27 de julio de 2026
Hace un par de días, hubo un principio de incendio en un edificio céntrico de varios pisos perteneciente al Ministerio de Educación y Ciencias, que estaba abandonado, lleno de alimañas y ocupado por drogadictos. No se puede entender tanta dejadez, tanta indiferencia, ante un bien tan valioso, de una ubicación excelente en el centro de la capital, pudriéndose a la vista de todos. Es para preguntarse si nada se les ocurre a los miles de ingenieros, arquitectos, ambientalistas, proyectistas, que figuran en la nómina de las instituciones, para hacer algo útil con tan valioso bien. Así se volatilizan los recursos estatales.

Al igual que en el Senado, en la Cámara de Diputados existen cuestionados cargos con millonarias remuneraciones. Por citar algunos casos, la jefa de cafetería de ese organismo cobra casi G. 13 millones al mes. Además, la jefa de la Central Telefónica percibe cada mes G. 12.500.000 y la de impresiones G. 5.400.000.
El festín de altos salarios en el Congreso Nacional también se extiende al área de limpieza donde sus funcionarios permanentes llegan a percibir de forma mensual más de G. 12 millones y su única función es la de supervisar el trabajo de las limpiadoras y limpiadores del Consorcio de Limpieza M2, que deben cubrir un promedio de 30 oficinas por piso y cumplir 53 horas laborales, en condiciones poco claras, según denuncias anónimas.

Siete senadores lideran la lista de legisladores con más funcionarios en sus respectivas oficinas, según las nóminas de la Cámara Alta y Congreso Nacional. Lilian Samaniego, Basilio “Bachi” Núñez, Javier Zacarías Irún, Derlis Osorio, todos colorados, y los liberales José “Pakova” Ledesma, Enrique Salyn Buzarquis y Hermelinda Alvarenga tienen –cada uno– a su cargo a 11 empleados públicos. Varios de los funcionarios figuran con pagos por bonificaciones.

El Senado de la Nación tiene un “jefe de trámites de Gestiones de Análisis Laboratoriales”. El funcionario Antonio Salvador Pereira cobra G. 14.500.000 por gestionar las visaciones cuando los funcionarios necesitan realizarse estudios médicos. Esta función aparentemente innecesaria se suma al “carnaval” de cargos en el Congreso.

El caso de Carlos Optaciano Arrúa Arévalos, director de Impresión y Encuadernación de la Cámara de Senadores –que se hizo público ayer–, permitió conocer más despilfarros que existen en el Congreso Nacional por los llamativos cargos asignados. La directora de Talento Humano del Congreso, Norma Cardozo, argumenta los altos salarios asignados.