El efecto “underdog”: ¿por qué el mundo entero alienta a Paraguay en el Mundial 2026?

Cuatro mujeres sonríen con camisetas del Club Atlético Cerro Porteño, en un ambiente festivo con luces y mucha gente celebrando.
Multitud festeja en la calle Palma tras la histórica clasificación de la Albirroja a los octavos de final de la Copa del Mundo 2026.

Hay una palabra en inglés que no tiene una traducción exacta al español, pero que todo hincha entiende con solo escucharla: “underdog”. Designa al competidor que llega con todo en contra —menos presupuesto, menos nombre, menos historia reciente— y que, precisamente por eso, despierta una empatía que ningún favorito logra generar. En este Mundial de fútbol, ese fenómeno tiene nombre propio: Paraguay.

Qué dice la ciencia sobre el “underdog”

El concepto no es solo intuición de relator deportivo; tiene sustento académico en marketing y en psicología organizacional.

Una línea de investigación sobre marcas identificó lo que se conoce como “biografía de marca underdog”: el relato que algunas empresas construyen sobre sus orígenes humildes, la falta de recursos y la lucha contra todo pronóstico. Ese relato se sostiene en dos pilares: la desventaja externa (partir en inferioridad de condiciones frente a rivales más grandes) y la pasión y determinación con que se enfrenta esa desventaja.

Los estudios muestran que cuando los consumidores se identifican con esa historia —cuando ven reflejada su propia condición de underdog en la marca— aumenta la intención de compra, la elección real del producto y la lealtad. Cuanto más se identifica una persona como underdog en su propia vida, y cuanto más forma parte el relato del “desvalido que se sobrepone” de la identidad cultural de un país, más fuerte es ese efecto.

Orlando Gill fue la gran figura de la tarde en Boston logrando la clasificación de la Albirroja a los octavos de final.
Orlando Gill fue la gran figura de la tarde en Boston logrando la clasificación de la Albirroja a los octavos de final.

Otra investigación, esta vez centrada en el desempeño individual, aporta una pieza complementaria. Cuando una persona percibe que los demás la ven como alguien con pocas chances de éxito, esa expectativa baja puede activar un mecanismo de autoafirmación combinado con reactancia psicológica: el deseo de “demostrar que estaban equivocados”. El resultado es un impulso de rendimiento superior, pero con una condición clave: ese efecto solo se sostiene cuando la credibilidad de quienes subestiman es puesta en duda. Si el pronóstico adverso viene de una fuente que el propio protagonista considera creíble, ocurre lo contrario —el llamado efecto Golem, la profecía que se autocumple hacia abajo—. El underdog gana cuando decide, íntimamente, que el marcador en su contra no tiene autoridad para definirlo.

Un arquetipo que también vive en la ficción

El “underdog” no es solo una figura del deporte o del marketing: es, ante todo, un arquetipo narrativo con raíces profundas en la psicología. Carl Jung fue quien, a mediados del siglo XX, popularizó la idea de los arquetipos como imágenes universales presentes en el imaginario humano desde tiempos remotos, y planteó que cada persona combina rasgos de un conjunto de personalidades básicas. Desde entonces, guionistas y novelistas vienen tomando esa idea para construir personajes reconocibles de un relato a otro.

Dentro de ese catálogo de arquetipos, el underdog ocupa un lugar central: el competidor que arranca en clara inferioridad de condiciones y sin chances aparentes de triunfar, muchas veces como participante reacio que termina entregándose por completo a la meta de ganar. Es el molde detrás de personajes tan distintos como Rocky Balboa, Katniss Everdeen, Frodo Baggins o el propio Máximo de Gladiator: todos parten en desventaja y solo logran imponerse a fuerza de determinación, sacrificio y capacidad de adaptación frente a la adversidad.

 Los aficionados de la selección brasileña de fútbol visitan hoy la estatua del boxeador Rocky Balboa en el centro de Filadelfia, inspirada en el personaje interpretado por Sylvester Stallone en las películas.
Los aficionados de la selección brasileña de fútbol visitan hoy la estatua del boxeador Rocky Balboa en el centro de Filadelfia, inspirada en el personaje interpretado por Sylvester Stallone en las películas.

Lo interesante es que ese arquetipo funciona con la misma lógica que describen los estudios de marca y de desempeño citados más arriba: el underdog narrativo gana empatía porque el público proyecta en él su propia experiencia de lucha contra circunstancias adversas, y su arco de crecimiento —de la duda inicial a la determinación plena— es, en esencia, el mismo camino emocional que atraviesan las marcas underdog y los equipos underdog. La ficción, el deporte y el consumo terminan apelando al mismo resorte psicológico

Cuando el “underdog” ya escribió historia

El fútbol lleva décadas ofreciendo casos de laboratorio para esta teoría, mucho antes de que la academia le pusiera nombre.

En Inglaterra, el Leicester City protagonizó en la temporada 2015-16 uno de los mayores batacazos del deporte moderno: las casas de apuestas lo daban con una cuota de 5.000 a 1 para salir campeón de la Premier League, por detrás de gigantes como Manchester City, Chelsea o Arsenal. Con un plantel armado a bajo costo y sin figuras rutilantes, terminó levantando el título, en lo que hasta hoy se cita como ejemplo de manual de desventaja externa convertida en gloria.

El entrenador italiano del Leicester City, Claudio Ranieri (C), y el defensa inglés del Leicester City, Wes Morgan, levantan el trofeo de la Premier League tras ganar la liga y el partido de fútbol de la Premier League inglesa entre el Leicester City y el Everton en el King Power Stadium en Leicester, centro de Inglaterra, el 7 de mayo de 2016.
El entrenador italiano del Leicester City, Claudio Ranieri (C), y el defensa inglés del Leicester City, Wes Morgan, levantan el trofeo de la Premier League tras ganar la liga y el partido de fútbol de la Premier League inglesa entre el Leicester City y el Everton en el King Power Stadium en Leicester, centro de Inglaterra, el 7 de mayo de 2016.

En las canchas mundialistas, Costa Rica dejó una marca imborrable en Brasil 2014: encuadrada en el “grupo de la muerte” junto a Uruguay, Italia e Inglaterra —tres campeones del mundo—, no solo avanzó primera, sino que llegó hasta cuartos de final, cayendo recién ante Países Bajos en los penales.

Costa Rica clasificó a cuartos de final del Mundial de Brasil 2014. El equipo de Jorge Pinto empató 1-1 con Grecia en el tiempo normal y el suplementario. En penales no erró uno solo y terminó ganando 5-3 a los europeos.
Costa Rica clasificó a cuartos de final del Mundial de Brasil 2014. El equipo de Jorge Pinto empató 1-1 con Grecia en el tiempo normal y el suplementario. En penales no erró uno solo y terminó ganando 5-3 a los europeos.

Grecia, por su parte, dio el batacazo más recordado de la historia europea, aunque no en un Mundial sino en la Eurocopa 2004: llegó a Portugal como una de las selecciones más modestas del torneo, sin figuras de renombre, y bajo el esquema defensivo de Otto Rehhagel fue eliminando en el camino a la vigente campeona Francia y a la anfitriona Portugal en la final, coronándose campeona de Europa por primera y única vez en su historia.

El 4 de julio de 2004, Grecia dio la mayor sorpresa en la historia de la Eurocopa al vencer a Portugal en la final de la Eurocopa 2004.
El 4 de julio de 2004, Grecia dio la mayor sorpresa en la historia de la Eurocopa al vencer a Portugal en la final de la Eurocopa 2004.

Y a nivel local, el fútbol paraguayo tiene su propio capítulo: en 2014, el Club Nacional —sin el poderío económico de los grandes de la región— se convirtió en el segundo equipo paraguayo en llegar a una final de Copa Libertadores, dejando en el camino a clubes de mayor tradición continental como Atlético Mineiro y Vélez Sarsfield. Cayó finalmente ante San Lorenzo de Almagro, pero su campaña —invicto de local durante todo el torneo— logró algo que pocas veces se ve en el fútbol paraguayo: unió a hinchas de otros clubes detrás de sus colores, en un anticipo casi textual de lo que la teoría llama identificación colectiva con el underdog.

Rodrigo Arévalo (i) y Diego Duarte, futbolistas de Nacional, celebran un gol en el partido frente al Aucas por la Fase 1 de la Copa Libertadores 2024 en el estadio Defensores del Chaco, en Asunción, Paraguay.
Rodrigo Arévalo (i) y Diego Duarte, futbolistas de Nacional, celebran un gol en el partido frente al Aucas por la Fase 1 de la Copa Libertadores 2024 en el estadio Defensores del Chaco, en Asunción, Paraguay.

Paraguay, el underdog del Mundial 2026

Pocas selecciones llegaron a esta Copa del Mundo con un relato tan alineado a esa teoría como la Albirroja. Paraguay clasificó tras once años de ausencias mundialistas, debutó con una dura derrota 4-1 ante Estados Unidos, sumó un ajustado triunfo ante Turquía y empató sin goles frente a Australia. Con ese arranque discreto, nadie la ubicaba entre las candidatas a dar el batacazo de los dieciseisavos de final. Del otro lado del cuadro esperaba Alemania, tetracampeona del mundo.

El lunes 29 de junio, en el Boston Stadium de Foxborough, Massachusetts, ocurrió lo que la desventaja externa hacía parecer improbable. Julio Enciso adelantó a los paraguayos de cabeza a los 42 minutos; Kai Havertz empató para los alemanes en el complemento. Sin goles en el alargue, la definición llegó a los penales: el arquero Orlando Gill se transformó en la figura del partido al contener los remates de Havertz y de Nick Woltemade, y José Canale marcó el disparo que sentenció el 4-3 final. Paraguay eliminaba a una de las potencias históricas del fútbol mundial y avanzaba a los octavos de final.

El capitán Gustavo Gómez resumió después el guion casi textual de la teoría del underdog: pese a todo lo que se decía puertas afuera del plantel, el grupo decidió que iba a “vender muy cara la derrota”. La desventaja se convirtió en combustible, no en condena.

Una épica con eco regional y también europeo

La reacción posterior confirmó el segundo pilar del fenómeno: la identificación colectiva. En Paraguay, el presidente Santiago Peña decretó feriado nacional para el martes 30 de junio y celebró la hazaña en redes sociales, gesto que se viralizó de inmediato y que fue secundado en tono festivo por el propio vicepresidente. Las calles de Asunción y de distintas ciudades del país se llenaron de festejos espontáneos que se extendieron hasta la madrugada.

El respaldo no quedó dentro de las fronteras paraguayas. Medios deportivos de referencia en la región, como los diarios argentinos Olé y Clarín, destacaron en sus portadas la hazaña de la dirigida por Gustavo Alfaro, mientras que cadenas internacionales como CNN y Fox Sports abrieron sus plataformas digitales con el triunfo albirrojo. En redes sociales, aficionados de distintas nacionalidades —no solo sudamericanos— compartieron memes y mensajes de asombro ante la caída de una de las selecciones más poderosas del planeta, en lo que la prensa describió como la primera gran sorpresa de la fase eliminatoria del torneo. En el otro extremo, la prensa alemana no disimuló el golpe: medios como el Süddeutsche Zeitung y el Frankfurter Allgemeine Zeitung calificaron la eliminación como un cierre de ciclo vergonzoso para su selección.

Paraguay Mundial 2026 Alemania reacciones medios internacionales
Paraguay Mundial 2026 Alemania reacciones medios internacionales

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Ese contraste es, en el fondo, la prueba de que la teoría funciona en ambas direcciones: donde Alemania represento la expectativa alta que se derrumbó, Paraguay encarnó la expectativa baja que decidió no cumplirse. Como marca-país y como equipo, la Albirroja construyó en apenas 120 minutos y una tanda de penales la biografía underdog más persuasiva: desventaja externa, pasión y determinación, y una identificación que trascendió sus propias fronteras.

The New York Times se hizo eco de la victoria de Paraguay ante Alemania en el Mundial
The New York Times se hizo eco de la victoria de Paraguay ante Alemania en el Mundial
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