¿Cuántos códigos QR son posibles? ¿Se agotarán en algún momento?

Código QR.
Código QR.Shutterstock

Los códigos QR no tienen un límite cercano. Para usuarios y empresas, el problema no es que “se terminen”, sino que el enlace, el servicio o la información detrás del código deje de funcionar.

¿Cuántos códigos QR son posibles?

No hay una cifra única y exacta, porque un código QR puede crearse con distintos tamaños, niveles de corrección de errores, tipos de datos y configuraciones internas. Pero la escala es difícil de imaginar.

El QR más grande admitido por el estándar puede tener una cuadrícula de 177 por 177 módulos —los pequeños cuadros blancos y negros—. Si se consideraran todas las combinaciones posibles de esa cuadrícula, el máximo teórico superaría los 10 elevado a 9.400 patrones. No todos serían códigos válidos o legibles, pero la cifra permite dimensionar el margen disponible.

Incluso si se mira solo la información que puede guardar un QR, la capacidad es enorme. Un modelo de máxima capacidad puede almacenar hasta 2.953 bytes de datos, lo que equivale a un número de combinaciones del orden de 10 elevado a 7.112. Como referencia, se estima que hay alrededor de 10 elevado a 80 átomos en el universo observable.

No existe un escenario realista en el que la humanidad pueda “gastar” todos los QR posibles.

Qué problema resuelve un código QR en la práctica

La utilidad del QR es reducir fricción: evita escribir una dirección web larga, introducir la clave de una red Wi-Fi, cargar datos de pago o buscar manualmente información de un producto. La cámara del teléfono transforma una imagen impresa o mostrada en pantalla en una acción inmediata.

Por eso un mismo formato sirve para abrir un menú digital, validar una entrada, compartir una ubicación, iniciar una conversación o acceder a una campaña. El código no es una web ni una aplicación: es una forma visual de transportar datos.

¿Puede repetirse un código QR?

Sí. Dos personas pueden generar el mismo QR si codifican exactamente la misma información, por ejemplo, la misma URL. No es un problema: un QR no necesita ser único por definición.

La confusión suele aparecer con los llamados códigos QR dinámicos. En un QR estático, la dirección final queda grabada en la imagen. Si contiene ejemplo.com/menu, seguirá apuntando allí mientras el sitio exista.

En cambio, un QR dinámico normalmente guarda una URL corta de un proveedor, que luego redirige al destino elegido. Esto permite cambiar la página de destino sin reimprimir el código y medir escaneos. Pero también crea una dependencia: si vence la suscripción, se elimina la cuenta o el proveedor deja de operar, el QR puede dejar de llevar al contenido esperado.

El límite relevante no está en el QR

Los límites reales aparecen en otros lugares. Una empresa puede agotar sus identificadores internos, una plataforma puede tener restricciones para crear enlaces cortos o una base de datos puede perder registros. Son problemas de gestión de servicios, no de escasez del estándar QR.

También hay un límite físico: cuanto más información incorpora un QR, más densa resulta su cuadrícula y más difícil puede ser escanearla, especialmente si está impresa en tamaño reducido, dañada o con poco contraste. La corrección de errores ayuda a leer códigos parcialmente deteriorados, pero reduce el espacio disponible para datos.

Para usos duraderos —señalética, envases, tarjetas o documentos— conviene priorizar QR simples, con buen contraste, margen blanco alrededor y una URL bajo control propio.