28 de enero de 2026

En las comidas de cumpleaños, en grupos de WhatsApp, fotos de viajes compartidas en redes sociales, hay un sentimiento que casi nunca se nombra, pero que flota en el ambiente: la envidia entre amigos. No se habla de ella porque contradice el ideal de amistad incondicional, porque incomoda y porque parece “feo” admitirla. Sin embargo, negar que existe no la hace desaparecer: solo la empuja a la culpa y al silencio.


“Ni siquiera es tan inteligente” constituye una frase que se destaca por su celosa ambición. Así, mezclada con una falsa admiración por el trabajo ajeno, la envidia toma el rol de la inoportuna invitada que no podemos desechar fácilmente de nuestra vida.



¿Te molesta que tu compañera se compre el último modelo de celular, mientras que el tuyo es un polifónico sin carcasa?, ¿o estás harto de ver que tu amigo se manda el físico y vos tenés que entrar a la pileta con remera? Si te sentís identificado, entonces sos una persona envidiosa. Este sentimiento puede ser causado porque te creés menos que los demás o deseás el mismo reconocimiento que reciben ellos.