Ubicada en la costa norte de Colombia, en el departamento de Bolívar, el calor afloja, la brisa del Caribe se vuelve protagonista y la ciudad cambia de ritmo y color. Dos playas bien conocidas: Boca Grande y La Boquilla.
Entre murallas centenarias, las plazas con música en vivo son un gran atractivo con sonidos de tambores y danzas de la rica cultura afro.
Mientras, las terrazas con vista a cúpulas iluminadas complementan el paisaje para un turismo nocturno que revela otra Cartagena.
Su corazón histórico –con la Ciudad Amurallada– se levanta frente al mar y se conecta con barrios tradicionales como Getsemaní y con zonas modernas junto a la costa. Es una de las puertas más conocidas del Caribe colombiano y un punto ideal para combinar historia, gastronomía y vida nocturna en pocas cuadras.
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¿Cuándo ir? Este destino funciona gran parte del año debido a su clima tropical: cálido. Pero los expertos lo recomiendan entre diciembre y abril, por la sensación de menor humedad y cielos más despejados.

La primera caminata
Murallas, plazas y el plan más cartagenero. Para entender qué hacer en Cartagena de noche, conviene empezar por algo sencillo: caminar. Zapatos cómodos y buena carga de batería para captar las mejores tomas fotográficas.
El trazado colonial de la Ciudad Amurallada –de elegancia histórica– invita a perderse entre balcones floridos, faroles cálidos y callecitas que desembocan en plazas.
A medida que avanza la noche, la escena se arma sola: parejas en bancos, grupos buscando una heladería y algún que otro café, músicos callejeros, fotógrafos y viajeros que contemplan las fachadas.
Un imperdible es subir a las murallas al atardecer y quedarse cuando ya es de noche. Hay bares y restaurantes con menús para todos los presupuestos.
El recorrido por las costaneras permite ver cómo la ciudad se enciende: la línea de la costa, las cúpulas de iglesias y el perfil urbano a lo lejos. Es una de esas postales que explican por qué visitar Cartagena en la noche, incluso si ya se la conoce de día.

Cuando la ciudad se ilumina
La Cartagena nocturna tiene puntos clásicos que funcionan como brújula. Estos son los lugares más simbólicos:
Torre del Reloj: puerta de entrada a la ciudad histórica, el movimiento es constante. Desde allí se llega en minutos a la Plaza de los Coches, con ritmo de paseo nocturno.
Plaza Santo Domingo: reúne mesas al aire libre y un pulso animado que suele extenderse hasta tarde, ideal para sentarse a mirar el ir y venir de una ciudad con identidad propia.

Catedral de Santa Catalina de Alejandría: se vuelve un faro arquitectónico bajo luces suaves, perfecta para una parada breve antes de seguir. En una de sus esquinas y junto a la calle del arzobispado se encuentra la estatua de bronce en tamaño real del papa Juan Pablo II (ahora santo).
Plaza de la Trinidad: un lugar de encuentro muy cartagenero con viajeros que llegan caminando, locales charlando en las escalinatas, vendedores con snacks típicos y un clima de barrio que se siente espontáneo. Es una gran respuesta para quien se pregunte qué lugares visitar en Cartagena cuando busca algo más informal, cercano y fotogénico.
Plaza de la Aduana: amplia y señorial, y por las calles que conectan con el borde de muralla, donde la brisa hace que el calor se sienta más amable.

Getsemaní: bohemia e intensa
Getsemaní merece una mención especial. Murales, bares con ritmo y noches de barrio. Es el rostro más bohemio y de intensa creatividad de la ciudad.
De noche, sus calles se llenan de gente y de música; hay murales que ganan profundidad bajo la luz y bares donde suenan ritmos caribeños. Habrá que hacer una parada obligada en los bares que rinden tributo al Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, con sus mariposas amarillas, también protagonista de su célebre obra “Cien Años de Soledad”.

¿Qué hay de la gastronomía?
Los sabores caribeños son para disfrutar sin prisa, pero también es parte del paseo elegir algo, seguir caminando y dejar que la noche marque el ritmo.
En su mayoría aparecen cartas de autor y en platos sencillos. Los protagonistas son los pescados y mariscos, arroz con coco, patacones (de plátanos) y preparaciones que combinan algo de dulce y sal.
Para acompañar, los jugos de frutas tropicales se encuentran tanto como cócteles clásicos como en versiones locales. Una de las escenas más típicas, especialmente en plazas y alrededores de puntos concurridos, es la de los puestos y carritos con bocados.

La noche suele tener lugares con música en vivo y también espacios donde la atracción es la atmósfera: patios internos, terrazas altas o barras pequeñas escondidas detrás de portones discretos. Entre los planes más buscados aparece el de “tomar algo en una terraza” con vista a los tejados de la ciudad histórica.
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