El canto de Lora-y aparece en un relato que el mismo Alberto Vojtech Fric (se pronuncia “frich”) escribió a pedido de uno de sus editores, Alois Konícek, quien lo hizo público en Praga, en 1918, bajo el título de “A. V. Fric entre los indios”, y cuya copia fue cedida ahora en la capital de la República Checa a nuestro diario por descendientes del explorador.
Reproducimos aquí la parte que corresponde al canto de Lora-y en la despedida, en una barranca situada “a pocas leguas” aguas abajo de Fuerte Olimpo. Lora-y y Fric llevaban de “casados” solo algunas semanas. Fue en el ínterin en que Fric estaba buscando, ya hacía dos meses, la forma de sortear una gran inundación, casi sin precedentes, y llegar de nuevo a Asunción por el río Paraguay.
“En sus impasibles caras reconocí confusión. ¡Su hospitalidad tiene defectos que no se dejan quitar! Volvieron al fuego. Después de un rato de silencio resonó un largo canto ritual:
‘Hwathé, dit-té, niod-chikté – ilheté niodchikté....’
Esto lo cantaba Pato Negro (Lora-y). ¡Cuánto debía ser su amor, ya que no sólo le habían permitido asistir a la reunión de los hombres sino también cantar su tristeza!
La sirena anunció la llegada del vapor. Dentro de media hora estaría allí. Fui al fuego. Mi decisión de partir comenzó a vacilar.
Hasta ahora ese canto me suena en los oídos:
El cocodrilo blanco edificó un nido sobre el río, se lo quitó el gran agua. Loray quiere a Águila Blanca, pero tiene que cantar su tristeza. El blanco no puede quedarse aquí, no sería feliz, Loray vería sólo sus ojos tristes. Se irá allí donde viven su padre y su madre, volverá a los lugares donde vive su pueblo, encontrará una novia blanca, como es él mismo.
¡Sus ojos lucirán como los ojos de un tigre! Pero a veces, en la noche, verá a Pato Negro, y oirá que continúa cantando su tristeza. Entonces su alma volverá y verá que Loray sigue cantando. El alto blanco a veces también cantará la canción de ella. Loray cantará su tristeza siempre para que los ojos de Águila Blanca puedan ser alegres....
El estruendoso bufido con el cual los hombres señalaron su acuerdo y alabanza a los versos fue interrumpido por el estridente sonido de la sirena.
En el puerto, la cadena del ancla sonó con estrépito. El canto calló”.
El relato de A.V. Fric tiene varias páginas, en las que da detalles de como conoció a Lora-y y a su gente, de cómo se hizo “esposo” de la mujer chamacoca, pero en ningún momento da idea siquiera de que de aquella unión pudiera haber nacido descendencia. Esto indicaría que quizá Fric no sabía, cuando escribió el relato en 1918, que su hija Herminia existía y que ya estaba en plena adolescencia, con 12 años o más.
El alma de Fric no volvió probablemente, pero sí su sangre, un siglo después, y encontró el “canto” de Loray en la comunidad chamacoca de Pto. Esperanza (Chaco) repetido en centenares de descendientes (hoy son casi 200).
Fue en 2002 cuando Pavel Fric, nieto de A.V. Fric, vino al Paraguay con su esposa Yvonna Fricova y encontraron todavía viva a Herminia, su tía, la hija del explorador. Volvieron en 2005 para festejar el centenario de su nacimiento. Finalmente, Herminia falleció en el 2009, con más de cien años. El canto de Lora-y había durado lo suficiente, y más, para permitir el reencuentro.
Hoy los descendientes de Fric se hacen llamar “checomacocos” y mantienen un fluido relacionamiento con sus parientes Fric de la República Checa.
