6 de abril de 2026

La evolución reciente de la inversión física del sector público paraguayo refleja un escenario de contracción tanto en los recursos presupuestados como en el ritmo de ejecución. De acuerdo con el clasificador presupuestario, la inversión física se encuentra registrada en el Rubro 500, que incluye inversiones en adquisiciones de inmuebles, construcciones, reconstrucciones y reparaciones mayores de bienes públicos de capital, así como adquisiciones de maquinaria, equipos, semovientes y activos intangibles. Este rubro también contempla los estudios de proyectos destinados a conformar el capital fijo del Estado.

Desde hace años, la “madre de ciudades y cuna del primer grito de libertad en América” se halla en un estado catastrófico, tanto urbanística como administrativamente. En lo que a este último aspecto atañe, la gestión de Óscar “Nenecho” Rodríguez (ANR, cartista), continuada por Luis Bello (ANR, cartista), quien como edil consintió sus notorias irregularidades, llegó a extremos castigados en el Código Penal y resumidos en gran medida en el severo informe conclusivo del interventor Carlos Pereira. Más allá de la desidia y de la ineptitud, el desastre financiero generado por la deshonestidad y el exceso de asalariados impiden que la Municipalidad brinde buenos servicios a los vecinos y dote a Asunción de obras de infraestructura necesarias. Los asuncenos tienen derecho a vivir en una ciudad mucho más acogedora. De ellos depende, en última instancia, que el intendente y los concejales cumplan con su deber de hacerlo posible.

Paraguay no alcanzará su potencial de desarrollo sin un salto sostenido en infraestructura, coinciden el empresariado de la construcción y organismos multilaterales. El Gobierno, por su lado, promete a los gremios del sector que honrará este noviembre una deuda de G. 300.000 millones, pero aún quedará un importante remanente. Es por eso que instan a alcanzar consensos intersectoriales, ante la estrechez fiscal y las necesidades en materias de obras.
Baches, abandono y oscuridad marcan el día a día en la capital espiritual del país. Desde el kilómetro 55 hasta el 60 de la ruta PY02, justo después de la rotonda que da la bienvenida a la ciudad, la circunvalación permanece completamente a oscuras. Lo que debía ser una obra moderna y segura hoy representa un riesgo constante para quienes circulan por la zona. A esto se suman los caminos secundarios destruidos, como el del barrio San Vicente, que se ha convertido en una verdadera odisea para los conductores.
El Alto Paraguay sufre el infortunio de ser maltratado por los Gobiernos nacionales que vienen y van, sin que las autoridades del departamento suelan conmoverse. Abandonados a su suerte, los pobladores sufren graves carencias de diverso orden, entre ellas las relativas a la sanidad y a la infraestructura vial. A la marginación de siempre se agrega la desidia o la estupidez burocrática, como la revelada ahora -excepcionalmente- por el concejal departamental Sergio Cuéllar (ANR, cartista). Ocurre que aún no se han firmado los contratos adjudicados ya el 25 de agosto a dos empresas viales para reparar caminos de tierra, a un costo global de 16.668 millones de guaraníes. La razón sería que la cuenta abierta por el MOPC para el financiamiento quedó de hecho sin fondos. En principio, los trabajos deberían durar tres meses, pero resulta que la zona ya está ingresando en la temporada de lluvias, que se extiende hasta fines de febrero.