Con el apoyo de la Administración de Control de Drogas (DEA) de los Estados Unidos y gracias a las revelaciones del allí preso y procesado Sebastián Marset y de sus teléfonos móviles, en Bolivia empezó a ser desmantelada una organización criminal liderada por el Primer Comando da Capital (Brasil) e integrada por el Comando Vermelho (Brasil) y el Primer Comando del Uruguay, según dijo Jorge Santistevan, secretario de Seguridad Ciudadana de la Gobernación Departamental de Santa Cruz.
Más de una docena de personas fueron detenidas, entre ellas el propio fiscal general Roger Mariaca, y otros miembros del Ministerio Público, de la judicatura y de la Policía, por haberse presuntamente confabulado con quienes se dedicaban al narcotráfico, a través del Brasil y el Chaco paraguayo, según Santistevan. En el marco del operativo, se difundió un video en el que, al ser detenido el 13 de marzo, Sebastián Marset trata de “amigo” a Mariaca, fiscal general desde 2024, con quien habría hablado sobre el control del órgano que dirigía.
Atendiendo estos antecedentes, se puede presumir que el uruguayo tenía también entre nosotros amigos de alto rango, que estarían preocupados por lo que él y sus teléfonos móviles pudieran seguir revelando ante un tribunal federal norteamericano, en virtud de un acuerdo con la Justicia de ese país.
Desde luego, no habría tenido en Paraguay como únicos camaradas a su secretario y asesor logístico Dionisio Cáceres, en prisión preventiva por narcotráfico y asociación criminal, y al exparlamentario Erico Galeano, condenado por lavado de dinero, cuyo avión utilizaba asiduamente. Es probable que estén poniendo sus barbas en remojo. Si huyó a tiempo de los efectos de la Operación A Ultranza PY es porque presumiblemente fue advertido en forma oportuna, tal vez a cambio de una generosa retribución, por quien o quienes seguirían ocupando algún alto cargo. Según la publicación Insight Crime (2025), Marset se inició en el narcotráfico en 2012, cuando recibió en su país una carga de marihuana enviada desde el Paraguay por un tal Juan Domingo Viveros Cartes. Condenado más tarde por narcotráfico, el uruguayo salió en libertad en 2018 y, tras viajar a Bolivia, se radicó en el Paraguay en 2019.
El antecedente penal de Sebastián Marset no le habría impedido montar, entre otras, una firma automovilística de fachada para lavar dinero y, de paso, jugar en un club de fútbol de Capiatá vinculado con el exlegislador antes citado. En 2021, fue detenido en Dubái por valerse de un pasaporte paraguayo falso, en el que figuraba como paraguayo naturalizado. El Ministerio Público llegó a imputarlo –tardíamente– por tráfico internacional de drogas, asociación criminal y lavado de dinero, asociado con el hoy presidiario Miguel Ángel Insfrán (Tío Rico).
Aparte de jugar al fútbol en el club capiateño presidido por Erico Galeano, quien aparenta ser un verdadero pez gordo del crimen organizado, montó una red delictiva con el auxilio de servidores públicos, según surge de lo que afirmó el jefe de la Secretaría Nacional Andidrogas, Jalil Rachid. Recordó haber predicho que “cuando él hable van a caer como moscas” sus colaboradores. “Así como trabajaba en Bolivia, trabajó acá, y acá también corrompió a funcionarios”, sostuvo.
Dijo más Jalil Rachid: “Marset hizo en Bolivia una réplica de la estructura que manejaba en Paraguay, pero a mayor escala. Movía muchísimo dinero (...) el lugar donde fue aprehendido (...) queda a cuadras de la Fiscalía. La Senad, en su momento, fue infiltrada por esta estructura. Eso todo el mundo sabe y se está discutiendo en un juicio oral”. Poderosas razones entonces para investigar a fondo en el Paraguay el alcance de la estructura de la organización del uruguayo, y sus conexiones, incluyendo en el ámbito político y en el Gobierno.
El presidente Santiago Peña siempre destaca la pertenencia de su Gobierno, como socio fundador, del programa “Escudo de las Américas”, impulsado por el presidente norteamericano, Donald Trump, que tiene entre sus objetivos el combate contra el crimen organizado y el narcotráfico. Estaría muy bien que esa organización realice una exhaustiva investigación en el Paraguay, a todas luces permeado por esas lacras.