El anuncio del Memorándum de Entendimiento entre los gobiernos de Paraguay y Taiwán para la creación de un centro de datos de Inteligencia Artificial (IA) está generando reacciones en el sector energético. El Ing. Pedro Ferreira, expresidente de la ANDE, analizó los alcances del documento y lanzó duras advertencias sobre los riesgos de comprometer la soberanía energética sin beneficios tangibles para el desarrollo nacional.
El proyecto, que contempla la creación de una entidad binacional denominada Yguazú Digital (YD), se desarrollará en tres fases: una piloto, de 10 MW; una expansión regional, de 100 MW y una ambiciosa meta global de hasta 1.000 MW (1 GW). Para dimensionar la magnitud, el consumo final pretendido equivale casi a la capacidad de una Unidad Generadora de Itaipú y media (700 MW cada una) o a casi cinco veces la potencia total de la Central Acaray (210 MW).
Uno de los puntos más polémicos para Ferreira es la cláusula de exclusividad, establecida en el punto 6 del memorándum. Según el Ferreira, esta disposición impide que Paraguay negocie su energía con mejores oferentes. “No sé por qué tiene ese título. El Paraguay no puede cerrar las puertas a que el mejor oferente por nuestra energía disponible dé una buena oferta. No necesariamente tiene que ser con el primero con el que hablemos", cuestionó.
Lo que dice el acuerdo en ese punto es que “Salvo pacto en contrario, tras la firma de este Memorando de Entendimiento (MOU), ambas Partes se comprometen a dialogar, comunicarse y preparar con mayor detalle los planes y pasos para la implementación del Proyecto”.
Agrega que “Ninguna de las Partes tiene la intención de ofrecer, solicitar o negociar la posible cooperación (ni ninguna otra forma de efecto similar) ni de divulgar información sobre el Proyecto a ningún país que no sea parte del presente MOU, hasta que ocurra primero (i) la finalización del Proyecto o (ii) la terminación de este MOU de conformidad con sus términos y condiciones”.
El experto señaló que las autoridades actuales “se van en dos años”, pero la energía que se compromete es de largo plazo y no replicable. “No vamos a poder tener otro Itaipú ni otro Yacyretá. No hay otro río Paraná. Estamos empeñando la mayor riqueza que le dejamos a nuestros hijos”, dijo y subrayó que el país debe elegir cuidadosamente si prefiere usar su electricidad para criptominería, hidrógeno verde o fábricas de fertilizantes pero basándose en la rentabilidad.
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¿Desarrollo o simple extractivismo energético?
Ferreira reveló haber mantenido conversaciones con diplomáticos taiwaneses, quienes le confirmaron que el interés primordial es el usufructo de la energía eléctrica. Esto clasifica al proyecto como una industria electrointensiva digital, que a diferencia de otras industrias, capta poca mano de obra directa si no existe un plan de transferencia de conocimientos.
“No he visto que en el documento se hable de transferencia de conocimiento. Si alguien quiere fantasear con que nos volveremos el número uno en IA porque alguien ponga un tinglado grande, debe saber que la IA requiere matemáticos y pensadores, no solo cables", explicó. Criticó que el acuerdo parece que obligar a Paraguay a entregar un recurso escaso a cambio de promesas de inversión que no garantizan el desarrollo de sectores intelectuales emergentes.
El fin de los excedentes para el 2030
La preocupación técnica más urgente señalada por Ferreiro radica en el agotamiento de los excedentes de energía. Paraguay ya superó picos de demanda de 5.000 MW y se encamina a los 6.000 MW, mientras que la producción disponible de Itaipú para el país es de 7.000 MW. Al sumar proyectos de 1.000 MW como el de Taiwán, la fecha de vencimiento de nuestra energética excedente se adelanta peligrosamente.
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“Estamos hablando de que para el 2030 nos quedamos sin excedentes. Eso es muy pronto y no da tiempo para construir nuevas represas. Ni siquiera terminamos Aña Cuá, que se planeó hace diez años", advirtió Ferreira. Además, señaló que a diferencia de las criptomineras, a estos centros de datos no se les puede cortar el suministro en horas de punta de carga, lo que obligará al sistema paraguayo a decidir quién se queda sin luz durante los picos de consumo.
Demoras en infraestructura y Anexo C
El ex titular de la empresa estatal eléctrica criticó la gestión del Gobierno en cuanto a los tiempos. Afirmó que el país se está moviendo tarde para cerrar el Anexo C de Itaipú y que las obras de transmisión, como la línea de Yguazú-Valenzuela no avanzan al ritmo necesario para garantizar que en enero de 2027 Paraguay pueda utilizar o vender toda su energía a precios de mercado.
Para Ferreira, el acuerdo con Taiwán, tal como está planteado, carece de la “pata” de la producción. “Si se va a hablar de consumir grandes cantidades, se debe hablar en paralelo de cómo se va a producir esa energía”, concluyó, dejando en claro que sin una tarifa justa o un plan de ingeniería nacional, el proyecto es solo un “sueño” que podría salirle muy caro al futuro del país.
