14 de abril de 2026
El festín de altos salarios en el Congreso Nacional también se extiende al área de limpieza donde sus funcionarios permanentes llegan a percibir de forma mensual más de G. 12 millones y su única función es la de supervisar el trabajo de las limpiadoras y limpiadores del Consorcio de Limpieza M2, que deben cubrir un promedio de 30 oficinas por piso y cumplir 53 horas laborales, en condiciones poco claras, según denuncias anónimas.

Siete senadores lideran la lista de legisladores con más funcionarios en sus respectivas oficinas, según las nóminas de la Cámara Alta y Congreso Nacional. Lilian Samaniego, Basilio “Bachi” Núñez, Javier Zacarías Irún, Derlis Osorio, todos colorados, y los liberales José “Pakova” Ledesma, Enrique Salyn Buzarquis y Hermelinda Alvarenga tienen –cada uno– a su cargo a 11 empleados públicos. Varios de los funcionarios figuran con pagos por bonificaciones.

El Senado de la Nación tiene un “jefe de trámites de Gestiones de Análisis Laboratoriales”. El funcionario Antonio Salvador Pereira cobra G. 14.500.000 por gestionar las visaciones cuando los funcionarios necesitan realizarse estudios médicos. Esta función aparentemente innecesaria se suma al “carnaval” de cargos en el Congreso.

El caso de Carlos Optaciano Arrúa Arévalos, director de Impresión y Encuadernación de la Cámara de Senadores –que se hizo público ayer–, permitió conocer más despilfarros que existen en el Congreso Nacional por los llamativos cargos asignados. La directora de Talento Humano del Congreso, Norma Cardozo, argumenta los altos salarios asignados.
La “Honorable” Cámara de Senadores tiene 837 funcionarios y contratados, dependientes de nada menos que 21 directores generales, 185 directores y 157 jefes, que ganan entre 11 y 35 millones de guaraníes mensuales. Entre otras barbaridades, la Dirección de Ceremonial y Protocolo cuenta con ¡una directora para las visitas nacionales y otra para las internacionales!, en tanto que numerosos senadores –entre ellos, también opositores– gozan de los “servicios personales” de contratados. Como la situación no sería muy distinta en la Cámara Baja, puede concluirse que los parlamentarios derrochan a manos llenas el dinero de los contribuyentes, en beneficio propio y en el de sus parientes, amigos y correligionarios.