El informe plantea un marco de tres vías de acción para aprovechar este potencial: adoptar herramientas existentes, adaptarlas a las realidades locales y avanzar en la participación de la frontera tecnológica.
Intentar competir en la frontera de la IA resulta inviable para la mayoría de los países en desarrollo debido a los altos costos de infraestructura y procesamiento. Por ello, la estrategia más efectiva consiste en comenzar por la adopción e impulsar decididamente la adaptación contextual de los modelos preexistentes.
En lugar de centrarse en grandes modelos de lenguaje, el estudio resalta la enorme utilidad de la “IA pequeña”. Se trata de modelos ligeros y enfocados en tareas específicas que pueden operar sin conexión a internet, con un bajo consumo de energía y se ejecuta directamente en computadoras portátiles o teléfonos móviles básicos.
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Ejemplos como la aplicación Nuru para diagnosticar enfermedades agrícolas en hojas, o el sistema Cough Against TB para detectar tuberculosis mediante el análisis del sonido de la tos, demuestran cómo la IA puede suplir la escasez de profesionales cualificados en el campo y en las clínicas.
Asimismo, en Ghana, la plataforma tutorizada Rori enseña matemáticas mediante mensajes de texto en redes de baja calidad por solo US$ 5 por estudiante.
En el ámbito laboral, el riesgo inmediato de desplazamiento masivo de puestos de trabajo es menor en los países en desarrollo que en las economías avanzadas, ya que la fuerza laboral realiza predominantemente labores manuales.

La IA actúa principalmente como un complemento que eleva la productividad de pequeñas empresas y de trabajadores menos experimentados. No obstante, existen sectores expuestos como la subcontratación de Procesos de Negocio (que incluyen centros de llamadas y servicios de oficina), en los cuales las tareas rutinarias de oficina se automatizan con rapidez.
Para desplegar estas tecnologías de manera efectiva, los países deben garantizar primero sus complementos analógicos y digitales. Factores como la falta de electricidad confiable, el acceso limitado a internet de banda ancha, la escasez de dispositivos inteligentes y las deficiencias en la educación básica continúan siendo barreras críticas. Sin inversiones sostenidas en estas bases, la brecha en la intensidad de uso de la IA entre economías avanzadas y en desarrollo se profundizará.
Adicionalmente, el informe señala que las principales características de la IA tienen importantes implicancias para el desarrollo y los gobiernos deben desempeñar tres funciones clave frente a su avance: habilitar, adoptar y regular.
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En su papel de habilitadores, deben generar las condiciones necesarias para que el sector privado pueda incorporar y desarrollar soluciones basadas en IA, mediante el fortalecimiento de la conectividad, el acceso a energía y las capacidades digitales.
Como usuarios, pueden aprovechar herramientas de IA predictiva para mejorar la asignación de recursos, anticipar riesgos y agilizar los procesos administrativos.
Por último, como reguladores, se recomienda avanzar inicialmente con estándares voluntarios y flexibles que protejan la privacidad y reduzcan posibles sesgos, lo que evitaría marcos excesivamente rígidos que puedan limitar la innovación local.
Particularmente, en Paraguay, se comenzaron a explorar mecanismos de gobernanza adaptativa para la IA. En 2026, el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (MITIC), con apoyo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ, por sus siglas en alemán), organizó un taller centrado en el análisis de sandboxes regulatorios de IA, concebidos como espacios controlados para probar nuevas aplicaciones, evaluar sus efectos y generar evidencia antes de establecer reglas definitivas.
Este tipo de iniciativas plantea una alternativa para acompañar el rápido desarrollo tecnológico sin establecer marcos regulatorios que puedan quedar rezagados frente a la velocidad de la innovación.
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En este contexto, el desafío de Paraguay no se limita a incorporar la inteligencia artificial en sus procesos productivos y en la prestación de servicios, sino también a desarrollar las capacidades institucionales necesarias para orientar su adopción de manera responsable.
* Este artículo fue elaborado por MF Economía e Inversiones.
