Santa María de Fe celebrará a su patrona entre historia y tradición

Multitud durante la procesión, con la Virgen María adornada con flores, en un ambiente de solemnidad y devoción.
La tradicional procesión de la imagen de la Virgen Santa María de Fe recorrerá las calles de la ciudad durante la celebración religiosa, acompañada por familias y fieles de la comunidad.Jesús Riveros

Santa María de Fe celebrará este martes a su patrona con una jornada de fe y tradición, en una comunidad que conserva entre sus calles, tallas de madera y antiguos manantiales, huellas de más de cuatro siglos de historia.

La capital de la fe misionera, Santa María de Fe, se prepara para celebrar este martes 8 de septiembre a su santa patrona, cuyo nombre identifica a esta histórica ciudad del octavo departamento de Misiones.

La jornada estará marcada por la tradición, la devoción y la participación de familias de la comunidad y visitantes.

La fecha tiene un significado especial para los católicos, ya que la Iglesia celebra la Natividad de la Santísima Virgen María, que conmemora el nacimiento de la madre de Jesús.

Las actividades religiosas comenzarán a las 8:00, con la procesión de la imagen de Santa María por las principales avenidas de la ciudad. La manifestación de fe reunirá a la feligresía local y a visitantes que cada año llegan hasta esta comunidad para participar de la celebración y renovar su devoción.

Posteriormente, a las 09:00, se celebrará la misa en el templo local, que será presidida por el obispo de la Diócesis de Misiones y Ñeembucú, monseñor Osmar López.

Historia de la capital de la Fe Misionera

Los orígenes de Santa María de Fe se remontan al siglo XVII. Los constantes ataques de los bandeirantes portugueses obligaron a los pobladores a desplazarse.

Finalmente, en 1669, la reducción fue trasladada al sitio donde se encuentra actualmente la ciudad de Santa María de Fe.

A partir de entonces, la comunidad comenzó a adquirir una importancia creciente dentro del sistema de reducciones jesuíticas. Para 1728, Santa María de Fe, contaba con 6.954 habitantes, según registros históricos, convirtiéndose en uno de los pueblos más importantes de las misiones.

Altar con la figura de la Virgen María sosteniendo al Niño Jesús y decorado con flores de colores, en ambiente religioso solemnemente iluminado.
Imagen de la Virgen Santa María de Fe, patrona de la histórica ciudad misionera, que congregará a los fieles durante la tradicional celebración religiosa.

Su crecimiento también permitió el surgimiento de nuevos asentamientos. De este territorio partieron grupos que posteriormente dieron origen a poblaciones como Santa Rosa, San Joaquín y San Estanislao de Kostka.

El arte que sobrevivió al paso del tiempo

Pero el mayor legado de aquella época no está solamente en los documentos históricos. Está también en la madera.

Los guaraníes fueron instruidos por los religiosos en diferentes oficios y desarrollaron una extraordinaria capacidad para la talla de imágenes religiosas.

Santa María de Fe se convirtió así en uno de los principales centros artísticos de las reducciones, con la participación de religiosos como Joseph Brassanelli y Antonio Sepp.

El museo de Santa María preserva la riqueza del arte sacro guaraní, mostrando la herencia cultural de las misiones jesuíticas.
El museo de Santa María preserva la riqueza del arte sacro guaraní, mostrando la herencia cultural de las misiones jesuíticas.

Muchas de aquellas piezas sobrevivieron a guerras, incendios y al paso de los siglos y actualmente forman parte del patrimonio cultural de la ciudad.

Uno de los episodios más recordados ocurrió en 1889, cuando un incendio destruyó la antigua iglesia jesuítica. Sin embargo, los pobladores consiguieron rescatar numerosas imágenes, ornamentos y otros tallados en madera.

Aquellas piezas, que estuvieron en riesgo de desaparecer para siempre, hoy constituyen parte de la memoria material de Santa María de Fe.

En 1981 se inauguró el Museo de Arte Jesuítico Guaraní, instalado en una antigua construcción vinculada a las casas de indígenas de la reducción.

El espacio conserva una importante colección de imágenes y piezas relacionadas con el arte barroco guaraní.

Ykua Teja, el manantial que sobrevivió a los siglos

Hay lugares donde la historia no necesita ser explicada: basta con acercarse y observar. Ykua Teja es uno de ellos. El antiguo manantial de Santa María de Fe permanece como una de las huellas más visibles de la época de las reducciones jesuíticas y como un sitio que todavía forma parte de la vida cotidiana de los pobladores.

Ykua Teja fue la primera fuente de agua de la misión jesuítica y hoy, además de seguir siendo vital para los pobladores, es un atractivo turístico en Santa María de Fe.
Ykua Teja fue la primera fuente de agua de la misión jesuítica y hoy, además de seguir siendo vital para los pobladores, es un atractivo turístico en Santa María de Fe.

Según la tradición histórica, cuando los jesuitas establecieron la reducción buscaron una fuente de agua limpia para abastecer a la población y encontraron este manantial natural.

De allí nació su nombre: ykua, en guaraní, hace referencia a una fuente o naciente de agua, mientras que teja alude al techo de tejas que protegía la vertiente.

La importancia del lugar no terminó con las reducciones. Con el paso de los años, Ykua Teja se convirtió también en un espacio de encuentro para la comunidad y llegó a funcionar como una lavandería comunitaria. El agua siguió corriendo mientras alrededor de la fuente transcurría parte de la vida cotidiana de los pobladores.

Hoy, rodeado de áreas verdes, Ykua Teja es también un atractivo turístico. Pero su importancia va mucho más allá del turismo: es un testimonio vivo de la antigua misión y uno de los pocos manantiales vinculados a las reducciones que continúa conservándose y utilizándose hasta nuestros días.

Incluso los pobladores recurren al lugar cuando se registran cortes en el suministro de agua corriente.

Así, Santa María de Fe llega a una nueva celebración patronal con una historia que permanece viva en sus calles, en sus templos, en las tallas de madera y en lugares como Ykua Teja.

La fe y la memoria se entrelazan en una comunidad que, cuatro siglos después de sus primeros asentamientos, continúa preservando las huellas de un pasado que forma parte esencial de la identidad misionera.