Cabañas florece con turismo: el campo de girasoles que enamora a Cordillera

En el barrio María Auxiliadora de Cabañas, el cultivo de girasoles se ha convertido en un atractivo turístico.
En el barrio María Auxiliadora de Cabañas, el cultivo de girasoles se ha convertido en un atractivo turístico.Shutterstock

En el corazón de la compañía Cabañas, en el barrio María Auxiliadora de Caacupé, un paisaje dorado se roba todas las miradas: más de 8.000 girasoles convierten al lugar en uno de los nuevos atractivos de turismo interno del departamento de Cordillera, donde familias, visitantes y amantes de la fotografía llegan cada día para disfrutar del colorido entorno, el aire libre y una experiencia natural que se vuelve cada vez más popular entre quienes buscan un espacio de descanso y contacto con la naturaleza.

A solo 53 kilómetros de Asunción, este rincón rural se transforma en un refugio natural donde el silencio del campo, el aire fresco y el intenso color amarillo de los girasoles invitan a detener el tiempo. Familias, parejas y visitantes de distintos puntos del país llegan hasta el sitio en busca de descanso, fotografías y una experiencia diferente al aire libre.

El campo se ha ganado rápidamente popularidad en redes sociales, posicionándose como una parada obligatoria para quienes recorren la zona de Caacupé. La postal es clara: caminos rurales, cielo abierto y un mar de flores que cambia de tonalidad con la luz del día, ofreciendo escenarios únicos para la fotografía.

La iniciativa, impulsada por Mirna Bogarín, nació como un emprendimiento agrícola que hoy también cumple una función turística estacional.

La buena recepción del público en temporadas anteriores motivó la reapertura del espacio, que vuelve a recibir visitantes en esta nueva etapa de floración.

El acceso es libre, y quienes deseen pueden llevarse un girasol por G. 5.000, sumando un gesto simbólico a la experiencia de la visita.

El campo de girasoles de Cabañas llama la atención por su belleza natural y se convierte en un atractivo turístico en la zona.
El campo de girasoles de Cabañas llama la atención por su belleza natural y se convierte en un atractivo turístico en la zona.

Un paseo abierto todos los días

El campo está habilitado de lunes a domingo, de 7:00 a 19:00, permitiendo disfrutar del amanecer entre flores o de las tardes cálidas que tiñen el paisaje de tonos dorados aún más intensos.

El acceso es sencillo desde el centro de Caacupé. Se ingresa por la avenida Gaudioso Núñez con dirección a la compañía Cabañas.

El campo se encuentra en un entorno rural cercano a la parroquia María Auxiliadora, a unos 200 metros de la Unidad de Salud Familiar II, con llegada accesible incluso en vehiculo.

Naturaleza, emoción y encuentro

El sitio también fue escenario de la actividad “Cosechá emoción con mamá”, que se desarrolló el 14 y 15 de mayo una jornada especial donde el turismo, la naturaleza y los vínculos familiares se unieron en un mismo espacio.

El campo de girasoles de Cabañas se convierte en un escenario especial donde madres e hijos disfrutan juntos de la belleza del lugar, entre sonrisas, abrazos y recuerdos que hacen aún más emotivo este Día de la Madre.
El campo de girasoles de Cabañas se convierte en un escenario especial donde madres e hijos disfrutan juntos de la belleza del lugar, entre sonrisas, abrazos y recuerdos que hacen aún más emotivo este Día de la Madre.

Entre girasoles y rosas, las familias vivieron una experiencia cargada de emociones, fotografías y recuerdos compartidos.

Hoy, este campo no solo representa una propuesta turística emergente, sino también un punto de encuentro donde la naturaleza se convierte en protagonista. En Cabañas, los girasoles no solo florecen en el campo: también florecen en la experiencia de quienes llegan buscando algo más que una simple visita.

Actor estratégico en cultivos

Por otra parte, el girasol (Helianthus annuus) se ha consolidado como un actor estratégico en la rotación de cultivos del país. Introducido formalmente con fines agrícolas hace décadas, el cultivo ha encontrado en el suelo y el clima de la región Oriental, especialmente en departamentos como Itapúa, Alto Paraná y Canindeyú, un ecosistema ideal.

Lejos de ser una especie nativa —cuyo origen se rastrea en América del Norte y su domesticación en México—, las variedades de los campos locales provienen de un riguroso proceso de importación y adaptación de híbridos desarrollados principalmente en Argentina, Brasil y Europa, diseñados para resistir el estrés hídrico y las plagas de la región.

En el mercado paraguayo, la oferta de semillas está dominada por híbridos comerciales de alto rendimiento tecnológico. Entre las variedades más sembradas destacan los híbridos de tipo “oleaginoso”, seleccionados por su alto contenido de materia grasa en grano, y en menor medida, variedades de tipo “confitero”, destinadas al consumo directo. Estos materiales genéticos avanzados garantizan una notable uniformidad en la altura de la planta y la inclinación de la flor, una característica crucial para facilitar la cosecha mecanizada que caracteriza a la agricultura extensiva nacional.

El campo de girasoles de Cabañas encanta a los turistas con su imponente paisaje natural y colores vibrantes, convirtiéndose en uno de los principales atractivos de la zona.
El campo de girasoles de Cabañas encanta a los turistas con su imponente paisaje natural y colores vibrantes, convirtiéndose en uno de los principales atractivos de la zona.

El principal motor económico del girasol en Paraguay es, sin duda, la industria aceitera. Las semillas cosechadas se procesan localmente para la extracción de aceite vegetal de alta calidad culinaria, un producto altamente cotizado tanto para el consumo interno como para la exportación.

Sin embargo, su cadena de valor no termina allí: el subproducto del prensado, conocido como expeller o harina de girasol, posee un elevado valor proteico y se convierte en un insumo clave para la formulación de balanceados destinados a la ganadería bovina y porcina. Asimismo, en los últimos años ha ganado terreno su uso como cultivo de cobertura y abono verde, protegiendo el suelo de la erosión entre las campañas de soja y maíz.

En términos de volumen, la producción anual de girasol en Paraguay experimenta fluctuaciones que dependen estrechamente de los precios internacionales y de las decisiones de planificación de los productores frente a otros rubros competitivos.

Según los registros estadísticos de la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO) y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), la superficie de siembra suele rondar entre las 5.000 y 15.000 hectáreasdependiendo del año, generando un volumen de producción que oscila entre las 10.000 y más de 25.000 toneladas anuales. Aunque no alcanza los niveles masivos de la soja, representa un nicho de rotación invernal fundamental para la sustentabilidad del sistema agrícola.

El éxito de este cultivo en la tierra colorada exige un paquete tecnológico y de cuidados bastante preciso. El girasol requiere un suelo bien drenado, con pH preferentemente neutro a ligeramente ácido, y una preparación profunda que permita la expansión de su pivotante y vigoroso sistema radicular. Al inicio de la siembra, es vital realizar una fertilización balanceada rica en fósforo y nitrógeno, además de un monitoreo constante del boro, un micronutriente esencial para el correcto desarrollo de la flor y la posterior formación de los granos.

El girasol paraguayo demuestra que la ciencia agrícola y la naturaleza pueden aliarse con éxito. El espectáculo visual de los campos amarillos girando en busca del sol no es solo una postal turística efímera, sino el reflejo de un circuito productivo eficiente.