Indiferencia por la salud pública está costando vidas de la gente

Una enfermera del Hospital Regional de Paraguarí dio a luz normalmente y fue dada de alta; a los pocos días tuvo que regresar debido a un sangrado y a fuertes dolores, siendo sometida a una operación quirúrgica que no pudo impedir su deceso. Otro hecho similar ocurriò en el Hospital Materno-Infantil de Loma Pyta, Asunción, donde una madre falleció tras haber sentido fuertes dolores luego de un parto por cesárea. Un hematólogo del Hospital Central del IPS, que sufrió un aneurisma, debió ser operado en un sanatorio privado, pues el equipo de su empleador no estaba operativo. Estos y otros hechos ocurrieron en los últimos días en la capital del país o no muy lejos de ella, por lo que es razonable suponer que la situación sanitaria en el Paraguay profundo sería aún peor. Los indignantes sucesos mencionados son apenas la punta de un enorme iceberg, contra el que cada día se estrellan miles de pacientes.

Una enfermera del Hospital Regional de Paraguarí dio a luz normalmente y fue dada de alta; a los pocos días tuvo que regresar debido a un sangrado y a fuertes dolores, siendo sometida a una operación quirúrgica que no pudo impedir su deceso. El caso de presunta negligencia médica fue denunciado ante una comisaría local y está siendo investigado por el Ministerio Público. Otro hecho similar ocurrió en el Hospital Materno-Infantil de Loma Pytã, Asunción, donde una madre falleció tras haber sentido fuertes dolores luego de un parto por cesárea. Según sus familiares, no fue asistida por el personal de enfermería, pese a sus reiterados pedidos, y en el acta de defunción no se indicó la causa de la muerte. Se hará una “auditoría integral de oficio”, según anunció Roberto Melgarejo, superintendente de Salud.

En otros casos, los pacientes del Hospital Regional de San Lorenzo se quejan de que la falta de medicamentos, de insulinas y de jeringas les obliga a comprarlos ellos mismos; además señalan las demoras y la pobre atención en el centro de imágenes tercerizado. A la carencia de fármacos en el sistema sanitario, se agregaría el abuso político-partidario, como habría ocurrido en San Bernardino con el reparto de medicamentos del Ministerio de Salud a correligionarios, en el marco de la campaña electoral en auge.

Los deplorables hechos referidos ocurrieron en los últimos días en la capital del país o no muy lejos de ella; es razonable suponer que la situación sanitaria en el Paraguay profundo sería aún peor, aunque la percepción de las autoridades paraguayas en diversas esferas del poder, que al parecer viven en una burbuja, contradicen a las denuncias cotidianas de las personas. Así, el director del Instituto de Previsión Social (IPS), doctor Jorge Brítez, sostiene que la situación de la previsional es “diez veces mejor que hace dos años”, como si no conociera el vía crucis diario y las denuncias de los pacientes y familiares. Por su parte, el comandante de la Policía Nacional, comisario general Carlos Benítez, afirma que disminuyeron el sicariato y otros hechos delictivos, y que la inseguridad es solo fruto de la percepción de la gente, pese a los graves casos que se denuncian constantemente.

En efecto, a la reciente “muerte evitable” de un asegurado porque los dos angiógrafos del Hospital Central del IPS no funcionaban, se agrega el suplicio de los pacientes de la capitalina Clínica Periférica 12 de Junio y de otros nosocomios, que deben madrugar para lograr un turno de atención y comprar remedios, aparte de temer la suspensión de cirugías y de estudios, pues también en ellos hay equipos fuera de servicio. Parece un caso de humor negro: un hematólogo del Hospital Central del IPS, que sufrió un aneurisma, debió ser operado en un sanatorio privado, pues el equipo de su empleador no estaba operativo. También en lo que atañe a la entidad previsional, es presumible que en el interior del país las carencias sean aún más graves y que, por ende, sean aún más frecuentes las “muertes evitables”, de las que habló el propio superintendente de Salud.

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Entretanto, ni el presidente Santiago Peña ni la mayoría de los legisladores –que tienen la suerte de no verse forzados a recurrir a los servicios de los hospitales del Ministerio en cuestión ni a los del IPS– generalmente no toman nota del dramático estado del sistema sanitario: el uno parece más interesado en viajar a menudo al exterior para, por ejemplo, probar autos lujosos en Dubái, en tanto que los otros se abocan más bien a instalar amigos y parientes en la función pública, así como a precautelar sus jubilaciones de privilegio.

Los indignantes hechos acaecidos las últimas semanas son apenas la punta de un enorme iceberg, contra el que cada día se estrellan miles de pacientes. Aparte de la corrupción y de la ineptitud reinantes en los organismos responsables de la salud pública, también la indiferencia de la “clase política” hace que los pacientes corran el riesgo de perder la vida por falta de atención oportuna: ellos no “están mejor” ni lo estarán, mientras el sistema sanitario siga en manos de quienes son incapaces de conmoverse ante el drama que sufren sus prójimos.