Mito de los “roles” en la cama: por qué la división activo/pasivo quedó corta

Concepto de pareja LGBT.
Concepto de pareja LGBT.Shutterstock

La etiqueta “activo” o “pasivo” puede ordenar el deseo, pero también encorsetarlo. En apps, en pareja o en encuentros casuales, esa división suele traer presión, vergüenza y malentendidos. La evidencia sugiere otra cosa: el placer es más flexible.

De dónde sale la idea de que el sexo se divide en dos

La lógica activo/pasivo nace de un guion sexual muy antiguo: el de la penetración como “centro” y de los cuerpos repartidos en funciones fijas. Ese libreto, heredado de normas de género y de una mirada reproductiva del sexo, se coló en culturas heterosexuales y también en comunidades LGBT+. No describe la sexualidad: la simplifica.

Concepto de pareja LGBT.
Concepto de pareja LGBT. La etiqueta “activo” o “pasivo” puede ordenar el deseo, pero también encorsetarlo

La sociología y la sexología hablan de guiones sexuales (sexual scripts): expectativas aprendidas sobre “qué toca” hacer, cómo debe sentirse y quién “lleva” la escena. El problema no es que existan guiones —a veces ayudan a iniciar— sino cuando sustituyen la escucha real del cuerpo y del vínculo.

Qué dice la ciencia: excitación, placer y control no son binarios

En clínica sexológica se observa algo consistente: el deseo y la excitación son contextuales.

Modelos como el doble control (inhibición/excitación sexual) explican por qué una misma persona puede disfrutar más de conducir en un momento y de entregarse en otro, según estrés, confianza, novedad, fatiga, historia personal o seguridad emocional.

Además, “activo” y “pasivo” mezclan dimensiones distintas como si fueran una sola: práctica (penetrar/ser penetrado), posición (arriba/abajo), iniciativa (proponer/aceptar) y poder (dominar/ceder).

Concepto de pareja LGBT.
Concepto de pareja LGBT.

En la realidad, esas variables se combinan. Se puede ser quien propone y, a la vez, preferir recibir; o penetrar sin sentir que se “manda”; o buscar un juego de control negociado con cuidado y ternura.

También hay un punto fisiológico poco dicho: la comodidad y el placer en prácticas penetrativas (vaginales o anales) dependen de factores como lubricación, relajación del suelo pélvico, ritmo, respiración y sensación de seguridad. No es “ser pasivo”: es coordinación corporal, tiempo y confianza.

Cuando la etiqueta ayuda… y cuando aprieta

Para algunas personas, nombrarse activo/pasivo/versátil funciona como orientación práctica o como identidad erótica: reduce incertidumbre, facilita compatibilidades y evita conversaciones incómodas. No hay nada “mal” en eso.

Concepto de pareja LGBT.
Concepto de pareja LGBT. Para algunas personas, nombrarse activo/pasivo/versátil funciona como orientación práctica o como identidad erótica

La limitación aparece cuando la etiqueta se vuelve contrato. En muchas parejas, el conflicto no es la preferencia, sino la rigidez: “si me amás, deberías ser X”, “si cambio, pierdo valor”, “si no quiero hoy, estoy fallando”.

En apps, además, la categoría puede transformarse en jerarquía: se erotiza la idea de que uno “hace” y el otro “recibe”, como si el placer estuviera repartido en roles de primera y segunda.

Más allá de la penetración: el repertorio que sí predice satisfacción

Los estudios sobre satisfacción sexual suelen coincidir en algo menos glamoroso pero más real: lo que mejor la predice no es un rol fijo, sino la comunicación, la variedad posible y la capacidad de ajustar expectativas.

Concepto de pareja LGBT.
Concepto de pareja LGBT.

Muchas parejas encuentran más conexión cuando amplían el mapa: caricias sin objetivo, sexo oral sin “deuda” de penetración, juguetes, masturbación compartida, pausas para reírse, pedir cambios de ritmo, o simplemente poder decir “hoy no” sin que eso rompa la escena.

En términos emocionales, salir del binario activo/pasivo también reduce la ansiedad de desempeño: deja de tratarse de “cumplir un papel” y se vuelve más fácil preguntar lo importante—qué te gusta, qué no, qué te da curiosidad, qué te cuida.

Una conversación posible: del “qué sos” al “qué te gusta”

Cambiar el foco no exige discursos técnicos. A veces alcanza con mover la pregunta: en lugar de “¿sos activo o pasivo?”, probar con “¿qué te gusta hacer?”, “¿qué te gustaría explorar?”, “¿hay algo que hoy no te dan ganas?”. Esa forma de hablar no borra identidades: las vuelve más habitables.

La división activo/pasivo no es el enemigo; es un mapa viejo. Y cuando un mapa queda chico, no significa que el deseo esté mal: significa que la experiencia humana es más amplia que dos casilleros.