16 de junio de 2026

El caché, fundamental para la rapidez de las apps, puede convertirse en un problema al corromperse y ocupar espacio innecesario. Limpiarlo puede recuperar almacenamiento y corregir errores, aunque no siempre garantiza un rendimiento óptimo.

Antes de ordenar conversaciones en redes, el símbolo # fue una abreviatura de “libra” usada para pesar y facturar mercancías, incluidos granos. Su historia muestra cómo un signo contable terminó clasificando datos y tendencias globales.

El uso excesivo de teléfonos móviles impulsa a usuarios a buscar aplicaciones limitadoras. Con más de 300.000 descargas en 149 países, herramientas como Jomo y Opal prometen ayudar a restaurar la concentración en un mundo digital invasivo.

MADRID. En 1996, Garri Kaspárov, campeón mundial de ajedrez, se enfrentó por primera vez a Deep Blue, la supercomputadora de IBM. Fue un duelo histórico que marcó un antes y un después en la relación entre humanos y máquinas, y anticipó la era de la inteligencia artificial en el juego ciencia.

En la pantalla todo ocurre demasiado rápido como para apreciarlo. Un clic, una lista se ordena, una búsqueda se completa, una recomendación aparece. Detrás de esos milisegundos de aparente magia, uno de los protagonistas silenciosos es un algoritmo con nombre de fórmula uno: quicksort, el método de ordenación que desde los años sesenta mueve los datos como si dirigiera un ballet de alta precisión.

Durante siete décadas, la historia del software puede leerse como una cadena de lenguajes que cambiaron la forma de pensar las máquinas. De Fortran a Python, cada generación de código ha reflejado las necesidades –y las obsesiones– de su tiempo. Hoy, con la irrupción de la inteligencia artificial, se asoma una nueva categoría: lenguajes híbridos, en los que programar podría implicar tanto escribir código como dialogar con un modelo de IA.