perder el control: para quien se sostiene en la rigidez alimentaria, la espontaneidad sexual puede sentirse amenazante.

La relación de pareja, cuando la hay, también se resiente. Puede haber secretismo (atracones, purgas, ejercicio compulsivo), discusiones por hábitos, o una dinámica cuidador–paciente que erosiona el erotismo.

Del otro lado, parejas que presionan por “normalizar” la comida o el sexo sin comprender el trasfondo pueden aumentar la culpa.

Qué ayuda: tratar el TCA sin dejar fuera la sexualidad

Especialistas insisten en que la recuperación no es solo “comer mejor”, sino reconstruir la relación con el cuerpo y con el placer.

El abordaje suele incluir psicoterapia, atención nutricional y, cuando corresponde, psiquiatría.

Hablar de vida íntima en terapia no es un “tema secundario”: puede revelar disparadores, conductas de riesgo y traumas, y abrir herramientas para negociar límites, deseo y consentimiento.

En la práctica, ayudan estrategias como trabajar la imagen corporal desde la autocompasión, reducir la autoevaluación basada en peso/forma, recuperar señales internas (hambre, saciedad, excitación), y mejorar la comunicación en pareja sin convertir la sexualidad en examen.

Si la ansiedad por comer o por el sexo se vuelve compulsiva, genera culpa persistente, aislamiento o pone en riesgo la salud, buscar ayuda profesional es un paso clave.

En crisis o ideas de autolesión, conviene acudir a servicios de urgencia o líneas de ayuda disponibles.

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