El basket femenino causó furor en los Juegos Suramericanos Asu2022. Y, sin embargo, son los propios dirigentes los que no han dado muestra alguna de valoración al basket femenino local.
Entre junio y octubre, las mujeres sumaron tres consagraciones internacionales. Todo esto sin haber disputado siquiera un partido oficial a nivel local. Es más, siendo el 10 de octubre, hasta hoy no se intentó siquiera programar un encuentro oficial de la liga femenina.
Las Panteras, como se conoce a las componentes de nuestra selección de baloncesto femenino se convirtieron en unas de las favoritas del público paraguayo en la primera semana de los Juegos Suramericanos.
Y no es para menos, es que las chicas se encargaron de llevar al basket paraguayo a lo más alto de la competencia regional. Ya en la modalidad 3x3 alcanzaron la medalla de plata, siendo una modalidad en la que nunca antes se había competido de forma oficial en nuestro país. El domingo alcanzaron otra vez la medalla de plata en la modalidad 5x5.
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La noche del domingo, ante un Arena SND repleto, la selección paraguaya sumó una medalla más. Con Paola Ferrari, sin duda la basquetbolista mujer más relevante en la historia del deporte en Paraguay y una de las más grandes de esta disciplina, las chicas se consagraron y ante su gente.
La misma Paola se encargó de encabezar el plantel que consiguió la medalla de plata en el 3x3. Así sumaron dos medallas en menos de una semana, mientras que la selección masculina quedó en cuarta posición en esta modalidad.
Junto a Paola Ferrari, lucieron los nombres de Matu Peralta y Jazmín Mercado, entre otras enormes guerreras como Carolina Cáraves, Astrid Huttemann o Andrea Gómez, solo por citar a algunas. Matu y Jazmín son dos guerreras que también tienen un nombre propio en el basket femenino paraguayo.
Paola, Matu y Jazmín formaron parte del plantel de Félix Pérez Cardozo que disputó y ganó de forma invicta la Liga Sudamericana en junio pasado. Ya en ese entonces se había hablado de la incertidumbre generada sobre el torneo local, algo que parecía que iba a cambiar, pero que sigue sin ocurrir.
Las chicas tuvieron que jugar un par de amistosos para intentar agarrar ritmo de competencia y así fueron al torneo continental. Y lo ganaron sin titubear. Ya entonces el grito era que no estaban dispuestas a dejar morir al basket femenino paraguayo.
Esa misma falta de ritmo de competencia volvió a marcar el camino rumbo a los Juegos Odesur. Al igual que en la previa de la Liga Sudamericana, fueron ellas mismas quienes intentaron ganar ritmo. Alguna de las jugadoras incluso acudía a practicar con los componentes de los equipos masculinos.
Si queremos ampliar aún más el espectro, gran parte del plantel que consiguió la medalla de plata en Asu2022 había alcanzado ya el bronce en los Juegos Odesur de Cochabamba 2018. En menos de cinco años, nos hicieron lucir varias veces.
Y aún así, sigue el menosprecio.
Las chicas no tienen una liga que les genere ingresos para poder soñar con sostenerse del deporte que aman y con el que nos representan de manera grandiosa. Tienen que trabajar en varios lugares y otra vez arreglar tiempos para poder practicar de forma solitaria.
Y, por si quedaba alguna duda de la grandeza de las mujeres, Matu y Jazmín hicieron malabares para compaginar las ganas de competir con el rol de madre y hasta sus propias actividades profesionales. Ambas tenían a sus pequeños cerca de ellas y entre partido y partido se encargaron de que no les faltara nada.
Pero todo este furor y destaque debería cambiarse por cuidado real de nuestras atletas.
En 2021 hubo apenas cuatro equipos en la Liga Nacional Femenina que arrancó con varias promesas que nunca se cumplieron y apenas dos finales difundidas. Estando en octubre, no se habló siquiera de programar un torneo o de buscar alternativas para que el deporte sume equipos del interior.
Básicamente, la última vez que hubo una liga femenina de basket de primera división en forma fue en 2019, porque el 2020 fue un año prácticamente perdido por la pandemia.
Aún así, ellas no se cansaron de pelear por SU deporte. Buscaron espacios con sus colegas hombres, se gestionaron sus propios amistosos. Si el basket femenino sigue vivo en Paraguay es por ellas, por las jugadoras, porque si dependiera de su Confederación, hace rato que ya no existiría.
Las Panteras cumplieron, ahora son otros los que deberán cumplir y demostrar que las valoran de verdad
