Sobre la forma en que los ciudadanos eligen a los futuros gobernantes o representantes los expertos sostienen que los votantes primero deciden con el corazón, luego con el estómago y finalmente con el cerebro.
Hay fuertes indicios de que nuestros electores en los próximos comicios internos y luego en las generales votarán también de la misma forma, anteponiendo las emociones y las necesidades al razonamiento.
Pero se supone que el voto-pensante deberá hacerlo de la manera correcta. Es decir, votando a los candidatos correctos con los proyectos que tienden a beneficiar al país, no a quienes buscan privilegios para sus grupos, sus partidos y para ellos mismos.
Mucho menos a quienes ofrecen favores a cambio del voto o a quienes solo ofrecen buena imagen.
Educar con el ejemplo
Aún suponiendo que se volviera a votar con el corazón y el estómago primero, por la intervención en el proceso de votación de la industria del marketing que logra convertir a sus candidatos en “emoticones” y por la injerencia del prebendarismo que convierte a los electores en clientes con deudas pendientes, la tarea del voto-pensante es justo el trabajo atrasado e incompleto de la ciudadanía con respecto a la totalidad de sus miembros: avanzar, en el terreno del voto-corazón y voto-estómago, con la herramienta de educar con el ejemplo.
Esto no significa otra cosa en tiempos electorales que combinar la aceptación de candidaturas con el trabajo de educación cívica, teniendo en cuenta que anualmente se incorporan al mercado electoral miles de jóvenes “primerizos” en el arte de votar y elegir.
Si es cierto que el cerebro está activado constantemente para eliminar los riesgos o cuando menos minimizar los peligros que toda persona debe afrontar, es necesario encontrar la fórmula de advertir a la ciudadanía, es decir, aleccionar a personas como cualquiera de nosotros, que a pesar de sus necesidades materiales y emocionales sus malas decisiones producen daños al país y, por ende, a ellos mismos.
Se dirá qué es lo que siempre se hace desde una u otra posición (oficialismo vs. oposición), pero siempre la gente se deja seducir por las prebendas o por sus compromisos, su tradición, amistad o por la buena imagen de los candidatos, aunque estos carezcan de propuestas. Sin embargo, según el politólogo Daniel Eskibel, el cerebro lo hace todo porque “dirige la orquesta de tu cuerpo y hace funcionar todos los sistemas del cuerpo humano”. El mismo agrega que el cerebro tiene la función de proteger a la persona, “de mantenerla viva” y segura de cualquier amenaza advirtiendo los peligros externos mediante un proceso de escanear la realidad.
En consecuencia, creo que todo depende de “ayudar” a los cerebros proclives a los emoticones y al voto-estómago avisándolos que tienen en el box un mensaje aún no abierto y que por el bien de todos y del país es necesario revisarlo porque se trata de una advertencia: hay una situación de riesgo en la cual están involucrados.
Hacer el relato
Es aquí donde aparece el término de moda entre marketineros y politólogos: el relato. Es necesario hacer un relato de la oportunidad de cambio para la gente que representa tales candidaturas o del peligro que significa para cada uno de los habitantes determinada oferta electoral.
El relato no es contar una historia porque –nuevamente según los entendidos en la materia– el electorado no recuerda los hechos, sino tiene una percepción de los mismos. Cuando tiene que recordarlos tampoco tiene una versión de la percepción exacta, sino que recuerda la versión editada de su propia percepción, para lo cual entraron a tallar sus emociones actuales y anteriores y cada vez que debe recordarlos lo hace sobre la recreación de sus últimas ediciones.
Es en esta dirección que se “justifican” (para sus propios intereses) las adquisiciones de medios, el copamiento de programas dentro de los medios, la contaminación de las redes con medias verdades o mentiras completas y el alquiler o compra de conciencias en el gremio de la comunicación.
El cerebro vs. el corazón y el estómago
La ciudadanía independiente y la oposición tienen en sus manos una ristra de riesgo-país para construir un relato capaz de ganar el cerebro que ordene las reacciones emotivas y el cálculo cortoplasista del estómago, así como el oficialismo tiene un relato construido sobre la base de una supuesta oportunidad de seguir creciendo, cuando que en realidad en cuatro años con la duplicación de nuestra deuda externa no aportó beneficios colectivos y, por ende, representa un peligro.
Si nadie acepta el reto de enfrentar la oferta llena de emoticones y prebendas con un relato dirigido a advertir al cerebro sobre los riesgos de una propuesta engañosa, vamos camino a otros cinco años más de lo mismo.
Resumen de la nota anterior
Para enfrentar al sistema político cargado de corrupción y exclusión es necesario vencer a dos enemigos poderosos: el prebendarismo estatal y la inamovilidad ciudadana. Un experto internacional sostiene que no es imposible terminar con estos vicios de la política si los actores políticos se decidieran a reactivar el sistema de captar adherentes mediante el contacto personal y el diálogo permanente, además de construir un horizonte de esperanza para una vida mejor de las familias necesitadas. ¿Todos los políticos y ciudadanos con liderazgo social lo intentan? Creo que no.
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